Saturday, June 02, 2012

El vuelo del cisne tributario


El Presidente colombiano también estuvo de gira por Asia como el presidente Humala y en medio de su visita se filtró en la prensa el probable contenido de una reforma tributaria que el Ministerio de Hacienda colombiano estaba afinando. El punto más critico según el diario que publicó la noticia fue el intento de poner impuestos a la comida, es decir, IGV a los alimentos. Esto hizo que un grupo saliera vigorosamente en contra de la reforma.  Cosa curiosa porque muchas veces la oposición a los paquetes de reforma tributaria en realidad esconden las verdaderas intenciones de quienes se oponen. Es decir, es mucho más eficaz evitar todo el paquete de reforma tomando algún punto que pueda ser muy fácilmente cuestionable aunque los argumentos sean falaces.

En efecto, en la presentación del Ministerio de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, el ministro detalló que dicho aumento de impuestos a los alimentos sería compensado con subsidios focalizados en los estratos de más bajos ingresos. Con eso, el efecto quedaba totalmente neutralizado.

Pero eso no fue lo más importante de la presentación del Ministro Echeverry. A mi juicio, lo más interesante fue presentar que la intención de la reforma tributaria era corregir el hecho vergonzoso de que Colombia es la séptima economía más desigual del mundo. Esto es nada más que la combinación de una política tributaria que hace pagar pocos impuestos a quienes más tienen, y muchos a quienes menos tienen. Además, una política de gasto fiscal que ofrece privilegios excesivos a quienes más tienen en vez de focalizar el esfuerzo fiscal en atender a quienes menos tienen. La tarea se tenía que acometer en ambos frentes no sólo en lo tributario.

Lo otro que más me impactó de su presentación fue lo que motiva el título de esta columna. Lo usual en nuestros países es que se busca dar un régimen tributario especial a las pequeñas empresas. Y nos olvidamos que en realidad nadie debería querer que estas empresas se queden pequeñas. Por el contrario el objetivo debería ser que crezcan. El problema es que la diferencia que se establece es tan grande no sólo en tasas sino en obligaciones tributarias que ninguna de las empresas pequeñas que en efecto crecen sienten que crecer formalmente es casi misión imposible.

El Ministro dijo que la reforma tributaria incluiría una reforma del impuesto a la renta de las empresas que estuviese inspirada en como vuela el cisne y no como vuelan los pájaros más pequeños. Estos últimos apenas despegan tratan de tomar altura de manera casi vertical. Por el contrario, el cisne lentamente va tomando altura haciendo que la transición sea casi imperceptible. Eso es lo que quisiéramos para las empresas. Lo ideal sería que las empresas vayan creciendo y que vayan pagando más impuestos sin que esto sea algo traumático. Otra parte de la propuesta de reforma tributaria planteaba que la autoridad tributaria actuara como en beisbol. No se trata de castigar a la primera falta o error involuntario frente a la autoridad, sino más bien debería suponerse que hay buena voluntad de parte del contribuyente y sólo a la tercera oportunidad debería multarse al infractor. Evaluemos lo que otros países están haciendo ahora que estamos armando una reforma tributaria.

Publicado en El Comercio, Junio 2, 2012

Saturday, May 19, 2012

Los otros aranceles del subdesarrollo


Esta semana Colombia debió festejar el inicio del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, pero un criminal ataque terrorista contra un ex ministro fue la portada del dia. Después de una dura y prolongada negociación Colombia logró poner en marcha este tratado que explica buena parte de este boom que vive una economía que se estuvo preparando para este momento.

Sin embargo, y esto no es para aguar la fiesta aún más, lo cierto es que los países que buscan ser abiertos al mundo ya no son una minoría sino una mayoría y las ganancias por reducción de aranceles son mucho menores a las que años atrás podrían haberse obtenido.

Estos tratados sirven para que los consensos pro-apertura se vuelvan permanentes y eso es fundamental para la promoción de mayor inversión en nuestros países donde la estabilidad jurídica está tan mal tratada. Además, los tratados de libre comercio no sólo reducen aranceles sino que promueven mejores prácticas laborales, ambientales, entre otras cosas.

Pero el punto que quisiera hacer es que cada vez que logramos una meta hay que inmediatamente pensar en cual es la siguiente meta a alcanzar. A mi juicio, la siguiente meta está íntimamente ligada a temas de comercio, pues finalmente es otra forma de arancel. Me refiero a los costos de transporte. Un producto que debe pagar un alto arancel deja de ser competitivo y por eso no se comercializa en otros mercados. Un producto que para comercializarlo enfrenta unos costos elevados de transporte no llega a un precio que puede competir en los mercados de destino. Esos costos de transporte tienen el mismo impacto que un impuesto. Hacen menos competitivo el producto en el mercado de destino y por lo tanto desincentivan el comercio y reducen la inversión en dichos sectores.

Pero los costos de transporte no son igual de importantes para todos los productos. Lo que importa es el ratio precio a peso. Si el producto vale muy poco relativo a su peso, excesivos costos de transporte harán que dicho producto no pueda ser comercializado de manera rentable. Piensen en casi cualquier producto saliendo del VRAE. Es tan caro el transporte que salvo cosas como las drogas pueden ser suficientemente rentables para afrontar los enormes costos de transporte.

Los gobiernos de la región necesitan iniciar en serio un programa de puesta a punto de nuestra infraestructura para reducir significativamente esos costos de transporte. Uno de los resultados que muestra la experiencia internacional es que los países que tienen altos costos de transporte no pueden diversificar su oferta. Termina siendo un freno importante a algo que es fundamental para no sólo mejorar nuestro desarrollo sino hacerlo menos volátil.  Dada nuestra oferta limitada oferta de productos (en términos relativos a los países desarrollados) hace falta un trabajo decidido para impulsar la construcción de infraestructura necesaria para hacer rentables un sin fin de proyectos empresariales que hoy simplemente no es posible hacerlos.

Para la mayoría de los países de la región ya no es un problema de falta de recursos lo que impide que se cierren las brechas de infraestructura. Inversionistas interesados y recursos no faltan. Los gobiernos de la región no parecen estar a la altura del problema por ahora.

Publicado en El Comercio, Mayo 19, 2012

Saturday, May 05, 2012

Disciplina Fiscal, Credibilidad y Crecimiento


Imagine una familia con una deuda por pagar que es equivalente al doble de su ingreso anual total. En principio ese monto podría no ser problema. Por ejemplo, puede ser que la tasa a la cual crecen los ingresos de esa familia sea digamos 10% al año, con lo cual esa cifra no parece tan complicada de manejar porque esa familia duplica su nivel de ingreso cada siete años. Pero uno podría genuinamente preocuparse si nos dijeran que la tasa de interés que paga por esa deuda es cercana al 10%. Si fuera así más vale que los ingresos crezcan a velocidad similar o sino pronto la familia deberá 3 veces su ingreso anual.

También sería motivo de preocupación si el repago de esa deuda estuviera muy concentrado en el año actual o en el siguiente.  Otra razón para preocuparse sería si los gastos de esta familia superaran en mas del 10% sus ingresos, y dicha diferencia se financiaran con más deuda.

Esta discusión informal muestra los elementos centrales de un ejercicio estándar de sostenibilidad fiscal que los bancos de inversión hacen cotidianamente para evaluar la salud financiera de los países o de las empresas.

Este ejercicio muestra que tan dinámica debe ser una economía que parte de un cierto nivel de deuda para no enfrentar presiones excesivas de pago de sus obligaciones que lo fuercen a tomar acciones que pueden tener consecuencias exactamente opuestas a las previstas. Es decir los ajustes severos pueden reducir el ritmo de inversión y crecimiento y al final se termina recaudando menos y con una mayor presión por mayor financiamiento.

Si los miembros de esta familia que anda con problemas financieros se sienta a la mesa y deciden que lo mejor es que todos hagan ajustes en gastos y busquen otras formas de generar ingresos, uno estaría tentado a decir que pronto (aunque con sacrificio) estarán en una mucho mejor situación. Pero, ¿qué pasa si no hay coordinación y no todos cooperan? Entonces, el esfuerzo no es creíble y no sirve para mucho.

Hoy Europa cambia políticas y cambia líderes y a pesar de ello le falta caminar juntos en un decidido camino de salvación del proyecto de integración. Mientras menos hagan unos, los otros se verán forzados a adoptar políticas de austeridad que ninguna población esta dispuesta a tolerar.

Si una economía adopta ajustes fiscales es porque quiere demostrar que está decidida a reducir sus necesidades de financiamiento. Pero la prudencia fiscal no crea crecimiento si no hay la capacidad de que el mercado crea en que se está en un camino virtuoso. Si los mercados no creen en nuestras acciones nos exigirán más de lo que quisiéramos dar, incluso más de lo que es aconsejable.

A mi juicio Europa debe aceptar lo inaceptable y sorprender al mercado optando no por más recursos via impuestos sino por menor necesidad de financiamiento vía restructuración de la montaña de deuda en la cual están sentados. Economías como Grecia, Portugal o Italia no pueden salir de esta situación sólo con austeridad fiscal. Junto con ello tendrán que implementar programas agresivos para poner sus economías en forma para competir no sólo con Alemania sino con Asia. Otras economías como España y Francia eventualmente seguirán el mismo camino.  Europa tiene que construir este Pacto Fiscal si quiere que el esfuerzo de integración no termine mal.

Publicado en El Comercio Mayo 5, 2012 

Saturday, April 21, 2012

Buenas intenciones que empobrecen


Una idea que ha sido incuestionable en la región desde hace más de 3 décadas es la necesidad de las políticas sociales.  La justificación ha ido cambiando en el tiempo pero siempre ha habido forma de promoverla.  En un comienzo fue para aliviar los costos de los ajustes para salir de la inflación, luego el discurso fue más redistributivo, y ahora es la inclusión y la necesidad de fortalecer la democracia. Como fuere,  el mandato es que el presupuesto para políticas sociales debe ocupar un gran espacio en el presupuesto público.  

Santiago Levy, vicepresidente del BID, y padre del programa de transferencias condicionadas en México escribió hace unos años un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos aquellos que se ponen fajín ministerial. El libro se llama “Buenas intenciones y malos resultados” . El libro en una frase muestra cómo muchos gobiernos se equivocan completamente al adoptar políticas sociales sin preguntarse cuáles son las consecuencias en otros sectores de la economía de esas políticas que parecen tan bien intencionadas.  

Un ejemplo típico es la seguridad social. Estos programas nacieron en la región después de la posguerra (para los más jóvenes, después de la segunda guerra mundial). Era el boom de los sectores industriales en nuestros países y empezaban a ser más visibles en las ciudades las masas de trabajadores dependientes.  Europa continental ya había adoptado estas políticas varias décadas antes y era más que una conquista social una señal de progreso. En la mayoría de los países los trabajadores, las empresas, y el Estado pagaban de manera conjunta este beneficio que permitiría atender a una creciente masa de trabajadores. Hasta ahí las buenas intenciones.

El problema de esta decisión es que este beneficio no tenía el carácter universal a pesar de ser financiado (en parte) con impuestos que todos pagaban. Entonces, este beneficio aparentemente bien diseñado con el corazón pecaba de ser muy inequitativo. Se estaba redistribuyendo exactamente al revés de lo que uno quería.  Pero ese no era el único problema. Sin pensarlo mucho, el gobierno había establecido una diferencia entre el costo salarial de un trabajador formalmente empleado y uno informalmente empleado. Para la empresa de tamaño medio o pequeño se abría la posibilidad de querer contratar a esta persona de manera informal confiado en que los gobiernos pueden fiscalizar medianamente bien a las empresas grandes pero es casi imposible hacerlo a empresas más chicas.  Lo cierto es que ahora había un incentivo para demandar más trabajadores informales. Ese es un resultado que no lo quiere el Ministro de Economía, ni tampoco el de Trabajo o inclusive el de Salud.
Lo que corresponde es dar ese beneficio de manera universal pero financiarlo con impuestos generales. Hoy, los países de la región están muy lejos de este ideal. El financiamiento de muchos de estos programas está asociado a ser trabajador dependiente. Es decir, cada programa adicional hace más y delgado al sector formal. Es decir, se promueve la informalidad, las firmas más chicas y por tanto más improductivas.  ¿Están los gobiernos dispuestos a reducir significativamente el costo de ser formal? 

Las políticas sociales mal diseñadas terminan segmentando el mercado laboral, es decir, promoviendo informalidad y baja productividad. Como dice Levy, la informalidad cuesta, nos empobrece.

Publicado en El Comercio, Abril 21, 2012

Saturday, March 24, 2012

Premortem


Empezaré aclarando que esta columna no significa que proyecte mi próxima muerte  sino sobre el optimismo excesivo que muchas veces es un virus con efectos mortales en los empresarios, y en general en quienes toman decisiones. Esta columna es sobre proyectos que mueren. Mejor diremos sobre proyectos que fallan para quitarle el drama al asunto. En el fascinante libro de Daniel Kahneman que sigo leyendo con mucho entusiasmo (Thinking, fast and slow) el refiere a un trabajo junto con Gary Klein sobre algo que es muy común en los proyectos empresariales: el optimismo excesivo.
Cuando un empresario tiene una idea de un nuevo negocio lo más común que se encuentra en los estudios que se han hecho sobre el tema es que abunda el optimismo más allá de lo aconsejable.  La gente que emprende negocios cree que va a ser exitosa y no quiere escuchar que en promedio 70 por ciento de los nuevos negocios a los tres años habrán cerrado. Este exceso de optimismo hace que tomemos decisiones erradas. Nuestra condición de promotores de la iniciativa nos impide tener una mirada desapasionada de las proyecciones y nuestro entusiasmo prima sobre las dudas.  Para esta situación, estos dos autores proponen un ejercicio (el premortem) que es una suerte de ducha fría de realidad que puede evitar perder no sólo la ilusión de un buen negocio sino también los ahorros de una vida.
El ejercicio del premortem exige que los responsables del proyecto piensen en la decisión que se está a punto de tomar.  Deben suponer que ha pasado un año y en efecto la idea se puso en marcha pero fue un rotundo fracaso. Los responsables deben de escribir en 5 ó 10 minutos una pequeña historia sobre lo que ellos creen provocó el desastre. Es mucho mejor hacer un premortem que equivocarse en la realidad y hacer un postmortem donde se recojan las razones por las cuales el proyecto efectivamente no funcionó.
Este simple ejercicio sirve para hacer visibles algunos temores que más tiene pero no quiere hacer público para no ser el aguafiestas o parecer poco comprometido con la idea.  Además, rompe la marea incontenible que muchas veces representa una idea que madura dentro de un equipo, y donde las dudas iniciales no son aceptadas con tanta apertura y por lo tanto muchas quedan sin ser siquiera consideradas.
Así que ya sabe, la próxima vez que esté a punto de tomar una decisión empresarial importante o que un funcionario público acepte el diseño de una reforma, exija a su equipo hacer un premortem. Muchas de las ideas que surjan seguro servirán para mejorar el plan de negocios o la propuesta de política. Es común olvidarse que la competencia responderá, que la última línea del proyecto depende demasiado de una regulación que podría ser modificada, o que esa innovación dejó de serlo hace meses y no somos los únicos detrás de la misma idea.
Sea cual fuere la posible razón del anticipable fracaso de su proyecto sería mucho mejor enterarnos ahora y poder evitarlo pidiéndole a su equipo hacer un serio ejercicio de escribir un premortem, que luego escribir un postmortem con olor a autopsia de una idea que algún día pareció brillante, y con una billetera doliente.
Publicado en El Comercio, Marzo 24, 2012 

Saturday, March 10, 2012

La reforma incompleta

En pocos días el Ejecutivo cumplirá su promesa de entregarle al Congreso una propuesta de reforma del sistema de pensiones en el Perú. El diagnóstico es clarísimo. La mayoría de los trabajadores (7 de cada 10) no tienen acceso a una pensión luego de cumplir su edad de jubilación. Esto no es una falla del sistema privado o del sistema público de pensiones. Esto es una característica de nuestro mercado de trabajo. La gran mayoría de los trabajadores en el Perú no tienen empleos permanentes y formales durante toda su vida laboral. Esta baja frecuencia de cotizaciones hará que las pensiones sean bajas porque simplemente se ahorró poco y tarde. Frente a esto uno puede mirar los sistemas previsionales (privado y público) y darles con palo por múltiples razones. El punto que quiero quede meridianamente claro es que es inútil buscar ampliar la cobertura con pequeñas modificaciones a los actuales sistemas. Esos 7 de cada 10 trabajadores que hoy no tienen cobertura no se afiliarán mágicamente a algún sistema previsional aportando su plata. Si pensamos así es porque en realidad no estamos pensando. Es cierto que hay mucho espacio para mejorar lo que hoy tenemos en el sistema privado. Pero si el foco de la reforma se queda exclusivamente en el sistema privado estaremos dejando pasar como normal que más de la mitad de los actuales afiliados al sistema público al momento de jubilarse recibirán una notificación diciendo que no les corresponde pensión, pues no alcanzaron a tener suficientes años de aporte. Así como lo lee. Ese sistema es regresivo, pues con los aportes de personas de bajos ingresos se subsidia a otros de ingresos más altos o al menos más regulares. Si la reforma sólo se concentra en el sistema privado de pensiones será una reforma incompleta. Irrelevante para la gran mayoría de los trabajadores en el Perú y positiva para una minoría. Será un muy buen primer paso en mejorar el sistema que debería ser la base de cualquier reforma mayor. En el camino, se puede diseñar un sistema que ofrezca una protección mínima a aquellos que hoy no tienen nada. La responsabilidad de la política pública es pensar en el problema mayor, no sólo en el que se puede resolver. Publicado en El Comercio, Marzo 10, 2012

Saturday, February 25, 2012

Competitivos con y sin China

La versión miope y simplona de la gestión macroeconómica sugiere que basta ponerle velitas al buen viento que viene de China y basar nuestro crecimiento de la próxima década en ese factor. Claro, si China siguiera creciendo a tasas por encima de 5 por ciento, países como el Perú verán como el ingreso por habitante sigue una marcha frenética. Esto genera un riesgo de complacencia. ¿Para qué hacer algo más si así nos va estupendo? Sin embargo, son cada vez más las voces que advierten sobre la posibilidad de que China pronto encuentre que su modelo es insostenible y se vea forzado a aceptar un ajuste drástico que implicará una reducción abrupta en su crecimiento, y por consiguiente en el nuestro. ¿Qué hacer? Mejor dicho, qué hacer hoy para cuando eso suceda, pues esto eventualmente sucederá. Una primera forma de enfrentar este riesgo es mostrar la necesidad de empujar el carro de la competitividad. El MEF acaba de anunciar su nueva agenda en la materia, y en ella se establece con claridad siete pilares y se detallan, con responsables y plazos, 60 metas para hacer más competitiva la economía peruana. En esta visión se opta por mejorar el piso común para los empresarios. Si cumplimos las 60 metas, tendremos mejor infraestructura, será más fácil constituir una empresa, estaremos mejor integrados al mundo, etc. El problema con este enfoque es que sin duda estamos de acuerdo en los siete pilares, pero no es tan claro que las 60 metas tengan un retorno tan importante en el camino de ser más competitivos. No es que estas 60 acciones estén mal orientadas. Sin duda la economía andaría mejor si se alcanzaran al menos parcialmente dichas metas. Mi duda es si será suficiente esfuerzo si China deja de ser nuestro motor de crecimiento. Una manera diferente de plantear el problema es si sabemos hacia donde deberíamos ir como economía si China se detiene en seco. Cuando uno mira al mundo, observa que la flexibilidad de la economía norteamericana le permite a diferencia de la europea empezar a salir de la crisis. ¿Queremos saber el camino o estar seguros que tenemos los músculos para caminar a donde corresponda? Mientras discutimos vamos cumpliendo con la agenda planteada por el MEF, ¿no? Publicado en El Comercio, Febrero 24, 2012

Thursday, February 23, 2012

Obstáculos a la bancarización

El crédito (en todas sus modalidades) es una de las variables que ha crecido más en los últimos años. El ritmo ha sido tan alto que muchos sugieren que estamos en una burbuja inmobiliaria impulsada por financiamiento excesivo. Lo cierto es que en buena medida nos estamos recuperando de un largo período de poco crédito formal y por lo tanto hay mucho espacio para seguir creciendo. Sin embargo, este camino no ha estado libre de obstáculos. En realidad tanto del lado de la demanda como de la oferta hay muchas razones por las cuales dar (y tomar) crédito se hace difícil. Y si ahora está de moda hablar de inclusión, uno de esos espacios donde falta mucha inclusión es en la parte financiera. Empecemos por los factores de demanda que limitan el acceso a servicios financieros. Lo primero es que la gente en Perú tiene –en promedio- ingresos bajos y volátiles. Esto reduce el respaldo más importante para ser sujetos de crédito. Dar un crédito chico es caro respecto a un crédito grande. Si los ingresos son bajos, no sólo el riego de no pago es mayor sino que la operación es más costosa. Si hoy tengo un trabajo y mañana no, soy un sujeto de crédito más riesgoso. Por eso aún vemos tasas de interés que parecen altas. Lo segundo es que estos productos financieros no son fáciles de entender por la mayoría y eso hace que muchos prefieran no pisar este mercado. La mayoría no entiende como calculan las tasas, no sabe cuáles son las comisiones que si pueden cobrar, y no puede evaluar si lo que le conviene es un préstamo a 6 meses o a un año. Del lado de la oferta también hay piedras en el camino de la inclusión financiera. Lo más importante es que el futuro deudor no sabe cómo informarle de manera creíble a su potencial acreedor que es un buen cliente. Lo segundo es el balance de poder entre acreedor y deudor. Si el acreedor puede cobrarse cualquier deuda de manera muy fácil entonces no interesa el primer obstáculo y descuidará la evaluación de sus clientes porque siempre podrá cobrar sus deudas. Si el balance está del lado del deudor, entonces los acreedores sólo querrán protegerse y prestarán poco y caro. Por eso se necesita un buen balance y un Poder Judicial u otras instituciones (por ejemplo, la Defensoría del Cliente Financiero) para resolver potenciales conflictos de manera justa, clara y rápida. Hace unas semanas, Indecopi resolvió permitir que se compensen deudas y eso ayuda a ofrecer un mejor colateral, sobre todo para aquellos clientes chicos que tienen pocas cosas que ofrecer como colateral. Esta medida fortalece el proceso de inclusión financiera. El Perú tiene un ratio de crédito sobre PBI de 32 por ciento y debería estar en 40 por ciento. Estamos avanzando, pero miremos el tamaño y el costo del mercado informal de crédito para saber cuánto falta aún. Publicado en Economía sin Anestesia, Febrero, 2012