No hace falta ser congresista para que a uno, me incluyo en la lista, sienta cierta fascinación por tener capacidad para cambiar las cosas que percibe como inadecuadas. Obviamente que sentados en una curul cualquier persona siente que pasa a ser su obligación el tratar de desatar nudos, remover obstáculos y cosas por el estilo. El problema no está en estas buenas intenciones mezcladas o no con cierta vanidad. El problema está en que cualquier decisión que se exprese en una modificación de las normas que afecte a algún mercado específico pueden tener efectos inclusive totalmente opuestos a los motivaron la iniciativa legislativa. La razón simplemente puede estar en que la nueva ley no modifica los verdaderos incentivos que determinan lo que pasa en dicho mercado. Pongamos un ejemplo para explicar a lo que me refiero.
Imagínense que alguna autoridad está preocupada por la calidad del pan que se vende en las panaderías. Frente a esta preocupante situación que afecta a una enorme mayoría de la población dicha autoridad no se le ocurre mejor idea que exigir que cada panadería será visitada por un inspector al inicio de la jornada. De este modo, este inspector verificará el proceso y certificará que el pan de dicha panadería se hace de la manera que “la ley manda”. La autoridad se sentirá feliz de estar resolviendo el problema que a diario enfrentan las familias al tener que consumir un pan de mala calidad. ¿Dónde están los problemas que la ley añade en lugar de resolver? Para empezar uno debería preguntarse quién será el que cubra el costo de tremenda supervisión. En segundo lugar, este sistema de supervisión genera una renta al inspector quien podría verse incentivado a “negociar” con el dueño de cada panadería para que por una suma razonable el inspector otorgue el certificado de calidad sin que el establecimiento se lo merezca. Es más, de repente alguien saldría con la idea que se necesita además un grupo de supervisores de estos inspectores y así sucesivamente. Todo esto podría llevar a que el número de panaderías caiga, sea más difícil obtener un pan de calidad y que el precio sea mucho mayor al que podría ser dado que se están añadiendo costos de transacción innecesarios.
El mercado sin que el Estado o alguna bien intencionada autoridad haya hecho algo muchas veces ya impuso su voz. Aquellas panaderías que ofrecen productos de baja calidad serán desplazadas por aquellas que logran combinar una escala de producción suficientemente alta con buenos productos a un precio razonable. Es decir, los consumidores de un lado votan con su dinero sobre cuáles son las panaderías que ofrecen un mejor producto a un precio razonable. Por otro lado, son los empresarios que potencialmente podrían abrir nuevas panaderías los que al ver un mercado mal atendido podrían interesarse en sacar del mercado a los participantes más precarios.
De repente la verdadera causa de la baja calidad del pan que se vendía en nuestro ejemplo era la existencia de un control de precios, o que el Estado había impuesto trabas burocráticas a la apertura de nuevas panaderías. Por ejemplo, (1) no se puede abrir una panadería muy cerca de alguna ya existente, o (2) para abrir una panadería hay que gastar una suma enorme en certificados o trámites innecesarios. Es decir, el Estado puede reducir la capacidad de que sean las propias fuerzas del mercado las que actúen en beneficio del consumidor. Muchas veces más que nuevas leyes, se necesita menos trabas e inclusive algunos problemas se resuelven con menos leyes y más mercado.
Publicado en El Comercio, Septiembre 28, 2006
Mis opiniones sobre temas diversos sobre economía y política en el Perú y en el mundo.
Thursday, September 28, 2006
Thursday, September 21, 2006
Entre la austeridad y la eficiencia
El Presidente García ha querido marcar una enorme diferencia anunciando desde el inicio de su gestión una cruzada por la austeridad en el manejo de los recursos públicos. El anuncio de sueldos más bajos para si mismo, ministros, congresistas y demás funcionarios públicos ha caído muy bien en la población. Nadie duda que había excesos y muchos trabajadores con remuneraciones por encima de lo que realmente debían ganar. Sin embargo, es difícil justificar que ciertos cargos de la administración deban tener sueldos cuyo límite sea no ganar más que el presidente. Ejemplo de ello es la dificultad que tuvo el gobierno en encontrar Presidente del Banco Central. ¿Cuánto vale tener un buen defensor de la estabilidad monetaria? ¿Así es como se va a consolidar la búsqueda del grado de inversión?
Entre los aspectos positivos del nuevo presupuesto destacan: (1) la voluntad de cumplir la Ley de Prudencia y Transparencia en su versión con sanciones; (2) el mayor peso que tendrá la inversión pública dentro del total del presupuesto, ojalá que esto no venga con un SNIP light; y (3) el compromiso de no aprobar nuevas exoneraciones, es decir, la de Puno fue la última. Aunque esto último parece que se está diluyendo.
Entre los aspectos negativos figuran: (1) las exoneraciones tributarias lejos de haberse reducido han aumentado y sobrepasan el 2% del PBI. Es decir, recaudamos 14.1% pero regalamos 2%; (2) el Ministro no quiere romper la tradición de que cualquier impuesto temporal es en realidad permanente, para muestra se quedan el ITF, el punto extra del IGV y el ITAN, ¿en qué momento la palabra empeñada del Estado valdrá algo? ¿por qué tenemos otra vez déficit fiscal si el ITF iba a ampliar la base tributaria? ¿o es que hemos gastado ingresos que no debimos?; (3) el Congreso redujo sueldos, gastos operativos y asesores pero su presupuesto será mayor que el de este año, ¿alguien puede explicar esto?.
La discusión más de fondo -que la empezó el ministro Carranza- sobre la forma como encaramos el ejercicio de armar un presupuesto se ha postergado. El señaló que su objetivo era cambiar la forma como se elabora el presupuesto público. Por algo ya se empezó pues hace unos días recibimos un pedido para analizar como se puede implementar el presupuesto por resultados en el Perú. Esto es algo fundamental. El SNIP de alguna manera filtra los malos proyectos de inversión pública pero hay muchísimo gasto corriente en la forma de programas y proyectos que no pasan por el SNIP pero que tampoco tienen una evaluación previa y ex post que permita saber si esos fondos deberían volver a asignarse al año siguiente.
Un segundo tema de fondo es el permanente uso de créditos suplementarios. Un funcionario de la Dirección de Presupuesto de Chile me decía que ellos no tenían ningún crédito suplementario. Crédito suplementario es una forma elegante de decir plata extra que entra, plata extra que gasto. Obviamente, pedir que eso se ahorre porque en realidad son ingresos extraordinarios es como firmar nuestra carta pase al Hospital Larco Herrera.
Publicado en El Comercio, Setiembre 21, 2006
Entre los aspectos positivos del nuevo presupuesto destacan: (1) la voluntad de cumplir la Ley de Prudencia y Transparencia en su versión con sanciones; (2) el mayor peso que tendrá la inversión pública dentro del total del presupuesto, ojalá que esto no venga con un SNIP light; y (3) el compromiso de no aprobar nuevas exoneraciones, es decir, la de Puno fue la última. Aunque esto último parece que se está diluyendo.
Entre los aspectos negativos figuran: (1) las exoneraciones tributarias lejos de haberse reducido han aumentado y sobrepasan el 2% del PBI. Es decir, recaudamos 14.1% pero regalamos 2%; (2) el Ministro no quiere romper la tradición de que cualquier impuesto temporal es en realidad permanente, para muestra se quedan el ITF, el punto extra del IGV y el ITAN, ¿en qué momento la palabra empeñada del Estado valdrá algo? ¿por qué tenemos otra vez déficit fiscal si el ITF iba a ampliar la base tributaria? ¿o es que hemos gastado ingresos que no debimos?; (3) el Congreso redujo sueldos, gastos operativos y asesores pero su presupuesto será mayor que el de este año, ¿alguien puede explicar esto?.
La discusión más de fondo -que la empezó el ministro Carranza- sobre la forma como encaramos el ejercicio de armar un presupuesto se ha postergado. El señaló que su objetivo era cambiar la forma como se elabora el presupuesto público. Por algo ya se empezó pues hace unos días recibimos un pedido para analizar como se puede implementar el presupuesto por resultados en el Perú. Esto es algo fundamental. El SNIP de alguna manera filtra los malos proyectos de inversión pública pero hay muchísimo gasto corriente en la forma de programas y proyectos que no pasan por el SNIP pero que tampoco tienen una evaluación previa y ex post que permita saber si esos fondos deberían volver a asignarse al año siguiente.
Un segundo tema de fondo es el permanente uso de créditos suplementarios. Un funcionario de la Dirección de Presupuesto de Chile me decía que ellos no tenían ningún crédito suplementario. Crédito suplementario es una forma elegante de decir plata extra que entra, plata extra que gasto. Obviamente, pedir que eso se ahorre porque en realidad son ingresos extraordinarios es como firmar nuestra carta pase al Hospital Larco Herrera.
Publicado en El Comercio, Setiembre 21, 2006
Thursday, September 14, 2006
ITF: Adictos a la plata fácil
El Ministro de Economía y su viceministro de Hacienda les toca estos meses defender el presupuesto. Entre las perlas a defender está la permanencia del Impuesto a las Transacciones Financieras. Este impuesto que nació temporal resultó ser una hierba mala que no hay quien la pode de forma definitiva. Los argumentos técnicos bajo los cuales se le dio vida fueron: (1) es un efectivo instrumento para reducir la evasión tributaria y (2) es un impuesto que recauda fácil en un momento de apremio fiscal. En esa época señalamos que si bien todo eso podía ser cierto no había que olvidarse que como cualquier impuesto tiene consecuencias no deseadas. La principal, sin duda, es reducir el tamaño del sistema financiero, pero sobre todo reducir la voluntad de participar en el sistema financiero pues este pasa a ser un instrumento de lucha contra la evasión. En este sentido, resulta por lo menos extraño que por un lado el Gobierno justifica que debe existir una exoneración tributaria para que los ahorristas no paguen impuesto a la renta pero a la vez el mismo Gobierno les pone un impuesto por hacer uso de esa cuenta de ahorros. ¿En qué quedamos, estamos promoviendo el mayor acceso al sistema financiero, o todo lo contrario? Lo invito a mirar su estado de cuenta y sumar lo que paga por ITF y lo que recibe por intereses. Le apuesto que usted es quien le paga al banco por tener sus ahorros guardados y no al revés.
Otra consecuencia tampoco deseada era que implicaba una penalización excesiva a aquellos sectores productivos que buscaban a través de la especialización una mayor eficiencia. Es decir, en lugar de que en una misma fábrica se produjeran los 40 insumos que se necesitaba para producir algo, lo lógico suele ser tener 40 proveedores especializados para cada insumo. Si integro todos esos procesos en la misma firma dejo de pagar ITF en cada una de las transacciones intermedias. En algunos sectores donde los márgenes comerciales son muy pequeños este efecto podría ser importante.
Los argumentos actuales para defender la permanencia del ITF ahora han abandonado lo técnico y han tomado un tono “progre”. Ahora se dice que como el TLC con los EEUU va a significar menores ingresos por menores aranceles (se olvidan a propósito el efecto de mayores importaciones en general y mayor IGV por mayor actividad económica) entonces “no les queda otra” que mantener muy a su pesar el odioso ITF. En el ínterin no hay hasta ahora ningún reporte oficial sobre lo que realmente ha logrado el ITF en términos de aumentar la base tributaria. Pero por lo visto hasta ahora parece que ningún congresista quiere aparecer como defensor de los ciudadanos que pagan impuestos. Parece que ninguno de ellos se acuerda que en la historia la institución del Congreso surgió como un mecanismo para evitar los abusos de los gobiernos que ponían los impuestos que les daba la gana para financiar sus aventuras militares. Hoy, se la gastan en otras cosas pero ningún congresista parece interesado en pedirle al gobierno que rinda cuentas de un instrumento que se creó con fines fiscalizadores y no de recaudación. Lo dije en el momento que crearon el ITF y lo vuelvo a repetir ahora: un ITF que recaude información puede tener una tasa de cero por ciento, sin ahuyentar el ahorro o promover la ineficiencia.
Quiero dejar para la próxima columna una evaluación más completa del proyecto de presupuesto que ha empezado a ser discutido en las comisiones del Congreso pero no quería dejar de señalar que a veces no se entiende que objetivo persiguen las autoridades. Aquí es claro que se necesita poner el acento sobre la verdadera labor fiscalizadora del Congreso. El Congreso (no éste, sino el anterior) votó a favor del ITF, ahora al actual le corresponde pedir cuentas sobre lo logrado y los efectos no deseados del adictivo ITF.
Publicado en El Comercio Septiembre 14, 2006
Otra consecuencia tampoco deseada era que implicaba una penalización excesiva a aquellos sectores productivos que buscaban a través de la especialización una mayor eficiencia. Es decir, en lugar de que en una misma fábrica se produjeran los 40 insumos que se necesitaba para producir algo, lo lógico suele ser tener 40 proveedores especializados para cada insumo. Si integro todos esos procesos en la misma firma dejo de pagar ITF en cada una de las transacciones intermedias. En algunos sectores donde los márgenes comerciales son muy pequeños este efecto podría ser importante.
Los argumentos actuales para defender la permanencia del ITF ahora han abandonado lo técnico y han tomado un tono “progre”. Ahora se dice que como el TLC con los EEUU va a significar menores ingresos por menores aranceles (se olvidan a propósito el efecto de mayores importaciones en general y mayor IGV por mayor actividad económica) entonces “no les queda otra” que mantener muy a su pesar el odioso ITF. En el ínterin no hay hasta ahora ningún reporte oficial sobre lo que realmente ha logrado el ITF en términos de aumentar la base tributaria. Pero por lo visto hasta ahora parece que ningún congresista quiere aparecer como defensor de los ciudadanos que pagan impuestos. Parece que ninguno de ellos se acuerda que en la historia la institución del Congreso surgió como un mecanismo para evitar los abusos de los gobiernos que ponían los impuestos que les daba la gana para financiar sus aventuras militares. Hoy, se la gastan en otras cosas pero ningún congresista parece interesado en pedirle al gobierno que rinda cuentas de un instrumento que se creó con fines fiscalizadores y no de recaudación. Lo dije en el momento que crearon el ITF y lo vuelvo a repetir ahora: un ITF que recaude información puede tener una tasa de cero por ciento, sin ahuyentar el ahorro o promover la ineficiencia.
Quiero dejar para la próxima columna una evaluación más completa del proyecto de presupuesto que ha empezado a ser discutido en las comisiones del Congreso pero no quería dejar de señalar que a veces no se entiende que objetivo persiguen las autoridades. Aquí es claro que se necesita poner el acento sobre la verdadera labor fiscalizadora del Congreso. El Congreso (no éste, sino el anterior) votó a favor del ITF, ahora al actual le corresponde pedir cuentas sobre lo logrado y los efectos no deseados del adictivo ITF.
Publicado en El Comercio Septiembre 14, 2006
Thursday, September 07, 2006
En busca del tiempo perdido
El otro día hacía números y me di cuenta que este año, salvo que nos pase el huracán Katrina por encima o algo así, la economía peruana llegará a su mayor nivel de PBI por habitante en toda su historia. Lo repito para que me crean: en toda su historia. El record anterior era el PBI per capita de 1975. Esto representa en términos futbolísticos a poder olvidarnos de los goles de Cubillas. A partir de ahora la comparación será si nuestro PBI per capita fue mayor que el del 2006, ya no ese lejano 1975. Asi es, hemos tardado 30 años sólo para llegar al mismo nivel. Esto debe servir de recuerdo sobre el costo de seguir malas políticas.
Y es que a partir de 1975 nos caímos de bruces una y otra vez. Los desequilibrios macroeconómicos que el gobierno del Gral. Velasco generó produjeron una primera crisis en 1975. Luego algunas palabras se instalaron por largo tiempo en nuestro lenguaje cotidiano: crisis económica, paquetazo, devaluación. Los cambios de ministro de economía se hicieron cada vez más frecuentes. Los distintos gobiernos nos repitieron hasta el hartazgo la secuencia de crisis económica, paquetazo, y otra vez crisis con distinta intensidad. Y así vivimos hasta comienzos de los noventa. Nadie puede negar que los noventa marcaron un quiebre fundamental con respecto a la forma como funcionaba nuestra economía. De repente aquellos puristas que quieren tirar al tacho la constitución de 1993 deberían repensar el efecto de un quiebre institucional tan drástico. La Constitución peruana ha durado en promedio sólo 15 años. Parece que algunos de nuestros congresistas están obsesionados con no aumentar ese triste promedio que muestra nuestra incapacidad de ponernos de acuerdo en las más básicas de todas las reglas básicas.
Si uno mira un poco más lejos, el Perú había sido capaz de crecer desde comienzos del siglo XX de manera sostenida aunque con breves interrupciones de uno o dos años de crisis en medio pero solo para luego seguir creciendo. Ese crecimiento que era lo más normal para una economía en desarrollo desapareció entre 1975 y 1990. Esos quince años perdimos un enorme trecho. No sólo fue el Perú sino América Latina en su conjunto redujo sostenidamente su participación en la economía mundial mientras Asia lo aumentó. Digo esto porque no es correcto lo que algunos señalan que en esa época a todo el mundo le fue mal. Eso no es cierto, la verdad de las cosas es que sólo a Africa le fue peor que a América Latina y ambos perdieron valioso tiempo en lograr acercarnos a las economías más desarrolladas.
Esta semana recibimos la buena noticia que una de las clasificadoras de riesgo nos ponía a un solo peldaño de ser el tercer país en la región en obtener la calificación de grado de inversión. Esto es sin duda el reflejo de haber reducido nuestra deuda como porcentaje del PBI, nuestro enorme colchón de reservas internacionales. Aún falta mucho para conseguir dicho grado de inversión y sobre todo para mantenerlo. Recuerden que hasta hace unos años Uruguay también era grado de inversión y lo perdió en medio de la crisis económica argentina. Lo perdió porque no pudo diversificar sus riesgos macroeconómicos y porque era una economía demasiado dolarizada. Por eso es saludable que el MEF haya puesto en el Marco Macroeconómico que una de sus metas es llegar al 2011 con un grado de dolarización de sólo 40%. En realidad, el mayor reto es lograr crecer sin volver a tener que dilapidar 30 años para darnos cuenta que ese no era el camino del desarrollo.
Publicado en El Comercio, Setiembre 7, 2006
Y es que a partir de 1975 nos caímos de bruces una y otra vez. Los desequilibrios macroeconómicos que el gobierno del Gral. Velasco generó produjeron una primera crisis en 1975. Luego algunas palabras se instalaron por largo tiempo en nuestro lenguaje cotidiano: crisis económica, paquetazo, devaluación. Los cambios de ministro de economía se hicieron cada vez más frecuentes. Los distintos gobiernos nos repitieron hasta el hartazgo la secuencia de crisis económica, paquetazo, y otra vez crisis con distinta intensidad. Y así vivimos hasta comienzos de los noventa. Nadie puede negar que los noventa marcaron un quiebre fundamental con respecto a la forma como funcionaba nuestra economía. De repente aquellos puristas que quieren tirar al tacho la constitución de 1993 deberían repensar el efecto de un quiebre institucional tan drástico. La Constitución peruana ha durado en promedio sólo 15 años. Parece que algunos de nuestros congresistas están obsesionados con no aumentar ese triste promedio que muestra nuestra incapacidad de ponernos de acuerdo en las más básicas de todas las reglas básicas.
Si uno mira un poco más lejos, el Perú había sido capaz de crecer desde comienzos del siglo XX de manera sostenida aunque con breves interrupciones de uno o dos años de crisis en medio pero solo para luego seguir creciendo. Ese crecimiento que era lo más normal para una economía en desarrollo desapareció entre 1975 y 1990. Esos quince años perdimos un enorme trecho. No sólo fue el Perú sino América Latina en su conjunto redujo sostenidamente su participación en la economía mundial mientras Asia lo aumentó. Digo esto porque no es correcto lo que algunos señalan que en esa época a todo el mundo le fue mal. Eso no es cierto, la verdad de las cosas es que sólo a Africa le fue peor que a América Latina y ambos perdieron valioso tiempo en lograr acercarnos a las economías más desarrolladas.
Esta semana recibimos la buena noticia que una de las clasificadoras de riesgo nos ponía a un solo peldaño de ser el tercer país en la región en obtener la calificación de grado de inversión. Esto es sin duda el reflejo de haber reducido nuestra deuda como porcentaje del PBI, nuestro enorme colchón de reservas internacionales. Aún falta mucho para conseguir dicho grado de inversión y sobre todo para mantenerlo. Recuerden que hasta hace unos años Uruguay también era grado de inversión y lo perdió en medio de la crisis económica argentina. Lo perdió porque no pudo diversificar sus riesgos macroeconómicos y porque era una economía demasiado dolarizada. Por eso es saludable que el MEF haya puesto en el Marco Macroeconómico que una de sus metas es llegar al 2011 con un grado de dolarización de sólo 40%. En realidad, el mayor reto es lograr crecer sin volver a tener que dilapidar 30 años para darnos cuenta que ese no era el camino del desarrollo.
Publicado en El Comercio, Setiembre 7, 2006
Thursday, August 31, 2006
Buen Gobierno
James Madison, el padre de la Constitución norteamericana, decía que un buen gobierno implica dos cosas: (1) ser fiel al objetivo de ser gobierno que es lograr la felicidad de la población, y (2) el conocimiento de cómo conseguir dicho objetivo. En una palabra un gobierno eficaz. Hasta aquí la cuestión parece simple pero los líos empiezan porque en cada decisión hay dos lados en potencial conflicto. En cada decisión hay potenciales ganadores y perdedores. Eso no significa que la solución no pueda ser una en la que todos se sientan ganadores. De manera simétrica, hay algunas soluciones en las que todos son perdedores.
Pongamos dos ejemplos para entendernos mejor. El primero es el depósito de basura que a algún inteligente se le ocurrió autorizar construir al lado de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Iquitos. Esto ha impedido que dicho aeropuerto sea utilizado por las mañanas pues digamos que los gallinazos están almorzando y no les gusta ser interrumpidos por los ruidos molestos de los aviones. A la tarde hacen la siesta y ahí los aviones pueden aterrizar sin correr el riesgo que uno de estas aves se incruste en el motor. El viceministro de Turismo parece que ha llegado a un arreglo para corregir la situación y con ello evitar que la economía de Iquitos pierda más de 6 millones de dólares. Felicito esta iniciativa porque resultaba casi increíble que el gobierno se limitara a restringir más y más los vuelos como solución a un problema que sin duda no pasaba por abrir la temporada de caza de gallinazos o cambiar de nombre al aeropuerto.
Resolviendo este problema ganan las aerolíneas, los operadores turísticos, la propia comunidad de Iquitos que verá intensificado el flujo de turistas y las autoridades que podrán ponerse una condecoración por la gestión realizada. Ni siquiera perderán los gallinazos pues los reubicarán. Ellos se mudarán con chancherías incluidas a un nuevo relleno sanitario.
El segundo ejemplo es el tema minero. Muchos han aplaudido la exitosa gestión del premier en conseguir una platita extra para la lucha contra la exclusión social, nada menos que algo cerca de los 2,500 millones de soles. Muchos dicen que esta es la mejor solución dentro de muchísimas peores propuestas. Si bien puede ser cierto que había muchísimas ideas disparatadas creo que eso no hace a esta solución una buena solución. Aparentemente este aporte ha sido aceptado para evitar que el Congreso promueva modificaciones en la legislación tributaria como un nuevo impuesto a las sobreganancias, o modificaciones a la ley de regalías mineras. Claramente ninguna de esas iniciativas pasará de dicha condición si es que el partido aprista no inclina la balanza. En ese sentido, los mineros pueden haber comprado suficiente respaldo para que ninguna modificación significativa sea aprobada en el Congreso.
Pero quizás el objetivo real del aporte era servir de freno a la anticipable ola de protestas sociales a la cual se quisieran sumar más de un dirigente ansioso de sentirse en olor de multitud. Los recientes eventos en Cajamarca no son una buena señal de que la solución esté bien encaminada. ¿Se sienten ganadores los futuros beneficiaros de estos aportes? ¿Se sienten que el Gobierno está velando por su felicidad como decía Madison? ¿Están los mineros satisfechos con la solución? ¿Si alguien me llama a preguntar si esta solución elimina el riesgo que un nuevo proyecto minero se pueda frustrar por un potencial conflicto social, qué le debo responder?
Creo que hubiese sido muy positivo si de esta negociación tuviéramos al menos mayor claridad con respecto a cual va a ser el futuro de los contratos de estabilidad tributaria, y sobre cual va a ser el conjunto de normas tributarias que un nuevo emprendimiento minero debería esperar cumplir. Hoy no sabemos que pasará el 2009 cuando el primer contrato de estabilidad finalice ni tampoco que impuestos pagarán en dicho momento.
Publicado en El Comercio, Agosto 31, 2006
Pongamos dos ejemplos para entendernos mejor. El primero es el depósito de basura que a algún inteligente se le ocurrió autorizar construir al lado de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Iquitos. Esto ha impedido que dicho aeropuerto sea utilizado por las mañanas pues digamos que los gallinazos están almorzando y no les gusta ser interrumpidos por los ruidos molestos de los aviones. A la tarde hacen la siesta y ahí los aviones pueden aterrizar sin correr el riesgo que uno de estas aves se incruste en el motor. El viceministro de Turismo parece que ha llegado a un arreglo para corregir la situación y con ello evitar que la economía de Iquitos pierda más de 6 millones de dólares. Felicito esta iniciativa porque resultaba casi increíble que el gobierno se limitara a restringir más y más los vuelos como solución a un problema que sin duda no pasaba por abrir la temporada de caza de gallinazos o cambiar de nombre al aeropuerto.
Resolviendo este problema ganan las aerolíneas, los operadores turísticos, la propia comunidad de Iquitos que verá intensificado el flujo de turistas y las autoridades que podrán ponerse una condecoración por la gestión realizada. Ni siquiera perderán los gallinazos pues los reubicarán. Ellos se mudarán con chancherías incluidas a un nuevo relleno sanitario.
El segundo ejemplo es el tema minero. Muchos han aplaudido la exitosa gestión del premier en conseguir una platita extra para la lucha contra la exclusión social, nada menos que algo cerca de los 2,500 millones de soles. Muchos dicen que esta es la mejor solución dentro de muchísimas peores propuestas. Si bien puede ser cierto que había muchísimas ideas disparatadas creo que eso no hace a esta solución una buena solución. Aparentemente este aporte ha sido aceptado para evitar que el Congreso promueva modificaciones en la legislación tributaria como un nuevo impuesto a las sobreganancias, o modificaciones a la ley de regalías mineras. Claramente ninguna de esas iniciativas pasará de dicha condición si es que el partido aprista no inclina la balanza. En ese sentido, los mineros pueden haber comprado suficiente respaldo para que ninguna modificación significativa sea aprobada en el Congreso.
Pero quizás el objetivo real del aporte era servir de freno a la anticipable ola de protestas sociales a la cual se quisieran sumar más de un dirigente ansioso de sentirse en olor de multitud. Los recientes eventos en Cajamarca no son una buena señal de que la solución esté bien encaminada. ¿Se sienten ganadores los futuros beneficiaros de estos aportes? ¿Se sienten que el Gobierno está velando por su felicidad como decía Madison? ¿Están los mineros satisfechos con la solución? ¿Si alguien me llama a preguntar si esta solución elimina el riesgo que un nuevo proyecto minero se pueda frustrar por un potencial conflicto social, qué le debo responder?
Creo que hubiese sido muy positivo si de esta negociación tuviéramos al menos mayor claridad con respecto a cual va a ser el futuro de los contratos de estabilidad tributaria, y sobre cual va a ser el conjunto de normas tributarias que un nuevo emprendimiento minero debería esperar cumplir. Hoy no sabemos que pasará el 2009 cuando el primer contrato de estabilidad finalice ni tampoco que impuestos pagarán en dicho momento.
Publicado en El Comercio, Agosto 31, 2006
Thursday, August 24, 2006
Las piezas de un TLC interno
A estas alturas el mejor resultado del proceso de negociación del TLC con los EEUU es que está claro para todos que firmar un TLC o cien está bien pero no basta. Es decir, este proceso ha permitido poner en el centro del debate que falta complementar el TLC con otras políticas públicas para que el crecimiento económico sea una buena noticia para la mayoría de peruanos y no para una delgada minoría de la población.
Creo que para todos es claro que no basta con abrir las puertas a mayores mercados potenciales a nuestros empresarios. No basta porque aún internamente hay enormes diferencias entre nuestros empresarios que hacen que el resultado predecible de una estrategia que sólo privilegie la firma de acuerdos comerciales sea un mayor crecimiento de la economía y una peor distribución del ingreso. Quiero ser enfático en señalar que no creo que el impacto probable sea mayor pobreza sino una peor distribución del ingreso. Es decir, va a haber una mayor distancia entre ricos y pobres. Basta mirar a Chile y ahí veremos exactamente ese resultado. Lo mismo está pasando en India, China o México. Dichas economías están creciendo con gran dinamismo pero en el camino no todos se benefician en igual proporción. Igualmente creo que es un error pretender que el resultado debería ser una sustancial mejora en la distribución de ingresos. Pero creo que si deberíamos pretender que el resultado sea al menos una disminución significativa de la pobreza en el Perú.
Pensemos en las razones porqué a un gran número de firmas y familias el TLC les puede pasar por encima, es decir, pasar inadvertido. Para simplificar a estas firmas casi todo les cuesta más, por variadas razones. Por ejemplo, ser una firma pequeña es ineficiente porque los costos administrativos son una mayor proporción de sus ventas. Es más, una firma pequeña enfrenta una cuesta arriba muy empinada si tiene que cumplir cientos de restricciones para operar bajo la ley. Sin embargo, muchas de estas firmas prefieren permanecer pequeñas buscando mantener el negocio familiar preocupados de que asociarse con otros implica un riesgo patrimonial muy alto de deliberar disputas en un Poder Judicial que puede ser arbitrario e impredecible. Entonces prefieren mantenerse cerradas y pequeñas porque pueden perder soga y cabra en el proceso de abrirse al capital de otros y crecer. Asimismo, las firmas más pequeñas tienen que actuar asumiendo que el resto de condiciones están dadas. Ellas no pueden dedicar recursos a mejorar la infraestructura que necesitan para producir, mientras que empresas grandes si pueden negociar el tendido de la línea de electricidad que falta o construir directamente el tramo de la carretera que se necesita.
En general, las piezas del TLC interno son esfuerzos por emparejar el piso en muchos aspectos entre los que destacaría un acceso más barato a la formalidad y un Poder Judicial que no implique una ruleta rusa y que permita asociarse. Es significativo que lo que más destaca en la comparación regional es que los peruanos señalan que no confían entre si. Si nuestras empresas pequeñas no pueden aspirar a asociarse difícilmente podrán crecer y aprovechar la oportunidad que significa el mayor acceso a nuevos mercados.
Publicado en El Comercio Agosto 24, 2006
Creo que para todos es claro que no basta con abrir las puertas a mayores mercados potenciales a nuestros empresarios. No basta porque aún internamente hay enormes diferencias entre nuestros empresarios que hacen que el resultado predecible de una estrategia que sólo privilegie la firma de acuerdos comerciales sea un mayor crecimiento de la economía y una peor distribución del ingreso. Quiero ser enfático en señalar que no creo que el impacto probable sea mayor pobreza sino una peor distribución del ingreso. Es decir, va a haber una mayor distancia entre ricos y pobres. Basta mirar a Chile y ahí veremos exactamente ese resultado. Lo mismo está pasando en India, China o México. Dichas economías están creciendo con gran dinamismo pero en el camino no todos se benefician en igual proporción. Igualmente creo que es un error pretender que el resultado debería ser una sustancial mejora en la distribución de ingresos. Pero creo que si deberíamos pretender que el resultado sea al menos una disminución significativa de la pobreza en el Perú.
Pensemos en las razones porqué a un gran número de firmas y familias el TLC les puede pasar por encima, es decir, pasar inadvertido. Para simplificar a estas firmas casi todo les cuesta más, por variadas razones. Por ejemplo, ser una firma pequeña es ineficiente porque los costos administrativos son una mayor proporción de sus ventas. Es más, una firma pequeña enfrenta una cuesta arriba muy empinada si tiene que cumplir cientos de restricciones para operar bajo la ley. Sin embargo, muchas de estas firmas prefieren permanecer pequeñas buscando mantener el negocio familiar preocupados de que asociarse con otros implica un riesgo patrimonial muy alto de deliberar disputas en un Poder Judicial que puede ser arbitrario e impredecible. Entonces prefieren mantenerse cerradas y pequeñas porque pueden perder soga y cabra en el proceso de abrirse al capital de otros y crecer. Asimismo, las firmas más pequeñas tienen que actuar asumiendo que el resto de condiciones están dadas. Ellas no pueden dedicar recursos a mejorar la infraestructura que necesitan para producir, mientras que empresas grandes si pueden negociar el tendido de la línea de electricidad que falta o construir directamente el tramo de la carretera que se necesita.
En general, las piezas del TLC interno son esfuerzos por emparejar el piso en muchos aspectos entre los que destacaría un acceso más barato a la formalidad y un Poder Judicial que no implique una ruleta rusa y que permita asociarse. Es significativo que lo que más destaca en la comparación regional es que los peruanos señalan que no confían entre si. Si nuestras empresas pequeñas no pueden aspirar a asociarse difícilmente podrán crecer y aprovechar la oportunidad que significa el mayor acceso a nuevos mercados.
Publicado en El Comercio Agosto 24, 2006
Thursday, August 17, 2006
¿Cupo voluntario o negociado?
En la búsqueda de reengancharse con el pueblo el gobierno entrante ha tenido la infeliz idea de solicitar un aporte voluntario a las empresas mineras. La justificación de esta medida ha sido transparente. Dado que las empresas mineras están teniendo utilidades extraordinarias por los igualmente extraordinarios precios de los minerales, el gobierno considera que dichas empresas deberían ponerse una mano en el pecho y la otra en la billetera y colaborar con un aporte para el desarrollo de dichas zonas. Déjenme explicar porqué digo que esto es una pésima idea.
Para empezar dado que se ha planteado una negociación entre gobierno y empresas la idea de un aporte voluntario está fuera de discusión. Aquí de lo que se está hablando es de un secuestro al paso donde el gobierno en nombre del desarrollo de los pueblos olvidados negocia una suma para dejar libre al rehén. Dejando de lado los formalismos, el problema como en todo secuestro es que nadie te garantiza que porque pagues una vez no vuelvas a pagar otra vez. ¿Qué pasa si a los políticos les parece poco lo que se aporta bajo presión? ¿Vamos a tener una segunda negociación? ¿Van a pedir que intervenga la iglesia o la Defensoría? ¿Qué pasa si lo que aportan no tiene el impacto previsto? ¿Vamos a empezar a atacar los campamentos mineros reclamando efectividad en el gasto? ¿Qué va a pasar el próximo año con menores –pero aún altos- precios internacionales? ¿Vamos a tener una nueva negociación?
Las empresas mineras y sus directivos no son avestruces con la cabeza enterrada en el socavón. Saben perfectamente que tienen que tener un rol en el desarrollo social de las zonas en las que están trabajando. Es más, todas las empresas tienen en menor o mayor medida programas con recursos destinados para esos fines. ¿Qué van a hacer ahora? ¿Van a dejar de gastar en estos programas porque ahora están siendo “forzadas” a colaborar voluntariamente? ¿Cuál va a ser la posición de aquellas empresas que han sido más activas en buscar una mejor integración con la población aledaña?
Los demás empresarios exitosos deberían empezar a preocuparse porque si la justificación es que lo que se paga en impuestos a las utilidades es muy poco entonces los exitosos agroexportadores o los productores de pisco de exportación o algún chef famoso todos están en los planes de esta banda de secuestradores al paso. Si el gobierno considera que lo que se paga en impuestos es muy poco, o que sí deberíamos tener un impuesto a las sobreganancias o reformular la ley de regalías debería proponerlo de frente y no con mecanismos que dejan a las empresas como los enemigos de las poblaciones, cuando la realidad es que el Estado es muchas veces el que no cumple su rol y a la población no le queda otra que apoyarse en una organización que si funciona como la empresa minera. Si el gobierno realmente quiere defender el estado de derecho debería buscar hacer los cambios en el marco regulatorio que vea por conveniente respetando lo ya firmado. El rol del Estado es hacer cumplir o cambiar las normas, no así el promover arreglos extralegales.
Publicado en El Comercio, Agosto 17, 2006
Para empezar dado que se ha planteado una negociación entre gobierno y empresas la idea de un aporte voluntario está fuera de discusión. Aquí de lo que se está hablando es de un secuestro al paso donde el gobierno en nombre del desarrollo de los pueblos olvidados negocia una suma para dejar libre al rehén. Dejando de lado los formalismos, el problema como en todo secuestro es que nadie te garantiza que porque pagues una vez no vuelvas a pagar otra vez. ¿Qué pasa si a los políticos les parece poco lo que se aporta bajo presión? ¿Vamos a tener una segunda negociación? ¿Van a pedir que intervenga la iglesia o la Defensoría? ¿Qué pasa si lo que aportan no tiene el impacto previsto? ¿Vamos a empezar a atacar los campamentos mineros reclamando efectividad en el gasto? ¿Qué va a pasar el próximo año con menores –pero aún altos- precios internacionales? ¿Vamos a tener una nueva negociación?
Las empresas mineras y sus directivos no son avestruces con la cabeza enterrada en el socavón. Saben perfectamente que tienen que tener un rol en el desarrollo social de las zonas en las que están trabajando. Es más, todas las empresas tienen en menor o mayor medida programas con recursos destinados para esos fines. ¿Qué van a hacer ahora? ¿Van a dejar de gastar en estos programas porque ahora están siendo “forzadas” a colaborar voluntariamente? ¿Cuál va a ser la posición de aquellas empresas que han sido más activas en buscar una mejor integración con la población aledaña?
Los demás empresarios exitosos deberían empezar a preocuparse porque si la justificación es que lo que se paga en impuestos a las utilidades es muy poco entonces los exitosos agroexportadores o los productores de pisco de exportación o algún chef famoso todos están en los planes de esta banda de secuestradores al paso. Si el gobierno considera que lo que se paga en impuestos es muy poco, o que sí deberíamos tener un impuesto a las sobreganancias o reformular la ley de regalías debería proponerlo de frente y no con mecanismos que dejan a las empresas como los enemigos de las poblaciones, cuando la realidad es que el Estado es muchas veces el que no cumple su rol y a la población no le queda otra que apoyarse en una organización que si funciona como la empresa minera. Si el gobierno realmente quiere defender el estado de derecho debería buscar hacer los cambios en el marco regulatorio que vea por conveniente respetando lo ya firmado. El rol del Estado es hacer cumplir o cambiar las normas, no así el promover arreglos extralegales.
Publicado en El Comercio, Agosto 17, 2006
Wednesday, August 16, 2006
Tres metas para el próximo gobierno
Con Toledo bastaron unos pocos días en Palacio para declararlo nuestro enemigo publico numero uno. Es cierto que el ahora ex presidente se las ingenió para ser odiado y repudiado por la mayoría de peruanos. Tengo grabado en mi memoria su frase a los pocos días de empezar su administración: “la verdad que yo pensé que gobernar era mas difícil”. En fin, lo cierto es que esa animadversión nubló lo que debería ser una práctica más cotidiana, desapasionada y meditada de la ciudadanía. Deberíamos poder pedirle metas concretas al gobierno entrante y verificar permanentemente su efectivo cumplimiento. No hablo de las promesas de hacer el puente aquí o la Universidad allá sino de una serie de objetivos a los que cualquier gobierno debería enfocar sus esfuerzos.
Lo fundamental es que quisiéramos que los próximos cinco años no sean años dedicados a temas menores como si el presidente saca los pies del plato, o si algunos de sus hijos se pasa de copas en una fiesta. Queremos que los próximos años los esfuerzos estén dedicados a afianzar la promesa que el Perú puede salir efectivamente del subdesarrollo. Esto suena quimérico pero muchas naciones subdesarrolladas en el mundo se transformaron en apenas 30 años.
La primera meta que debe tener el próximo gobierno es trabajar para acercar los dos Perú que viven a veces de espaldas uno al otro. Las brechas existentes en materia de salud, de educación, en acceso a servicios básicos entre el mundo rural y el urbano son un obstáculo para que el Perú piense seriamente en salir del subdesarrollo. No solo estos otros peruanos no tienen los mismos servicios que nosotros sino que la calidad de los mismos no es igual a la recibida por los que tenemos acceso a leer este diario.
La segunda meta es que no se trata únicamente de un juego de redistribución sino de crecer. No se trata de gastar allá en lugar de acá, o de pagar menos a unos cuantos servidores públicos para que el presupuesto alcance. Baratos son los frijoles y no los competentes profesionales con los que he tenido la oportunidad de trabajar en lugares como el MEF o el Mincetur. Hace falta hilar fino si no se quiere desarticular la capacidad operativa del Estado. El próximo gobierno debe lograr avanzar en la primera meta permitiendo que la economía crezca sin que se pierda la tan preciada estabilidad macroeconómica. Nadie más que el propio presidente García quisiera cerrar su mandato con una inflación dentro del rango previsto por el BCRP, con un déficit en línea con lo establecido en la Ley de Responsabilidad y Prudencia Fiscal.
Una tercera meta es hacer todo esto manteniendo la democracia, promoviendo que los peruanos seamos capaces de tomar más en serio a la política por lo menos más que nuestros propios políticos. El gobierno entrante tiene –aunque le moleste- la obligación de enseñar con el ejemplo. Por lo pronto el espectáculo del Congreso entrante no es un buen augurio. Saludemos con entusiasmo al nuevo gobierno y estemos dispuestos a ayudar, apoyar con espíritu constructivo no con revanchismo antiperuano. Que no sea verdad eso que me dicen cuando estoy afuera que el peor enemigo de un peruano es otro peruano. Feliz 28 a todos.
Publicado en El Comercio, Agosto 3, 2006
Lo fundamental es que quisiéramos que los próximos cinco años no sean años dedicados a temas menores como si el presidente saca los pies del plato, o si algunos de sus hijos se pasa de copas en una fiesta. Queremos que los próximos años los esfuerzos estén dedicados a afianzar la promesa que el Perú puede salir efectivamente del subdesarrollo. Esto suena quimérico pero muchas naciones subdesarrolladas en el mundo se transformaron en apenas 30 años.
La primera meta que debe tener el próximo gobierno es trabajar para acercar los dos Perú que viven a veces de espaldas uno al otro. Las brechas existentes en materia de salud, de educación, en acceso a servicios básicos entre el mundo rural y el urbano son un obstáculo para que el Perú piense seriamente en salir del subdesarrollo. No solo estos otros peruanos no tienen los mismos servicios que nosotros sino que la calidad de los mismos no es igual a la recibida por los que tenemos acceso a leer este diario.
La segunda meta es que no se trata únicamente de un juego de redistribución sino de crecer. No se trata de gastar allá en lugar de acá, o de pagar menos a unos cuantos servidores públicos para que el presupuesto alcance. Baratos son los frijoles y no los competentes profesionales con los que he tenido la oportunidad de trabajar en lugares como el MEF o el Mincetur. Hace falta hilar fino si no se quiere desarticular la capacidad operativa del Estado. El próximo gobierno debe lograr avanzar en la primera meta permitiendo que la economía crezca sin que se pierda la tan preciada estabilidad macroeconómica. Nadie más que el propio presidente García quisiera cerrar su mandato con una inflación dentro del rango previsto por el BCRP, con un déficit en línea con lo establecido en la Ley de Responsabilidad y Prudencia Fiscal.
Una tercera meta es hacer todo esto manteniendo la democracia, promoviendo que los peruanos seamos capaces de tomar más en serio a la política por lo menos más que nuestros propios políticos. El gobierno entrante tiene –aunque le moleste- la obligación de enseñar con el ejemplo. Por lo pronto el espectáculo del Congreso entrante no es un buen augurio. Saludemos con entusiasmo al nuevo gobierno y estemos dispuestos a ayudar, apoyar con espíritu constructivo no con revanchismo antiperuano. Que no sea verdad eso que me dicen cuando estoy afuera que el peor enemigo de un peruano es otro peruano. Feliz 28 a todos.
Publicado en El Comercio, Agosto 3, 2006
Desarrollo por decreto
En las conversaciones que tenía con analistas extranjeros sobre los riesgos que implicaba el retorno del Presidente García siempre señalaba su excesivo voluntarismo. Es decir, el querer lograr ciertos resultados a través de la acción del Estado. El segundo de los riesgos era su predominio sobre la agenda de políticas. Es decir, que en lugar de que sean los ministros los que fijen el norte, terminaban ellos respondiendo a las iniciativas presidenciales. Nadie niega las buenas intenciones pero muchas veces los instrumentos escogidos terminan siendo soluciones incorrectas o inclusive contraproducentes. Digo esto por dos temas que el gobierno entrante ha escogido como prioritarios en su agenda. El aporte voluntario a las mineras y las exoneraciones tributarias a Puno.
El actual gobierno está sentado en medio del boom de inversión privada más grande de la última década. Sin embargo, pensando en que el crecimiento debe ser compartido para ser sostenible el gobierno actual ha optado por buscar -más pronto que tarde- cómo hacer para que eso efectivamente suceda. En lugar de preocuparse de rápidamente cerrar el tema del aporte extraordinario de los mineros el gobierno ahora parece sumido en un fuego cruzado de justificar que va a hacer con los recursos, cual es la forma de pago y qué tipo de aporte se debería dar cuando a las mineras les vaya mal. ¿O no va a haber simetría? ¿Alguien se ha puesto a pensar en cuántos más ingresos tributarios podríamos estar generando si en lugar de estar metiendo la mano en los bolsillos de los mineros estilo Robin Hood- nos preocupáramos de que haya un mayor interés de nuevas inversiones?
Por otro lado, pienso en la justificación que se ha dado para darle la exoneración a Puno y quedo confundido. Se ha dicho que Puno necesita esa exoneración para que se instalen industrias que generen puestos de trabajo en Puno. OK. Puede ser que a punta de exoneración logremos producir camionetas 4x4 en Puno pero no creo que esa razón sea suficiente para que tenga sentido económico. ¿Si me va a costar producir más que importarlas tiene sentido que gaste los recursos públicos en eso? Se necesita que el Estado haga intervenciones costo-efectivas. Es decir, buenas, bonitas y baratas.
Puede que exagere con el tema de las 4x4, pero ¿alguien realmente cree que el desarrollo de Puno pasa por reducir el costo de producir lo que sea en 10 o 20 por ciento? Para empezar se necesita un mercado interesado en comprar lo que ahí se produzca. Además, esto abre la puerta a preguntar que tiene Puno que no tenga Apurimac o Ucayali. ¿Por qué a ellos no les toca su exoneración?
No quiero terminar sin decir que así como le reclamamos al Congreso que no apruebe leyes sin presentar un análisis costo beneficio aquí falta que el Ministro de Economía presente a la ciudadanía cuánto nos va a costar la exoneración a Puno y qué resultados espera conseguir. ¿Cómo se entiende que debemos apoyar esta nueva exoneración mientras que el MEF ha iniciado una cruzada –que yo apoyo- para la eliminación de aquellas exoneraciones que no han tenido mayor impacto? Ojalá el presidente del Consejo de Ministros aproveche su presentación en el Congreso para aclarar estas dudas. No creo que este gabinete crea que el desarrollo se logra por decreto.
Publicado en El Comercio, Agosto 10, 2006
El actual gobierno está sentado en medio del boom de inversión privada más grande de la última década. Sin embargo, pensando en que el crecimiento debe ser compartido para ser sostenible el gobierno actual ha optado por buscar -más pronto que tarde- cómo hacer para que eso efectivamente suceda. En lugar de preocuparse de rápidamente cerrar el tema del aporte extraordinario de los mineros el gobierno ahora parece sumido en un fuego cruzado de justificar que va a hacer con los recursos, cual es la forma de pago y qué tipo de aporte se debería dar cuando a las mineras les vaya mal. ¿O no va a haber simetría? ¿Alguien se ha puesto a pensar en cuántos más ingresos tributarios podríamos estar generando si en lugar de estar metiendo la mano en los bolsillos de los mineros estilo Robin Hood- nos preocupáramos de que haya un mayor interés de nuevas inversiones?
Por otro lado, pienso en la justificación que se ha dado para darle la exoneración a Puno y quedo confundido. Se ha dicho que Puno necesita esa exoneración para que se instalen industrias que generen puestos de trabajo en Puno. OK. Puede ser que a punta de exoneración logremos producir camionetas 4x4 en Puno pero no creo que esa razón sea suficiente para que tenga sentido económico. ¿Si me va a costar producir más que importarlas tiene sentido que gaste los recursos públicos en eso? Se necesita que el Estado haga intervenciones costo-efectivas. Es decir, buenas, bonitas y baratas.
Puede que exagere con el tema de las 4x4, pero ¿alguien realmente cree que el desarrollo de Puno pasa por reducir el costo de producir lo que sea en 10 o 20 por ciento? Para empezar se necesita un mercado interesado en comprar lo que ahí se produzca. Además, esto abre la puerta a preguntar que tiene Puno que no tenga Apurimac o Ucayali. ¿Por qué a ellos no les toca su exoneración?
No quiero terminar sin decir que así como le reclamamos al Congreso que no apruebe leyes sin presentar un análisis costo beneficio aquí falta que el Ministro de Economía presente a la ciudadanía cuánto nos va a costar la exoneración a Puno y qué resultados espera conseguir. ¿Cómo se entiende que debemos apoyar esta nueva exoneración mientras que el MEF ha iniciado una cruzada –que yo apoyo- para la eliminación de aquellas exoneraciones que no han tenido mayor impacto? Ojalá el presidente del Consejo de Ministros aproveche su presentación en el Congreso para aclarar estas dudas. No creo que este gabinete crea que el desarrollo se logra por decreto.
Publicado en El Comercio, Agosto 10, 2006
Thursday, July 20, 2006
El principal enemigo de Alan
La suerte de un gobierno sin duda depende en alguna medida de la suerte en general. Las cifras de aprobación de este gobierno que ya le queda una semana serían radicalmente distintas si la economía mundial estuviera en recesión. Sin embargo, China volvió a crecer por encima de 10 por ciento, y eso que sus autoridades estaban tratando de frenar la economía. Obviamente, la suerte no lo es todo, también hay errores y aciertos de la propia gestión. La última semana -como para despedirse- el Congreso nos dejó la supuesta Ley de Modernización de PetroPerú, gracias a la cual, nuestros legisladores entienden que modernizar la empresa más grande del Perú implica liberarla de cualquier control y supervisión de parte de los verdaderos dueños de la empresa, es decir, nosotros los ciudadanos. Nosotros le confiamos al Ejecutivo a través del Fonafe la vigilancia de las decisiones que tomen los directivos de PetroPerú. Asimismo, el “maldito” SNIP sirve para que a algunas mentes brillantes -temporalmente- a cargo de la empresa no se les ocurra invertir recursos tremendamente escasos en sueños de opio o en delirios de grandeza. PetroPerú no es Petrobras o PEMEX.
Ayer me preguntaban sobre cómo hacer para impedir que cosas así pasen, cómo hacer para poner “candados antipopulismo”. La verdad de las cosas es que para eso están el SNIP, Fonafe, los portales de transparencia informativa, la obligación que exige a todas las iniciativas legislativas a incluir un análisis costo-beneficio, etc. Ese es exactamente su rol. Si el Congreso decide voluntariamente ignorar todos estos mecanismos con el supuesto pretexto de que así tendremos una empresa más moderna, lo único que podemos hacer los ciudadanos es exigir que deroguen la ley que acaban de promulgar. Algunos plantean sacarle la vuelta a la ley aprobada a través de un decreto de urgencia. No podemos estar reparando los daños hechos con la lógica de un taller informal de mecánica. Como el auto no tiene aire acondicionado que tal si le adapto un ventilador de techo, pero eso sí va a tener que manejar agachado... Así no es. Si el contenido de la ley es perjudicial para el país, qué sentido tiene mantener su vigencia.
En ese sentido, cabe preguntarse en qué estaba pensando la bancada aprista cuando votó a favor de esta iniciativa. Sin duda, sin sus votos esta iniciativa jamás hubiera pasado. La bancada aprista ha tenido un rol clave en este gobierno. Cuando la bancada de Perú Posible era la fuente de iniciativas desafortunadas que tuvieron que ser observadas por el Ejecutivo, fue gracias a la bancada aprista que no se insistió en ellas. ¿Quién va a jugar ese papel en el próximo gobierno si el culpable de los torpedos legislativos es la propia bancada aprista? ¿Lo que queda del humalismo? ¿La unida bancada de Unidad Nacional? Ya veremos que es lo que efectivamente pasa, pero sin duda uno de los principales potenciales enemigos del esfuerzo del presidente García por mantener el Perú por una senda de crecimiento y mayor inclusión es su propio partido. Obviamente que no podemos comparar la disciplina partidaria de los de la estrella con el resto de agrupaciones, pero una cosa es cuando se gobierna y otra cuando están en la oposición.
Publicado en El Comercio, Julio 20, 2006
Ayer me preguntaban sobre cómo hacer para impedir que cosas así pasen, cómo hacer para poner “candados antipopulismo”. La verdad de las cosas es que para eso están el SNIP, Fonafe, los portales de transparencia informativa, la obligación que exige a todas las iniciativas legislativas a incluir un análisis costo-beneficio, etc. Ese es exactamente su rol. Si el Congreso decide voluntariamente ignorar todos estos mecanismos con el supuesto pretexto de que así tendremos una empresa más moderna, lo único que podemos hacer los ciudadanos es exigir que deroguen la ley que acaban de promulgar. Algunos plantean sacarle la vuelta a la ley aprobada a través de un decreto de urgencia. No podemos estar reparando los daños hechos con la lógica de un taller informal de mecánica. Como el auto no tiene aire acondicionado que tal si le adapto un ventilador de techo, pero eso sí va a tener que manejar agachado... Así no es. Si el contenido de la ley es perjudicial para el país, qué sentido tiene mantener su vigencia.
En ese sentido, cabe preguntarse en qué estaba pensando la bancada aprista cuando votó a favor de esta iniciativa. Sin duda, sin sus votos esta iniciativa jamás hubiera pasado. La bancada aprista ha tenido un rol clave en este gobierno. Cuando la bancada de Perú Posible era la fuente de iniciativas desafortunadas que tuvieron que ser observadas por el Ejecutivo, fue gracias a la bancada aprista que no se insistió en ellas. ¿Quién va a jugar ese papel en el próximo gobierno si el culpable de los torpedos legislativos es la propia bancada aprista? ¿Lo que queda del humalismo? ¿La unida bancada de Unidad Nacional? Ya veremos que es lo que efectivamente pasa, pero sin duda uno de los principales potenciales enemigos del esfuerzo del presidente García por mantener el Perú por una senda de crecimiento y mayor inclusión es su propio partido. Obviamente que no podemos comparar la disciplina partidaria de los de la estrella con el resto de agrupaciones, pero una cosa es cuando se gobierna y otra cuando están en la oposición.
Publicado en El Comercio, Julio 20, 2006
Thursday, July 13, 2006
La basura debajo de la alfombra
Imagínese que usted quiere que una entidad financiera le otorgue un crédito. Para que ello suceda dicha entidad le pedirá cierta información para complementar la información que se almacena sobre el conjunto de personas y empresas que ya están registrados. En el Perú hay un registro público que lo maneja la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS) y un registro privado que es operado independientemente por empresas que se conocen como Centrales Privadas de Información de Riesgo. Lo curioso de nuestro esquema es que no todas las entidades que conforman el sistema financiero tienen toda la información existente en estas centrales de información y no todas tienen acceso al registro público de la SBS.
Esto en economía es un típico ejemplo de asimetría de información. La persona que está sentada frente al mostrador tiene más información que aquel que está sentado detrás del mismo. Es decir, la entidad financiera no sabe que tan buen pagador es este potencial cliente. Lo más razonable sería que estas entidades financieras conocieran la posición global de cada potencial cliente con todo el sistema financiero. De esta manera se reducirían los problemas de asignar créditos a clientes que no deberían recibirlos.
Piensen como actuarían ustedes si no tuviesen toda la información necesaria para clasificar a ese potencial cliente que está sentado frente a ustedes pidiendo un crédito. Lo lógico sería hacerlo pagar por el riesgo que involucra prestarle. Es decir, mientras más riesgoso me parezca, ya sea porque conozco quien es o porque no conozco quien es, la tasa de interés que le voy a exigir que pague será mayor. La única opción para este individuo será alegar con mayor información que él si es un buen pagador y por lo tanto se merece una tasa de interés más baja.
El verdadero rol de las centrales de información de riesgo es permitirle a los clientes del sistema financiero construir su reputación y exigir que se les cobre en función a ella. Si se opta por esconder esta información arbitrariamente, las entidades financieras jugarán por lo seguro exigiendo una tasa de interés más alta, no vaya a ser que uno sea un mal pagador.
Sin embargo, esta semana el pleno del Congreso aprobó que las centrales privadas de información de riesgos sólo incluyan en sus bases de datos la información referida exclusivamente a deudas en el último año, siempre y cuando estas deudas superen los 102 soles. Hasta hace unos años, se incluían los datos de los últimos cinco años pero el Congreso lo redujo a solo dos años. Es decir, el Congreso sigue creyendo en la política de que la mejor estrategia para proveer de mayor crédito y a mejores tasas a la población es permitirle a los malos deudores esconder la basura bajo la alfombra. ¿Habrá hecho el Congreso una evaluación de su anterior medida para actuar de esta manera? ¿O es que nuestros legisladores siguen creyendo que la información no tiene valor y es la única opción para que las entidades financieras actúen con mayor equidad?
Publicado en El Comercio, Julio 13, 2006
Esto en economía es un típico ejemplo de asimetría de información. La persona que está sentada frente al mostrador tiene más información que aquel que está sentado detrás del mismo. Es decir, la entidad financiera no sabe que tan buen pagador es este potencial cliente. Lo más razonable sería que estas entidades financieras conocieran la posición global de cada potencial cliente con todo el sistema financiero. De esta manera se reducirían los problemas de asignar créditos a clientes que no deberían recibirlos.
Piensen como actuarían ustedes si no tuviesen toda la información necesaria para clasificar a ese potencial cliente que está sentado frente a ustedes pidiendo un crédito. Lo lógico sería hacerlo pagar por el riesgo que involucra prestarle. Es decir, mientras más riesgoso me parezca, ya sea porque conozco quien es o porque no conozco quien es, la tasa de interés que le voy a exigir que pague será mayor. La única opción para este individuo será alegar con mayor información que él si es un buen pagador y por lo tanto se merece una tasa de interés más baja.
El verdadero rol de las centrales de información de riesgo es permitirle a los clientes del sistema financiero construir su reputación y exigir que se les cobre en función a ella. Si se opta por esconder esta información arbitrariamente, las entidades financieras jugarán por lo seguro exigiendo una tasa de interés más alta, no vaya a ser que uno sea un mal pagador.
Sin embargo, esta semana el pleno del Congreso aprobó que las centrales privadas de información de riesgos sólo incluyan en sus bases de datos la información referida exclusivamente a deudas en el último año, siempre y cuando estas deudas superen los 102 soles. Hasta hace unos años, se incluían los datos de los últimos cinco años pero el Congreso lo redujo a solo dos años. Es decir, el Congreso sigue creyendo en la política de que la mejor estrategia para proveer de mayor crédito y a mejores tasas a la población es permitirle a los malos deudores esconder la basura bajo la alfombra. ¿Habrá hecho el Congreso una evaluación de su anterior medida para actuar de esta manera? ¿O es que nuestros legisladores siguen creyendo que la información no tiene valor y es la única opción para que las entidades financieras actúen con mayor equidad?
Publicado en El Comercio, Julio 13, 2006
Thursday, July 06, 2006
¿Se dejan bombas de tiempo?
Esta discusión sobre si el gobierno de Toledo deja o no bombas de tiempo es realmente inútil. La última vez que miré el Perú seguía siendo un país subdesarrollado y por lo tanto lo que tenemos es una larguísima lista de temas no resueltos en temas tan diversos como educación, impuestos, o medio ambiente. Como muchas de las peleas, esta discusión áspera entre el gobierno entrante y el saliente se origina porque se dicen muchas cosas literalmente falsas, se dicen medias verdades y sobre todo porque no se define cual es realmente el punto en discusión.
Según mi modesto entender una bomba de tiempo es un tema coyuntural (no estructural) el cual no ha querido ser resuelto por propia decisión o indecisión del Ejecutivo. Además, tiene que cumplir con el requisito que la falta de solución de dicho tema provocará que la siguiente administración se vea forzada a darle una solución abrupta, y por lo tanto, no necesariamente la mejor. Es un tema que no podrá ser ignorado pues inevitablemente, como cualquier bomba que se respete, explotará.
Dada esta definición hay una larga lista de temas no resueltos que son simplemente eso: temas no resueltos por cada uno de los gobiernos que pasaron y dejaron pasar el tema. Algunos pueden sonar a escándalo pero no es que vayan a explotar. Es cierto que uno debería indignarse que chicos que van a escuelas públicas no puedan entender lo que leen pero ¿eso lo vuelve una bomba de tiempo? En todo caso es una bomba que hace tiempo explota todos los días en la capacidad de generación de ingresos de esas familias. Como lo ha mostrado el jefe del INEI hace unos días hay varios lugares en nuestro territorio que hace años son los más pobres y siguen siéndolo a pesar de todo el crecimiento acumulado.
Recordemos que muchas de las políticas pasan por una combinación de voluntades entre el Ejecutivo y el Legislativo. El Ejecutivo puede proponer una reforma muy interesante, bien pensada, discutida, con todos los números impecables pero esta puede naufragar si el Congreso no pone de su parte, y viceversa.
En la medida que maduremos políticamente nuestras discusiones serán cada vez con menos fuegos artificiales, con más números y menos adjetivos. Lo cierto es que el gobierno aprista tiene una brillante oportunidad para seguir reduciendo la pobreza en el país, para seguir ampliando las oportunidades para que más peruanos salgan del subdesarrollo y la marginación. La tarea no depende sólo del APRA sino de todos, oposición incluida. Seamos conscientes que si al gobierno entrante le va bien aun tendremos una larga lista de temas no resueltos que ojalá podamos haberlos movido a la categoría de problemas en camino de ser resueltos. El reto es no evitar los temas políticamente complejos, sino buscar de consolidar procesos de reforma bien diseñadas, discutidas y consensuadas. Para eso han sido elegidos, y no sólo para seguir pasando la posta al que viene. ¡Todos a trabajar!
Publicado en El Comercio Julio 6, 2006
Según mi modesto entender una bomba de tiempo es un tema coyuntural (no estructural) el cual no ha querido ser resuelto por propia decisión o indecisión del Ejecutivo. Además, tiene que cumplir con el requisito que la falta de solución de dicho tema provocará que la siguiente administración se vea forzada a darle una solución abrupta, y por lo tanto, no necesariamente la mejor. Es un tema que no podrá ser ignorado pues inevitablemente, como cualquier bomba que se respete, explotará.
Dada esta definición hay una larga lista de temas no resueltos que son simplemente eso: temas no resueltos por cada uno de los gobiernos que pasaron y dejaron pasar el tema. Algunos pueden sonar a escándalo pero no es que vayan a explotar. Es cierto que uno debería indignarse que chicos que van a escuelas públicas no puedan entender lo que leen pero ¿eso lo vuelve una bomba de tiempo? En todo caso es una bomba que hace tiempo explota todos los días en la capacidad de generación de ingresos de esas familias. Como lo ha mostrado el jefe del INEI hace unos días hay varios lugares en nuestro territorio que hace años son los más pobres y siguen siéndolo a pesar de todo el crecimiento acumulado.
Recordemos que muchas de las políticas pasan por una combinación de voluntades entre el Ejecutivo y el Legislativo. El Ejecutivo puede proponer una reforma muy interesante, bien pensada, discutida, con todos los números impecables pero esta puede naufragar si el Congreso no pone de su parte, y viceversa.
En la medida que maduremos políticamente nuestras discusiones serán cada vez con menos fuegos artificiales, con más números y menos adjetivos. Lo cierto es que el gobierno aprista tiene una brillante oportunidad para seguir reduciendo la pobreza en el país, para seguir ampliando las oportunidades para que más peruanos salgan del subdesarrollo y la marginación. La tarea no depende sólo del APRA sino de todos, oposición incluida. Seamos conscientes que si al gobierno entrante le va bien aun tendremos una larga lista de temas no resueltos que ojalá podamos haberlos movido a la categoría de problemas en camino de ser resueltos. El reto es no evitar los temas políticamente complejos, sino buscar de consolidar procesos de reforma bien diseñadas, discutidas y consensuadas. Para eso han sido elegidos, y no sólo para seguir pasando la posta al que viene. ¡Todos a trabajar!
Publicado en El Comercio Julio 6, 2006
Thursday, June 29, 2006
Abriendo puertas sin patadas
Para aquellos insomnes como yo no hubo mejor cosa que ver anoche el largo debate en el pleno del Congreso previo a la aprobación del TLC con EEUU. La contundente votación a favor es una señal inequívoca de que la decisión política del Congreso respalda el esfuerzo de un gran grupo de funcionarios públicos que a lo largo de más de dos años impulsaron la búsqueda de un acuerdo comercial con EEUU. Esto marca un hito en nuestra política comercial. Si uno mira qué es lo que hicieron los pasados gobernantes en materia comercial encontrará una historia llena de marchas y contramarchas. Años de promoción de la apertura venían seguidos por años de cierre de nuestras fronteras, para luego ser reemplazados por una repetición de este ir y venir. En el camino, las empresas no encontraban más que problemas pues ante la ausencia de un rumbo fijo en nuestras decisiones comerciales era extremadamente complejo pensar en proyectos de largo aliento.
Los que estamos a favor de lo aprobado anoche y aplaudimos la decisión del Congreso hemos dicho más de una vez que esto no hace más que abrir puertas a un sinnúmero de oportunidades que deberán ser buscadas por el sector privado. Aquí no hay negocio seguro. No es que los gringos van a empezar a servir pisco de la noche a la mañana en sus fiestas. Nada más falso. Lo único que se ha logrado es tener un acceso preferencial. Y en eso no estamos solos. Ese acceso ya lo tienen México y Canadá con el NAFTA, lo tiene Centroamérica con el CAFTA y en esta semana nos hemos enterado que antes que nosotros el Congreso americano tiene que discutir el caso de Omán y después de nosotros viene Vietnam. En ese sentido es urgente que el próximo gobierno continúe lo logrado hasta ayer. Uno de los grandes beneficios de la negociación pero en especial de la discusión del TLC con los EEUU es que hoy somos mucho más conscientes de cuales son nuestras debilidades más allá de la firma o no este TLC o de futuros TLC. En ese sentido, este debate de meses ha servido para que todas las fuerzas políticas empiecen a cambiar sus discursos y los alineen en función de lo que efectivamente sirve para superar la pobreza en el país.
No puedo dejar de criticar las patadas y las formas de los congresistas electos de UPP que irrumpieron en el Congreso frustrados porque no pudieron hacer su marcha anti-TLC previo al debate legislativo. Para ellos no importa que más del 70 por ciento de la población esté a favor, no importa que existen formas democráticas que deben ser respetadas. En realidad parecen no entender que sencillamente perdieron la elección y por lo tanto ellos no gobiernan. En lugar de buscar tener una posición más constructiva optaron por hacer su marcha en el hemiciclo con patadas incluidas. Lamentable espectáculo.
Termino diciendo que los logros más importantes del gobierno del Presidente Toledo si bien son fruto de iniciativas del Ejecutivo no hubieran sido posibles sin el apoyo de un Congreso que ayer se comportó a la altura de las circunstancias. Este es sin duda un gran primer paso, falta muchísimo más para hacer y ojalá que los sucesos de ayer no impidan que el siguiente Congreso permita realizar grandes cambios a favor de la mayoría de los peruanos.
Publicado en El Comercio Junio 29, 2006
Los que estamos a favor de lo aprobado anoche y aplaudimos la decisión del Congreso hemos dicho más de una vez que esto no hace más que abrir puertas a un sinnúmero de oportunidades que deberán ser buscadas por el sector privado. Aquí no hay negocio seguro. No es que los gringos van a empezar a servir pisco de la noche a la mañana en sus fiestas. Nada más falso. Lo único que se ha logrado es tener un acceso preferencial. Y en eso no estamos solos. Ese acceso ya lo tienen México y Canadá con el NAFTA, lo tiene Centroamérica con el CAFTA y en esta semana nos hemos enterado que antes que nosotros el Congreso americano tiene que discutir el caso de Omán y después de nosotros viene Vietnam. En ese sentido es urgente que el próximo gobierno continúe lo logrado hasta ayer. Uno de los grandes beneficios de la negociación pero en especial de la discusión del TLC con los EEUU es que hoy somos mucho más conscientes de cuales son nuestras debilidades más allá de la firma o no este TLC o de futuros TLC. En ese sentido, este debate de meses ha servido para que todas las fuerzas políticas empiecen a cambiar sus discursos y los alineen en función de lo que efectivamente sirve para superar la pobreza en el país.
No puedo dejar de criticar las patadas y las formas de los congresistas electos de UPP que irrumpieron en el Congreso frustrados porque no pudieron hacer su marcha anti-TLC previo al debate legislativo. Para ellos no importa que más del 70 por ciento de la población esté a favor, no importa que existen formas democráticas que deben ser respetadas. En realidad parecen no entender que sencillamente perdieron la elección y por lo tanto ellos no gobiernan. En lugar de buscar tener una posición más constructiva optaron por hacer su marcha en el hemiciclo con patadas incluidas. Lamentable espectáculo.
Termino diciendo que los logros más importantes del gobierno del Presidente Toledo si bien son fruto de iniciativas del Ejecutivo no hubieran sido posibles sin el apoyo de un Congreso que ayer se comportó a la altura de las circunstancias. Este es sin duda un gran primer paso, falta muchísimo más para hacer y ojalá que los sucesos de ayer no impidan que el siguiente Congreso permita realizar grandes cambios a favor de la mayoría de los peruanos.
Publicado en El Comercio Junio 29, 2006
Thursday, June 22, 2006
Paraguas para cuando no llueva
Tanto a nivel personal como del país no hay nada más difícil que actuar con previsión. ¿Cuántos nos hacemos un chequeo general sin que tengamos que hacerlo obligados por las circunstancias? Seguro que sólo una muy pequeña y neurótica minoría de nosotros. La semana pasada les comentaba sobre la necesidad de que nuestra política fiscal deje de ser un fuente de amplificación del ciclo económico. Es decir, que haga las expansiones más elevadas y las recesiones más profundas. Este diagnóstico no es nuevo, y las actuales autoridades conocen el problema pero es poco lo que se ha hecho.
Es innegable que el temor que recorre los mercados internacionales es una súbita desaceleración del crecimiento global ya sea en EEUU o por una combinación que incluye a China y el resto de Asia. Ese menor crecimiento traerá como consecuencia una menor demanda por nuestros commodities (minerales) y por lo tanto una reducción en los precios record que se han registrado este año. Parte de esta historia ya se está observando. Hace meses el oro, el cobre, el zinc y otros commodities registraron sus niveles record. Hoy todos están de bajada y se anticipan mayores reducciones. Para nadie es un secreto que las arcas fiscales sentirán el impacto de esta reducción en los precios de los minerales que exportamos de la misma forma como han gozado de los años de buenos precios. La participación de la recaudación minera pasó de ser sólo 5 por ciento del total de la recaudación a casi el 20 por ciento. Estos números no son poca cosa. Enfrentar una caída de más de 10 por ciento de los ingresos fiscales no es fácil administrar, menos aún cuando a nuestros países se nos suele cerrar las puertas del endeudamiento externo en los momentos en que más los necesitamos.
¿Qué clase de paraguas se puede comprar cuando dejan de llover buenos precios para nuestras exportaciones? Una opción es la versión frugal de la política fiscal. Es decir, ahorrar los dineros extras en lugar de gastarlos conscientes que luego vendrán momentos de necesidad. Para ello se puede actuar obligando a las autoridades a actuar de esa manera por ley. Es decir, incluir en la ley de prudencia fiscal -en lugar de la ignorada regla de que el gasto puede aumentar no más de 3 por ciento- que lo que se puede gastar sólo son aquellos ingresos que no son fruto de un ingreso temporal como por ejemplo unos buenos precios de nuestros metales. El problema de esta opción es que hace falta que el Estado quiera cumplir dicha ley. ¿Usted conoce a un político frugal?
Otra opción es utilizar el mercado de deuda. Para ello se podría emitir títulos de deuda cuya tasa de interés esté vinculada al valor de nuestras exportaciones, aunque también podría ser a nuestra tasa de crecimiento. De esa manera si al Perú le va mal automáticamente el fisco tiene un respiro por el lado del financiamiento pues el costo de atender los pagos de nuestra deuda se reducen. Ante una reducción temporal de los ingresos fiscales lo que generamos es una reducción automática en los gastos financieros. De la misma manera, si nuestra economía estuviese disfrutando años buenos, y por lo tanto ingresos fiscales temporalmente altos podríamos pagar mayores gastos financieros sin tener que reducir los gastos fiscales en otros rubros. Lo bueno es que en esta opción, no se necesita que la autoridad quiera ahorrar, pues el mecanismo es automático.
Publicado en El Comercio, Junio 22, 2006
Es innegable que el temor que recorre los mercados internacionales es una súbita desaceleración del crecimiento global ya sea en EEUU o por una combinación que incluye a China y el resto de Asia. Ese menor crecimiento traerá como consecuencia una menor demanda por nuestros commodities (minerales) y por lo tanto una reducción en los precios record que se han registrado este año. Parte de esta historia ya se está observando. Hace meses el oro, el cobre, el zinc y otros commodities registraron sus niveles record. Hoy todos están de bajada y se anticipan mayores reducciones. Para nadie es un secreto que las arcas fiscales sentirán el impacto de esta reducción en los precios de los minerales que exportamos de la misma forma como han gozado de los años de buenos precios. La participación de la recaudación minera pasó de ser sólo 5 por ciento del total de la recaudación a casi el 20 por ciento. Estos números no son poca cosa. Enfrentar una caída de más de 10 por ciento de los ingresos fiscales no es fácil administrar, menos aún cuando a nuestros países se nos suele cerrar las puertas del endeudamiento externo en los momentos en que más los necesitamos.
¿Qué clase de paraguas se puede comprar cuando dejan de llover buenos precios para nuestras exportaciones? Una opción es la versión frugal de la política fiscal. Es decir, ahorrar los dineros extras en lugar de gastarlos conscientes que luego vendrán momentos de necesidad. Para ello se puede actuar obligando a las autoridades a actuar de esa manera por ley. Es decir, incluir en la ley de prudencia fiscal -en lugar de la ignorada regla de que el gasto puede aumentar no más de 3 por ciento- que lo que se puede gastar sólo son aquellos ingresos que no son fruto de un ingreso temporal como por ejemplo unos buenos precios de nuestros metales. El problema de esta opción es que hace falta que el Estado quiera cumplir dicha ley. ¿Usted conoce a un político frugal?
Otra opción es utilizar el mercado de deuda. Para ello se podría emitir títulos de deuda cuya tasa de interés esté vinculada al valor de nuestras exportaciones, aunque también podría ser a nuestra tasa de crecimiento. De esa manera si al Perú le va mal automáticamente el fisco tiene un respiro por el lado del financiamiento pues el costo de atender los pagos de nuestra deuda se reducen. Ante una reducción temporal de los ingresos fiscales lo que generamos es una reducción automática en los gastos financieros. De la misma manera, si nuestra economía estuviese disfrutando años buenos, y por lo tanto ingresos fiscales temporalmente altos podríamos pagar mayores gastos financieros sin tener que reducir los gastos fiscales en otros rubros. Lo bueno es que en esta opción, no se necesita que la autoridad quiera ahorrar, pues el mecanismo es automático.
Publicado en El Comercio, Junio 22, 2006
Thursday, June 15, 2006
Administrar el auge
Perú y Chile al igual que varios países emergentes ricos en recursos minerales han gozado estos últimos años de una extraordinaria situación. Los precios de los minerales se han multiplicado permitiéndole a cada uno de los dos Estados -aunque de manera distinta- gozar de una cómoda situación fiscal. La semana pasada el ministro de Hacienda chileno se esforzaba en hacerles entender el sentido de la palabra auge a sus compatriotas. Y lo que dijo vale para nosotros también. En la propia definición de la palabra auge está el hecho de ser un evento extraordinario, temporal, pasajero. Pues un auge es un momento de mayor elevación según la Real Academia. Y como decía el refrán, todo lo que sube tiene que bajar.
El problema es que administramos los auges como si fueran eventos permanentes. Nos creemos que hemos sido bendecidos eternamente y por un lado los gobiernos quieren tirar la casa por la ventana, mientras que por el otro lado, un montón de gente quiere que le den la ventana y toda la casa si es posible. La lista de los que sienten que deben ser atendidos se hace interminable. Y tal como lo ha gozado en carne propia esta semana la presidenta chilena, es políticamente muy dificil ser fiscalmente responsable. Eso de guardar pan para Mayo o el cuento bíblico de tiempos de vacas flacas y gordas no lo quiere oír nadie que está pidiendo ser uno de los beneficiarios del auge.
Como consecuencia de ello la política fiscal se vuelve en un instrumento que en lugar de hacer que la economía transite suavemente, termina siendo más bien la razón de porqué nuestra economía se vuelve una suerte de montaña rusa. Creamos y cobramos más impuestos sin preocuparnos de reducir los gastos y nadie se incomoda cuando el MEF incumple otra vez más la regla de no aumentar el gasto no financiero en más de 3 por ciento al año. Para algunos esto se resuelve con castigos. Para mi esto no es así. Los castigos los tendrán que aplicar los congresistas quienes son los primeros interesados en utilizar políticamente ese poder sancionador. Si el Congreso fuese controlado por el Ejecutivo entonces siempre habrá una buena excusa o dos para decir como suele hacerlo la selección de fútbol “hicimos todo lo que se pudo, inclusive jugamos bonito, pero perdimos”. Si el Congreso es como el de ahora o como el que viene donde no hay una mayoría oficialista entonces la oposición estará de acuerdo en darle la excusa al Ministro gastador siempre y cuando incluya algunas de sus sugerencias sobre a quienes destinar el gasto extra.
Lo que se requiere es que la política fiscal sea contracíclica aunque no lo quiera ni el MEF ni el Congreso. Es decir, que el Estado actúe como lo haríamos nosotros si nos encontramos una plata extra que sabemos que no estará siempre. La receta para muchos es poner esto en forma de ley. Eso no basta. Las leyes necesitan tener los incentivos correctos para que la gente las cumpla. De otro modo, serán ignoradas, excusadas o terminarán siendo modificadas. Creo que sería bueno pensar en que parte de nuestro problema es que como país enfrentamos tormentas fiscales pero nunca nos compramos paraguas. La próxima semana les trataré de vender un paraguas fiscal para este tipo de tormentas. Sólo les recuerdo que el precio de los paraguas es mayor cuando ya está lloviendo.
Publicado en El Comercio, Junio 15, 2006
El problema es que administramos los auges como si fueran eventos permanentes. Nos creemos que hemos sido bendecidos eternamente y por un lado los gobiernos quieren tirar la casa por la ventana, mientras que por el otro lado, un montón de gente quiere que le den la ventana y toda la casa si es posible. La lista de los que sienten que deben ser atendidos se hace interminable. Y tal como lo ha gozado en carne propia esta semana la presidenta chilena, es políticamente muy dificil ser fiscalmente responsable. Eso de guardar pan para Mayo o el cuento bíblico de tiempos de vacas flacas y gordas no lo quiere oír nadie que está pidiendo ser uno de los beneficiarios del auge.
Como consecuencia de ello la política fiscal se vuelve en un instrumento que en lugar de hacer que la economía transite suavemente, termina siendo más bien la razón de porqué nuestra economía se vuelve una suerte de montaña rusa. Creamos y cobramos más impuestos sin preocuparnos de reducir los gastos y nadie se incomoda cuando el MEF incumple otra vez más la regla de no aumentar el gasto no financiero en más de 3 por ciento al año. Para algunos esto se resuelve con castigos. Para mi esto no es así. Los castigos los tendrán que aplicar los congresistas quienes son los primeros interesados en utilizar políticamente ese poder sancionador. Si el Congreso fuese controlado por el Ejecutivo entonces siempre habrá una buena excusa o dos para decir como suele hacerlo la selección de fútbol “hicimos todo lo que se pudo, inclusive jugamos bonito, pero perdimos”. Si el Congreso es como el de ahora o como el que viene donde no hay una mayoría oficialista entonces la oposición estará de acuerdo en darle la excusa al Ministro gastador siempre y cuando incluya algunas de sus sugerencias sobre a quienes destinar el gasto extra.
Lo que se requiere es que la política fiscal sea contracíclica aunque no lo quiera ni el MEF ni el Congreso. Es decir, que el Estado actúe como lo haríamos nosotros si nos encontramos una plata extra que sabemos que no estará siempre. La receta para muchos es poner esto en forma de ley. Eso no basta. Las leyes necesitan tener los incentivos correctos para que la gente las cumpla. De otro modo, serán ignoradas, excusadas o terminarán siendo modificadas. Creo que sería bueno pensar en que parte de nuestro problema es que como país enfrentamos tormentas fiscales pero nunca nos compramos paraguas. La próxima semana les trataré de vender un paraguas fiscal para este tipo de tormentas. Sólo les recuerdo que el precio de los paraguas es mayor cuando ya está lloviendo.
Publicado en El Comercio, Junio 15, 2006
Thursday, June 08, 2006
El sur tambien existe
El domingo pasado, mientras terminábamos de hacer el conteo de votos en mi mesa y enterados de los resultados, recordaba los gritos de mediados de los ochenta “y va a caer, y va a caer...”. Al enterarme del desagregado de votos, la canción de Serrat pasó a ocupar mis pensamientos.
A diferencia de su primer gobierno, el Presidente García enfrenta una holgada situación macroeconómica, pero una complicada situación política. Esta vez, no tendrá una mayoría en el Congreso que quiera respaldar sus acciones. Tendrá, en vez de Sendero y sus cobardes bombas, el constante reclamo callejero del cual Humala quiere hacerse dueño buscando conservar los votos hasta las elecciones regionales de noviembre. Tendrá una oposición que al menos en un inicio tendrá que luchar entre no ser vista como rabiosa ni tampoco como excesivamente generosa si es que no quiere desaparecer en noviembre.
Lo más significativo de la elección del domingo es la clara división de los votantes en el mapa peruano. Aunque a primera vista uno podría pensar que los votos de Humala están estrechamente relacionados a aquellas zonas más pobres, estadísticamente la correlación no resulta tan alta. Esta incapacidad de García y el APRA de ganar en donde tenía a su cargo el gobierno regional muestra su pobre capacidad de gestión. Y esto es lo más llamativo pues la estrategia electoral de Humala resulta clara a partir de ahora. Su peso político y su vigencia en el debate se mantendrán en tanto tengan en jaque a García.
La pregunta del millón que los miembros del equipo económico del APRA y sus invitados se hacen es cómo generar pronto una sensación de que algo se está haciendo en esas zonas más pobres del sur andino. ¿Cómo hacer para que dichas poblaciones sientan que las cosas empiezan a cambiar y el gobierno en su conjunto está procurando reducir de manera permanente los niveles de pobreza y marginación? ¿Deberíamos repensar por completo las políticas sociales? Si uno da una mirada a los últimos 15 años encontrará que éstas han sido básicamente ineficaces para reducir sostenidamente la pobreza. No será acaso que los países sólo reducen sus niveles de pobreza cuando adoptan políticas que impulsan un crecimiento sostenido. Muchos críticos de este gobierno señalan que crecimos 20 por ciento pero la pobreza no se redujo en nada. En realidad la pobreza migró huyendo de la pobreza del campo a la ciudad. Es decir, hoy Lima tiene un sector más amplio de personas en extrema pobreza, mientras que en las zonas rurales más familias pobres han podido reducir sus niveles de pobreza extrema. Eso ha sido posible porque el mercado de trabajo es plenamente flexible en dichas zonas.
El presidente no debe confundirse y buscar asignar más y más recursos a dichas zonas. Muchos de estos recursos irán a circuitos con tantos hoyos en el camino que será poco el impacto final de su entusiasmo. El lema debería ser “inaugurar menos y confiar más en la potencia del mercado”. La tentación por generar resultados y por hacer sentir que el sur también existe será enorme. El presidente necesita transmitir que estos cambios sólo se darán en tanto buenas políticas se apliquen de modo persistente.
Publicado en El Comercio, Junio 8, 2006
A diferencia de su primer gobierno, el Presidente García enfrenta una holgada situación macroeconómica, pero una complicada situación política. Esta vez, no tendrá una mayoría en el Congreso que quiera respaldar sus acciones. Tendrá, en vez de Sendero y sus cobardes bombas, el constante reclamo callejero del cual Humala quiere hacerse dueño buscando conservar los votos hasta las elecciones regionales de noviembre. Tendrá una oposición que al menos en un inicio tendrá que luchar entre no ser vista como rabiosa ni tampoco como excesivamente generosa si es que no quiere desaparecer en noviembre.
Lo más significativo de la elección del domingo es la clara división de los votantes en el mapa peruano. Aunque a primera vista uno podría pensar que los votos de Humala están estrechamente relacionados a aquellas zonas más pobres, estadísticamente la correlación no resulta tan alta. Esta incapacidad de García y el APRA de ganar en donde tenía a su cargo el gobierno regional muestra su pobre capacidad de gestión. Y esto es lo más llamativo pues la estrategia electoral de Humala resulta clara a partir de ahora. Su peso político y su vigencia en el debate se mantendrán en tanto tengan en jaque a García.
La pregunta del millón que los miembros del equipo económico del APRA y sus invitados se hacen es cómo generar pronto una sensación de que algo se está haciendo en esas zonas más pobres del sur andino. ¿Cómo hacer para que dichas poblaciones sientan que las cosas empiezan a cambiar y el gobierno en su conjunto está procurando reducir de manera permanente los niveles de pobreza y marginación? ¿Deberíamos repensar por completo las políticas sociales? Si uno da una mirada a los últimos 15 años encontrará que éstas han sido básicamente ineficaces para reducir sostenidamente la pobreza. No será acaso que los países sólo reducen sus niveles de pobreza cuando adoptan políticas que impulsan un crecimiento sostenido. Muchos críticos de este gobierno señalan que crecimos 20 por ciento pero la pobreza no se redujo en nada. En realidad la pobreza migró huyendo de la pobreza del campo a la ciudad. Es decir, hoy Lima tiene un sector más amplio de personas en extrema pobreza, mientras que en las zonas rurales más familias pobres han podido reducir sus niveles de pobreza extrema. Eso ha sido posible porque el mercado de trabajo es plenamente flexible en dichas zonas.
El presidente no debe confundirse y buscar asignar más y más recursos a dichas zonas. Muchos de estos recursos irán a circuitos con tantos hoyos en el camino que será poco el impacto final de su entusiasmo. El lema debería ser “inaugurar menos y confiar más en la potencia del mercado”. La tentación por generar resultados y por hacer sentir que el sur también existe será enorme. El presidente necesita transmitir que estos cambios sólo se darán en tanto buenas políticas se apliquen de modo persistente.
Publicado en El Comercio, Junio 8, 2006
Thursday, June 01, 2006
Chocar contra un poste
No sé cuantos de ustedes han chocado contra una combi o un bus de servicio público. Me pasó la semana pasada y recién me enteré en la comisaría y tras conversación con el representante del seguro que básicamente había chocado contra un poste. Nada de lo que hiciera en la comisaría haría que el individuo que manejaba el bus me pague por más que el tenía toda la culpa. Es decir había chocado contra un poste y encima uno misio. Les cuento esta historia porque conversando con muchos amigos tengo la impresión de que este domingo una buena parte del electorado siente que va a votar con ese mismo espíritu. Vamos a votar sabiendo que en realidad nos vamos a chocar contra un poste. Es obvio que no es lo que queríamos hacer, pero igual terminamos empotrados. Al final, el poste no nos devolverá los daños ocasionados y poco o nada ganaremos discutiendo quien tuvo la culpa.
Desde el lado de García y su aprismo sin APRA, resulta difícil de creer que el ex presidente sea capaz de mantener a raya a sus correligionarios que extrañan la miel del poder desde hace más de quince años. Además, resulta difícil de creer que Alan ya no es Alan. La semana pasada me refería a la propuesta de Humala de nacionalización con la metáfora del caramelo. Sobre García uno podría decir que hoy nos trata de vender su credibilidad a toda costa como si fuera un chicle. El problema es que la envoltura es nueva pero el contenido no. Chicle masticado no es lo mismo que chicle nuevo. Nos pide confiar en que no serán técnicos apristas los que conduzcan las principales decisiones sino técnicos con capacidad de decirle que no. Es decir, será un gobierno del APRA sin el APRA. ¿Y como toma esto el APRA?
Desde el lado de Humala y su ejército nacionalista, nos intentan vender el cuento que los inversionistas están dispuestos a ganar la mitad, a seguir las decisiones del gobierno en lugar de ellos administrar sus empresas y que no habrá batalla legal de por medio. Humala anima a los peruanos a empujar un auto sabiendo que va a chocar contra el poste. Si no funciona la receta le echará la culpa al poste por cruzarse en su cruzada nacionalista. La idea era que más peruanos se suban al auto del desarrollo no que vayamos rompiendo todo lo que está a nuestro paso en el intento.
Finalmente, esta semana tendré que ir al taller y pagar de mi bolsillo los daños causados por la irresponsabilidad de aquel conductor. Después del domingo pasaremos del tiempo de las propuestas a las acciones. Frente a los dos posibles escenarios no nos queda como ciudadanos sino mantener una actitud vigilante pero creo que es importante buscar de apoyar a quien resulta electo. El Perú no está pasando hoy por una crisis. Sin embargo, el Perú necesita realizar una transición de una situación en la que una amplia mayoría de la población no encuentra oportunidades a una en la que éstas se empiezan a abrir. El Perú necesita de un mejor Estado, no necesariamente de uno más grande o visible. El Perú necesita de todos sus ciudadanos y no sólo de los que tengan carné partidario. El 4 de junio decidiremos quien propondrá los cambios y las formas de llegar a nuevos objetivos. Pero ninguno de los candidatos podrá hacer lo que han propuesto por sí solos. Necesitamos buscar construir juntos el futuro y abandonar el absurdo enfrentamiento verbal de esta semana. El Perú sin duda es más grande que sus problemas.
Publicado en El Comercio, Junio 1, 2006
Desde el lado de García y su aprismo sin APRA, resulta difícil de creer que el ex presidente sea capaz de mantener a raya a sus correligionarios que extrañan la miel del poder desde hace más de quince años. Además, resulta difícil de creer que Alan ya no es Alan. La semana pasada me refería a la propuesta de Humala de nacionalización con la metáfora del caramelo. Sobre García uno podría decir que hoy nos trata de vender su credibilidad a toda costa como si fuera un chicle. El problema es que la envoltura es nueva pero el contenido no. Chicle masticado no es lo mismo que chicle nuevo. Nos pide confiar en que no serán técnicos apristas los que conduzcan las principales decisiones sino técnicos con capacidad de decirle que no. Es decir, será un gobierno del APRA sin el APRA. ¿Y como toma esto el APRA?
Desde el lado de Humala y su ejército nacionalista, nos intentan vender el cuento que los inversionistas están dispuestos a ganar la mitad, a seguir las decisiones del gobierno en lugar de ellos administrar sus empresas y que no habrá batalla legal de por medio. Humala anima a los peruanos a empujar un auto sabiendo que va a chocar contra el poste. Si no funciona la receta le echará la culpa al poste por cruzarse en su cruzada nacionalista. La idea era que más peruanos se suban al auto del desarrollo no que vayamos rompiendo todo lo que está a nuestro paso en el intento.
Finalmente, esta semana tendré que ir al taller y pagar de mi bolsillo los daños causados por la irresponsabilidad de aquel conductor. Después del domingo pasaremos del tiempo de las propuestas a las acciones. Frente a los dos posibles escenarios no nos queda como ciudadanos sino mantener una actitud vigilante pero creo que es importante buscar de apoyar a quien resulta electo. El Perú no está pasando hoy por una crisis. Sin embargo, el Perú necesita realizar una transición de una situación en la que una amplia mayoría de la población no encuentra oportunidades a una en la que éstas se empiezan a abrir. El Perú necesita de un mejor Estado, no necesariamente de uno más grande o visible. El Perú necesita de todos sus ciudadanos y no sólo de los que tengan carné partidario. El 4 de junio decidiremos quien propondrá los cambios y las formas de llegar a nuevos objetivos. Pero ninguno de los candidatos podrá hacer lo que han propuesto por sí solos. Necesitamos buscar construir juntos el futuro y abandonar el absurdo enfrentamiento verbal de esta semana. El Perú sin duda es más grande que sus problemas.
Publicado en El Comercio, Junio 1, 2006
Thursday, May 25, 2006
El caramelo de Ollanta
Humala ha sostenido que uno de los cambios que son urgentes es la nacionalización de los recursos naturales. Ha señalado que no es posible que los peruanos solo seamos dueños de nuestro oro, plata, cobre, gas o petróleo sólo en la medida que nuestros recursos permanezcan en el subsuelo. Según el comandante candidato los peruanos no somos dueños de estos recursos una vez que estos recursos salen del subsuelo. Es más, el ha señalado que para ello se requiere un cambio constitucional que evite esta desnacionalización de los recursos.
Para los humalistas, será el gobierno quien les diga a las compañías que quieren explotar estos recursos cuanto podrán ganar por ser socios junto con el gobierno. No importa si ya firmaron o no un contrato con el Estado peruano. En cualquier caso tendrán que volver a firmar un contrato que no vulnere los derechos de los peruanos a usufructuar nuestros recursos naturales. Asimismo, los voceros nacionalistas se han apresurado para ratificar lo dicho por su candidato señalando que esto que parece a todas luces una confiscación en realidad no lo es.
Esta propuesta es preocupante. Primero porque somos un país con muchos recursos naturales y no es que precisamente nos hayamos caracterizado históricamente por haber utilizado bien las ganancias que de ahí provienen. Inmediatamente nos viene a la memoria el boom del guano, el caucho, el salitre, las anchovetas, y mejor no sigo. Segundo, porque del otro candidato no parece haber muchas ganas de pelearse por el tema. Lo único que ha señalado nuestro ex presidente es que el nuevo orden mundial ya no permite hacer las cosas de esa manera. Es decir, no porque ya no es “fashion”.
Déjenme usar una analogía que utilizó la profesora de la hija de una amiga. Imagínense que ustedes quieren invertir. Invertir es como comprar un caramelo pero sin saber su verdadero contenido. Como yo soy el dueño del caramelo les digo que acepto vendérselo con una condición. Intrigados ustedes preguntan por la misteriosa condición. Muy suelto de huesos les digo que la condición implica que una vez que compren el caramelo y verifiquen su contenido, yo voy a darle una mordida antes que ustedes. Esa es en esencia la propuesta de Humala.
Inclusive uno podría argumentar que es peor pues se quiere afectar inclusive a quienes hoy ya tienen un contrato firmado. Es decir, inclusive a quienes hayan comprado un caramelo con las leyes anteriores esos también tendrán que pasar por la cola para que el Estado decida el tamaño de su mordida. No importa cuánto ya se arriesgó para desarrollar el proyecto minero o gasífero. No importa si cuando se asignaron esos fondos se hicieron porque resultaba que invertir en Perú tenía mucho más sentido que hacerlo en otro país que respetaba sólo de vez en cuando sus leyes. Es más, dado el antecedente, ninguna compañía que firme el nuevo acuerdo estará a salvo de que el Estado vuelva a arbitrariamente modificar el contrato porque al comandante le parece que las empresas están ganando mucha plata. Por eso, es que en países como el nuestro hasta para comprar un caramelo necesitamos contratos de estabilidad jurídica.
Publicado en El Comercio Mayo 25, 3006
Para los humalistas, será el gobierno quien les diga a las compañías que quieren explotar estos recursos cuanto podrán ganar por ser socios junto con el gobierno. No importa si ya firmaron o no un contrato con el Estado peruano. En cualquier caso tendrán que volver a firmar un contrato que no vulnere los derechos de los peruanos a usufructuar nuestros recursos naturales. Asimismo, los voceros nacionalistas se han apresurado para ratificar lo dicho por su candidato señalando que esto que parece a todas luces una confiscación en realidad no lo es.
Esta propuesta es preocupante. Primero porque somos un país con muchos recursos naturales y no es que precisamente nos hayamos caracterizado históricamente por haber utilizado bien las ganancias que de ahí provienen. Inmediatamente nos viene a la memoria el boom del guano, el caucho, el salitre, las anchovetas, y mejor no sigo. Segundo, porque del otro candidato no parece haber muchas ganas de pelearse por el tema. Lo único que ha señalado nuestro ex presidente es que el nuevo orden mundial ya no permite hacer las cosas de esa manera. Es decir, no porque ya no es “fashion”.
Déjenme usar una analogía que utilizó la profesora de la hija de una amiga. Imagínense que ustedes quieren invertir. Invertir es como comprar un caramelo pero sin saber su verdadero contenido. Como yo soy el dueño del caramelo les digo que acepto vendérselo con una condición. Intrigados ustedes preguntan por la misteriosa condición. Muy suelto de huesos les digo que la condición implica que una vez que compren el caramelo y verifiquen su contenido, yo voy a darle una mordida antes que ustedes. Esa es en esencia la propuesta de Humala.
Inclusive uno podría argumentar que es peor pues se quiere afectar inclusive a quienes hoy ya tienen un contrato firmado. Es decir, inclusive a quienes hayan comprado un caramelo con las leyes anteriores esos también tendrán que pasar por la cola para que el Estado decida el tamaño de su mordida. No importa cuánto ya se arriesgó para desarrollar el proyecto minero o gasífero. No importa si cuando se asignaron esos fondos se hicieron porque resultaba que invertir en Perú tenía mucho más sentido que hacerlo en otro país que respetaba sólo de vez en cuando sus leyes. Es más, dado el antecedente, ninguna compañía que firme el nuevo acuerdo estará a salvo de que el Estado vuelva a arbitrariamente modificar el contrato porque al comandante le parece que las empresas están ganando mucha plata. Por eso, es que en países como el nuestro hasta para comprar un caramelo necesitamos contratos de estabilidad jurídica.
Publicado en El Comercio Mayo 25, 3006
Friday, May 19, 2006
La crisis de identidad del FMI
La semana pasada me invitaron junto con 20 académicos latinoamericanos a conversar durante el día con las más altas autoridades del Fondo Monetario Internacional. En un principio pensé que este seminario era una invitación más para conversar sobre los problemas pendientes de la región y para intercambiar ideas sobre los riesgos de la economía mundial. En realidad, esta reunión era parte de una larga lista de reuniones que las autoridades del FMI están teniendo con distintos grupos buscando encontrar respuestas para una serie de preguntas.
Déjenme poner el problema de una manera más fácil de entender. Para todos los que somos padres, es más fácil que nuestros hijos nos busquen mientras son mas chicos, mas indefensos y sobre todo cuando aun dependen de nuestras propinas. Cuando ellos empiezan a ganar su propio dinero nos resulta mucho más difícil obligarlos a tomar caminos que ellos no quieren. El FMI en cierto sentido parece hoy el padre de varios hijos que ya se graduaron de la universidad, con buenos trabajos, sus cuentas en orden y poco dispuestos a escuchar sus consejos. Más allá del problema de brecha generacional el problema del Fondo es más complejo pues a diferencia de nosotros cuya vejez será más placentera mientras mejor les vaya a nuestros hijos, el presupuesto del Fondo depende enormemente de prestarle a países en crisis. En su rol de banquero en emergencias sus ingresos están determinados por los intereses que cobra a países que se quedan sin recursos para atender sus obligaciones externas. Ahora que sus principales clientes Argentina y Brasil optaron por cancelar todas sus obligaciones el FMI no tiene los recursos que tenia antes.
Los padres que quieren controlar a sus hijos a través de recortarle sus propinas para que se porten bien pueden verse totalmente frustrados si los abuelos son una fácil fuente de ingresos sustitutos. Al FMI le pasa lo mismo. Hoy el financiamiento para los países viene en mucho mayor medida del mercado financiero privado. Es mas, muchos de los países han optado la misma ruta que la economía peruana y hoy están sentadas en una montaña enorme de reservas. De esta manera el FMI esta quedando fuera del juego. La importancia del FMI como estabilizador se reduce enormemente.
De esta manera el FMI que siempre cumplió el papel de doctor para emergencias va a tener que convertirse en el doctor de cabecera de las economías. El problema es que no parece que se necesitara el mismo FMI para hacer algo distinto. Para complicar mas las cosas, los verdaderos problemas –hoy- los tienen países como Estados Unidos o China, hijos muy grandes para que escuchen la solitaria voz del FMI. No obstante, mas de un analista señala que pronto los problemas regresaran y por lo tanto el FMI otra vez sentirá que tiene un rol que cumplir. Por lo pronto estos doctores repasan sus lecciones pues no hay pacientes para poner en practica sus conocimientos.
El problema del FMI se puede resumir en una sola frase. El FMI es muy grande para lo que debe hacer, pero muy chico para lo que quiere ser. El FMI no quiere solo dedicarse a supervisar a las distintas economías del mundo sino evitar crisis financieras mundiales pero por ahora no encuentra la forma de superar esta crisis de identidad.
Publicado en El Comercio, Mayo 11, 2006
Déjenme poner el problema de una manera más fácil de entender. Para todos los que somos padres, es más fácil que nuestros hijos nos busquen mientras son mas chicos, mas indefensos y sobre todo cuando aun dependen de nuestras propinas. Cuando ellos empiezan a ganar su propio dinero nos resulta mucho más difícil obligarlos a tomar caminos que ellos no quieren. El FMI en cierto sentido parece hoy el padre de varios hijos que ya se graduaron de la universidad, con buenos trabajos, sus cuentas en orden y poco dispuestos a escuchar sus consejos. Más allá del problema de brecha generacional el problema del Fondo es más complejo pues a diferencia de nosotros cuya vejez será más placentera mientras mejor les vaya a nuestros hijos, el presupuesto del Fondo depende enormemente de prestarle a países en crisis. En su rol de banquero en emergencias sus ingresos están determinados por los intereses que cobra a países que se quedan sin recursos para atender sus obligaciones externas. Ahora que sus principales clientes Argentina y Brasil optaron por cancelar todas sus obligaciones el FMI no tiene los recursos que tenia antes.
Los padres que quieren controlar a sus hijos a través de recortarle sus propinas para que se porten bien pueden verse totalmente frustrados si los abuelos son una fácil fuente de ingresos sustitutos. Al FMI le pasa lo mismo. Hoy el financiamiento para los países viene en mucho mayor medida del mercado financiero privado. Es mas, muchos de los países han optado la misma ruta que la economía peruana y hoy están sentadas en una montaña enorme de reservas. De esta manera el FMI esta quedando fuera del juego. La importancia del FMI como estabilizador se reduce enormemente.
De esta manera el FMI que siempre cumplió el papel de doctor para emergencias va a tener que convertirse en el doctor de cabecera de las economías. El problema es que no parece que se necesitara el mismo FMI para hacer algo distinto. Para complicar mas las cosas, los verdaderos problemas –hoy- los tienen países como Estados Unidos o China, hijos muy grandes para que escuchen la solitaria voz del FMI. No obstante, mas de un analista señala que pronto los problemas regresaran y por lo tanto el FMI otra vez sentirá que tiene un rol que cumplir. Por lo pronto estos doctores repasan sus lecciones pues no hay pacientes para poner en practica sus conocimientos.
El problema del FMI se puede resumir en una sola frase. El FMI es muy grande para lo que debe hacer, pero muy chico para lo que quiere ser. El FMI no quiere solo dedicarse a supervisar a las distintas economías del mundo sino evitar crisis financieras mundiales pero por ahora no encuentra la forma de superar esta crisis de identidad.
Publicado en El Comercio, Mayo 11, 2006
Thursday, May 18, 2006
Neblina de segunda vuelta
La semana antepasada regresé por segunda vez en el mes en el vuelo de Miami a Lima. La primera vez me tocó esperar sentado cinco horas encima del avión en Chiclayo, igual que nosotros habían varios aviones en la misma situación. La razón no era otra que la espesa neblina que cubría nuestro aeropuerto limeño sumada a la inexistencia de un mejor radar de aproximación. El avión que debió aterrizar a las 5 de la mañana termino aterrizando después de las diez de la mañana.
La semana pasada la situación se repitió. Otra vez regresando de Miami el avión se acercó a pocos metros de la pista del Jorge Chávez pero debido a la densa neblina el piloto levanto la nariz del avión y con el susto en el estomago emprendimos viaje a Chiclayo. En medio del vuelo el piloto nos anunció que iríamos a Guayaquil pero en el camino otra vez cambió el destino a Chiclayo. Aterrizamos en la capital de la amistad a medianoche y pasadas las tres de la mañana pudimos dormir en alguno de los hoteles de la ciudad. El problema esta vez era que habían 5 aviones de vuelos internacionales antes que nosotros, cuyos pasajeros debían pasar por migraciones y sólo dos agentes de migraciones para ponernos el sello respectivo en el pasaporte. En una operación tipo rescate un bus nos fue llevando de a pocos y esquivando aviones estacionados en la pista de aterrizaje a la sala de espera. Obviamente la sala de espera del aeropuerto no alcanzaba ni siquiera para los 300 pasajeros de nuestro vuelo.
Por regulaciones de los sindicatos de los pilotos el vuelo sólo podría salir luego de que el capitán descansara 18 horas. Eso nos puso en lista de despegue a las 11 de la noche del día siguiente. Obviamente, por ley de Murphy, nuevamente el piloto tuvo que mandarnos de vuelta a los distintos hoteles pues la neblina hacia imposible aterrizar en Lima. La siguiente convocatoria fue para las 11 de la mañana del día siguiente. Para estas horas, los pasajeros ya nos conocíamos más que por los nombres por la ropa que llevábamos puesta encima. Esta vez llegamos a Lima a salvo luego de sólo 40 horas de retraso.
En medio de toda la confusión las historias de conexiones perdidas, vueltas a hacer y vueltas a perder eran interminables. Muchos optaron por aprovechar el inconveniente y varios de nosotros asumimos nuestro rol de guías/promotores turísticos y sugerimos a más de un extranjero que visitaran el espectacular Museo de las Tumbas Reales de Sipan, que compren King Kong y que se animen a probar un cebiche con chifles. Curiosamente mientras los hoteles en Lima, Cuzco, Madre de Dios perdían clientes, no había una sola cama disponible en Chiclayo. Mientras los taxistas de Lima se regresaban a sus casas tras el anuncio del cierre del aeropuerto por neblina, los taxistas chiclayanos daban la décima vuelta aeropuerto-hotel-aeropuerto en su Tico.
Entre tanto alboroto pensé en lo fácil que nos resulta adaptarnos a la realidad cuando no hay otra cosa más que aceptar que las cosas son como son y es todo lo que hay. Por un momento recordé a los candidatos en campaña y se me pararon los pelos de punta de lo fácil que le resulta a mucha gente aceptar que tendrá que decidir su voto entre Alan y Humala en medio de la neblina de propuestas.
Publicado en El Comercio, Mayo 18, 2006
La semana pasada la situación se repitió. Otra vez regresando de Miami el avión se acercó a pocos metros de la pista del Jorge Chávez pero debido a la densa neblina el piloto levanto la nariz del avión y con el susto en el estomago emprendimos viaje a Chiclayo. En medio del vuelo el piloto nos anunció que iríamos a Guayaquil pero en el camino otra vez cambió el destino a Chiclayo. Aterrizamos en la capital de la amistad a medianoche y pasadas las tres de la mañana pudimos dormir en alguno de los hoteles de la ciudad. El problema esta vez era que habían 5 aviones de vuelos internacionales antes que nosotros, cuyos pasajeros debían pasar por migraciones y sólo dos agentes de migraciones para ponernos el sello respectivo en el pasaporte. En una operación tipo rescate un bus nos fue llevando de a pocos y esquivando aviones estacionados en la pista de aterrizaje a la sala de espera. Obviamente la sala de espera del aeropuerto no alcanzaba ni siquiera para los 300 pasajeros de nuestro vuelo.
Por regulaciones de los sindicatos de los pilotos el vuelo sólo podría salir luego de que el capitán descansara 18 horas. Eso nos puso en lista de despegue a las 11 de la noche del día siguiente. Obviamente, por ley de Murphy, nuevamente el piloto tuvo que mandarnos de vuelta a los distintos hoteles pues la neblina hacia imposible aterrizar en Lima. La siguiente convocatoria fue para las 11 de la mañana del día siguiente. Para estas horas, los pasajeros ya nos conocíamos más que por los nombres por la ropa que llevábamos puesta encima. Esta vez llegamos a Lima a salvo luego de sólo 40 horas de retraso.
En medio de toda la confusión las historias de conexiones perdidas, vueltas a hacer y vueltas a perder eran interminables. Muchos optaron por aprovechar el inconveniente y varios de nosotros asumimos nuestro rol de guías/promotores turísticos y sugerimos a más de un extranjero que visitaran el espectacular Museo de las Tumbas Reales de Sipan, que compren King Kong y que se animen a probar un cebiche con chifles. Curiosamente mientras los hoteles en Lima, Cuzco, Madre de Dios perdían clientes, no había una sola cama disponible en Chiclayo. Mientras los taxistas de Lima se regresaban a sus casas tras el anuncio del cierre del aeropuerto por neblina, los taxistas chiclayanos daban la décima vuelta aeropuerto-hotel-aeropuerto en su Tico.
Entre tanto alboroto pensé en lo fácil que nos resulta adaptarnos a la realidad cuando no hay otra cosa más que aceptar que las cosas son como son y es todo lo que hay. Por un momento recordé a los candidatos en campaña y se me pararon los pelos de punta de lo fácil que le resulta a mucha gente aceptar que tendrá que decidir su voto entre Alan y Humala en medio de la neblina de propuestas.
Publicado en El Comercio, Mayo 18, 2006
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