No sé cuantos de ustedes han chocado contra una combi o un bus de servicio público. Me pasó la semana pasada y recién me enteré en la comisaría y tras conversación con el representante del seguro que básicamente había chocado contra un poste. Nada de lo que hiciera en la comisaría haría que el individuo que manejaba el bus me pague por más que el tenía toda la culpa. Es decir había chocado contra un poste y encima uno misio. Les cuento esta historia porque conversando con muchos amigos tengo la impresión de que este domingo una buena parte del electorado siente que va a votar con ese mismo espíritu. Vamos a votar sabiendo que en realidad nos vamos a chocar contra un poste. Es obvio que no es lo que queríamos hacer, pero igual terminamos empotrados. Al final, el poste no nos devolverá los daños ocasionados y poco o nada ganaremos discutiendo quien tuvo la culpa.
Desde el lado de García y su aprismo sin APRA, resulta difícil de creer que el ex presidente sea capaz de mantener a raya a sus correligionarios que extrañan la miel del poder desde hace más de quince años. Además, resulta difícil de creer que Alan ya no es Alan. La semana pasada me refería a la propuesta de Humala de nacionalización con la metáfora del caramelo. Sobre García uno podría decir que hoy nos trata de vender su credibilidad a toda costa como si fuera un chicle. El problema es que la envoltura es nueva pero el contenido no. Chicle masticado no es lo mismo que chicle nuevo. Nos pide confiar en que no serán técnicos apristas los que conduzcan las principales decisiones sino técnicos con capacidad de decirle que no. Es decir, será un gobierno del APRA sin el APRA. ¿Y como toma esto el APRA?
Desde el lado de Humala y su ejército nacionalista, nos intentan vender el cuento que los inversionistas están dispuestos a ganar la mitad, a seguir las decisiones del gobierno en lugar de ellos administrar sus empresas y que no habrá batalla legal de por medio. Humala anima a los peruanos a empujar un auto sabiendo que va a chocar contra el poste. Si no funciona la receta le echará la culpa al poste por cruzarse en su cruzada nacionalista. La idea era que más peruanos se suban al auto del desarrollo no que vayamos rompiendo todo lo que está a nuestro paso en el intento.
Finalmente, esta semana tendré que ir al taller y pagar de mi bolsillo los daños causados por la irresponsabilidad de aquel conductor. Después del domingo pasaremos del tiempo de las propuestas a las acciones. Frente a los dos posibles escenarios no nos queda como ciudadanos sino mantener una actitud vigilante pero creo que es importante buscar de apoyar a quien resulta electo. El Perú no está pasando hoy por una crisis. Sin embargo, el Perú necesita realizar una transición de una situación en la que una amplia mayoría de la población no encuentra oportunidades a una en la que éstas se empiezan a abrir. El Perú necesita de un mejor Estado, no necesariamente de uno más grande o visible. El Perú necesita de todos sus ciudadanos y no sólo de los que tengan carné partidario. El 4 de junio decidiremos quien propondrá los cambios y las formas de llegar a nuevos objetivos. Pero ninguno de los candidatos podrá hacer lo que han propuesto por sí solos. Necesitamos buscar construir juntos el futuro y abandonar el absurdo enfrentamiento verbal de esta semana. El Perú sin duda es más grande que sus problemas.
Publicado en El Comercio, Junio 1, 2006
Mis opiniones sobre temas diversos sobre economía y política en el Perú y en el mundo.
Thursday, June 01, 2006
Thursday, May 25, 2006
El caramelo de Ollanta
Humala ha sostenido que uno de los cambios que son urgentes es la nacionalización de los recursos naturales. Ha señalado que no es posible que los peruanos solo seamos dueños de nuestro oro, plata, cobre, gas o petróleo sólo en la medida que nuestros recursos permanezcan en el subsuelo. Según el comandante candidato los peruanos no somos dueños de estos recursos una vez que estos recursos salen del subsuelo. Es más, el ha señalado que para ello se requiere un cambio constitucional que evite esta desnacionalización de los recursos.
Para los humalistas, será el gobierno quien les diga a las compañías que quieren explotar estos recursos cuanto podrán ganar por ser socios junto con el gobierno. No importa si ya firmaron o no un contrato con el Estado peruano. En cualquier caso tendrán que volver a firmar un contrato que no vulnere los derechos de los peruanos a usufructuar nuestros recursos naturales. Asimismo, los voceros nacionalistas se han apresurado para ratificar lo dicho por su candidato señalando que esto que parece a todas luces una confiscación en realidad no lo es.
Esta propuesta es preocupante. Primero porque somos un país con muchos recursos naturales y no es que precisamente nos hayamos caracterizado históricamente por haber utilizado bien las ganancias que de ahí provienen. Inmediatamente nos viene a la memoria el boom del guano, el caucho, el salitre, las anchovetas, y mejor no sigo. Segundo, porque del otro candidato no parece haber muchas ganas de pelearse por el tema. Lo único que ha señalado nuestro ex presidente es que el nuevo orden mundial ya no permite hacer las cosas de esa manera. Es decir, no porque ya no es “fashion”.
Déjenme usar una analogía que utilizó la profesora de la hija de una amiga. Imagínense que ustedes quieren invertir. Invertir es como comprar un caramelo pero sin saber su verdadero contenido. Como yo soy el dueño del caramelo les digo que acepto vendérselo con una condición. Intrigados ustedes preguntan por la misteriosa condición. Muy suelto de huesos les digo que la condición implica que una vez que compren el caramelo y verifiquen su contenido, yo voy a darle una mordida antes que ustedes. Esa es en esencia la propuesta de Humala.
Inclusive uno podría argumentar que es peor pues se quiere afectar inclusive a quienes hoy ya tienen un contrato firmado. Es decir, inclusive a quienes hayan comprado un caramelo con las leyes anteriores esos también tendrán que pasar por la cola para que el Estado decida el tamaño de su mordida. No importa cuánto ya se arriesgó para desarrollar el proyecto minero o gasífero. No importa si cuando se asignaron esos fondos se hicieron porque resultaba que invertir en Perú tenía mucho más sentido que hacerlo en otro país que respetaba sólo de vez en cuando sus leyes. Es más, dado el antecedente, ninguna compañía que firme el nuevo acuerdo estará a salvo de que el Estado vuelva a arbitrariamente modificar el contrato porque al comandante le parece que las empresas están ganando mucha plata. Por eso, es que en países como el nuestro hasta para comprar un caramelo necesitamos contratos de estabilidad jurídica.
Publicado en El Comercio Mayo 25, 3006
Para los humalistas, será el gobierno quien les diga a las compañías que quieren explotar estos recursos cuanto podrán ganar por ser socios junto con el gobierno. No importa si ya firmaron o no un contrato con el Estado peruano. En cualquier caso tendrán que volver a firmar un contrato que no vulnere los derechos de los peruanos a usufructuar nuestros recursos naturales. Asimismo, los voceros nacionalistas se han apresurado para ratificar lo dicho por su candidato señalando que esto que parece a todas luces una confiscación en realidad no lo es.
Esta propuesta es preocupante. Primero porque somos un país con muchos recursos naturales y no es que precisamente nos hayamos caracterizado históricamente por haber utilizado bien las ganancias que de ahí provienen. Inmediatamente nos viene a la memoria el boom del guano, el caucho, el salitre, las anchovetas, y mejor no sigo. Segundo, porque del otro candidato no parece haber muchas ganas de pelearse por el tema. Lo único que ha señalado nuestro ex presidente es que el nuevo orden mundial ya no permite hacer las cosas de esa manera. Es decir, no porque ya no es “fashion”.
Déjenme usar una analogía que utilizó la profesora de la hija de una amiga. Imagínense que ustedes quieren invertir. Invertir es como comprar un caramelo pero sin saber su verdadero contenido. Como yo soy el dueño del caramelo les digo que acepto vendérselo con una condición. Intrigados ustedes preguntan por la misteriosa condición. Muy suelto de huesos les digo que la condición implica que una vez que compren el caramelo y verifiquen su contenido, yo voy a darle una mordida antes que ustedes. Esa es en esencia la propuesta de Humala.
Inclusive uno podría argumentar que es peor pues se quiere afectar inclusive a quienes hoy ya tienen un contrato firmado. Es decir, inclusive a quienes hayan comprado un caramelo con las leyes anteriores esos también tendrán que pasar por la cola para que el Estado decida el tamaño de su mordida. No importa cuánto ya se arriesgó para desarrollar el proyecto minero o gasífero. No importa si cuando se asignaron esos fondos se hicieron porque resultaba que invertir en Perú tenía mucho más sentido que hacerlo en otro país que respetaba sólo de vez en cuando sus leyes. Es más, dado el antecedente, ninguna compañía que firme el nuevo acuerdo estará a salvo de que el Estado vuelva a arbitrariamente modificar el contrato porque al comandante le parece que las empresas están ganando mucha plata. Por eso, es que en países como el nuestro hasta para comprar un caramelo necesitamos contratos de estabilidad jurídica.
Publicado en El Comercio Mayo 25, 3006
Friday, May 19, 2006
La crisis de identidad del FMI
La semana pasada me invitaron junto con 20 académicos latinoamericanos a conversar durante el día con las más altas autoridades del Fondo Monetario Internacional. En un principio pensé que este seminario era una invitación más para conversar sobre los problemas pendientes de la región y para intercambiar ideas sobre los riesgos de la economía mundial. En realidad, esta reunión era parte de una larga lista de reuniones que las autoridades del FMI están teniendo con distintos grupos buscando encontrar respuestas para una serie de preguntas.
Déjenme poner el problema de una manera más fácil de entender. Para todos los que somos padres, es más fácil que nuestros hijos nos busquen mientras son mas chicos, mas indefensos y sobre todo cuando aun dependen de nuestras propinas. Cuando ellos empiezan a ganar su propio dinero nos resulta mucho más difícil obligarlos a tomar caminos que ellos no quieren. El FMI en cierto sentido parece hoy el padre de varios hijos que ya se graduaron de la universidad, con buenos trabajos, sus cuentas en orden y poco dispuestos a escuchar sus consejos. Más allá del problema de brecha generacional el problema del Fondo es más complejo pues a diferencia de nosotros cuya vejez será más placentera mientras mejor les vaya a nuestros hijos, el presupuesto del Fondo depende enormemente de prestarle a países en crisis. En su rol de banquero en emergencias sus ingresos están determinados por los intereses que cobra a países que se quedan sin recursos para atender sus obligaciones externas. Ahora que sus principales clientes Argentina y Brasil optaron por cancelar todas sus obligaciones el FMI no tiene los recursos que tenia antes.
Los padres que quieren controlar a sus hijos a través de recortarle sus propinas para que se porten bien pueden verse totalmente frustrados si los abuelos son una fácil fuente de ingresos sustitutos. Al FMI le pasa lo mismo. Hoy el financiamiento para los países viene en mucho mayor medida del mercado financiero privado. Es mas, muchos de los países han optado la misma ruta que la economía peruana y hoy están sentadas en una montaña enorme de reservas. De esta manera el FMI esta quedando fuera del juego. La importancia del FMI como estabilizador se reduce enormemente.
De esta manera el FMI que siempre cumplió el papel de doctor para emergencias va a tener que convertirse en el doctor de cabecera de las economías. El problema es que no parece que se necesitara el mismo FMI para hacer algo distinto. Para complicar mas las cosas, los verdaderos problemas –hoy- los tienen países como Estados Unidos o China, hijos muy grandes para que escuchen la solitaria voz del FMI. No obstante, mas de un analista señala que pronto los problemas regresaran y por lo tanto el FMI otra vez sentirá que tiene un rol que cumplir. Por lo pronto estos doctores repasan sus lecciones pues no hay pacientes para poner en practica sus conocimientos.
El problema del FMI se puede resumir en una sola frase. El FMI es muy grande para lo que debe hacer, pero muy chico para lo que quiere ser. El FMI no quiere solo dedicarse a supervisar a las distintas economías del mundo sino evitar crisis financieras mundiales pero por ahora no encuentra la forma de superar esta crisis de identidad.
Publicado en El Comercio, Mayo 11, 2006
Déjenme poner el problema de una manera más fácil de entender. Para todos los que somos padres, es más fácil que nuestros hijos nos busquen mientras son mas chicos, mas indefensos y sobre todo cuando aun dependen de nuestras propinas. Cuando ellos empiezan a ganar su propio dinero nos resulta mucho más difícil obligarlos a tomar caminos que ellos no quieren. El FMI en cierto sentido parece hoy el padre de varios hijos que ya se graduaron de la universidad, con buenos trabajos, sus cuentas en orden y poco dispuestos a escuchar sus consejos. Más allá del problema de brecha generacional el problema del Fondo es más complejo pues a diferencia de nosotros cuya vejez será más placentera mientras mejor les vaya a nuestros hijos, el presupuesto del Fondo depende enormemente de prestarle a países en crisis. En su rol de banquero en emergencias sus ingresos están determinados por los intereses que cobra a países que se quedan sin recursos para atender sus obligaciones externas. Ahora que sus principales clientes Argentina y Brasil optaron por cancelar todas sus obligaciones el FMI no tiene los recursos que tenia antes.
Los padres que quieren controlar a sus hijos a través de recortarle sus propinas para que se porten bien pueden verse totalmente frustrados si los abuelos son una fácil fuente de ingresos sustitutos. Al FMI le pasa lo mismo. Hoy el financiamiento para los países viene en mucho mayor medida del mercado financiero privado. Es mas, muchos de los países han optado la misma ruta que la economía peruana y hoy están sentadas en una montaña enorme de reservas. De esta manera el FMI esta quedando fuera del juego. La importancia del FMI como estabilizador se reduce enormemente.
De esta manera el FMI que siempre cumplió el papel de doctor para emergencias va a tener que convertirse en el doctor de cabecera de las economías. El problema es que no parece que se necesitara el mismo FMI para hacer algo distinto. Para complicar mas las cosas, los verdaderos problemas –hoy- los tienen países como Estados Unidos o China, hijos muy grandes para que escuchen la solitaria voz del FMI. No obstante, mas de un analista señala que pronto los problemas regresaran y por lo tanto el FMI otra vez sentirá que tiene un rol que cumplir. Por lo pronto estos doctores repasan sus lecciones pues no hay pacientes para poner en practica sus conocimientos.
El problema del FMI se puede resumir en una sola frase. El FMI es muy grande para lo que debe hacer, pero muy chico para lo que quiere ser. El FMI no quiere solo dedicarse a supervisar a las distintas economías del mundo sino evitar crisis financieras mundiales pero por ahora no encuentra la forma de superar esta crisis de identidad.
Publicado en El Comercio, Mayo 11, 2006
Thursday, May 18, 2006
Neblina de segunda vuelta
La semana antepasada regresé por segunda vez en el mes en el vuelo de Miami a Lima. La primera vez me tocó esperar sentado cinco horas encima del avión en Chiclayo, igual que nosotros habían varios aviones en la misma situación. La razón no era otra que la espesa neblina que cubría nuestro aeropuerto limeño sumada a la inexistencia de un mejor radar de aproximación. El avión que debió aterrizar a las 5 de la mañana termino aterrizando después de las diez de la mañana.
La semana pasada la situación se repitió. Otra vez regresando de Miami el avión se acercó a pocos metros de la pista del Jorge Chávez pero debido a la densa neblina el piloto levanto la nariz del avión y con el susto en el estomago emprendimos viaje a Chiclayo. En medio del vuelo el piloto nos anunció que iríamos a Guayaquil pero en el camino otra vez cambió el destino a Chiclayo. Aterrizamos en la capital de la amistad a medianoche y pasadas las tres de la mañana pudimos dormir en alguno de los hoteles de la ciudad. El problema esta vez era que habían 5 aviones de vuelos internacionales antes que nosotros, cuyos pasajeros debían pasar por migraciones y sólo dos agentes de migraciones para ponernos el sello respectivo en el pasaporte. En una operación tipo rescate un bus nos fue llevando de a pocos y esquivando aviones estacionados en la pista de aterrizaje a la sala de espera. Obviamente la sala de espera del aeropuerto no alcanzaba ni siquiera para los 300 pasajeros de nuestro vuelo.
Por regulaciones de los sindicatos de los pilotos el vuelo sólo podría salir luego de que el capitán descansara 18 horas. Eso nos puso en lista de despegue a las 11 de la noche del día siguiente. Obviamente, por ley de Murphy, nuevamente el piloto tuvo que mandarnos de vuelta a los distintos hoteles pues la neblina hacia imposible aterrizar en Lima. La siguiente convocatoria fue para las 11 de la mañana del día siguiente. Para estas horas, los pasajeros ya nos conocíamos más que por los nombres por la ropa que llevábamos puesta encima. Esta vez llegamos a Lima a salvo luego de sólo 40 horas de retraso.
En medio de toda la confusión las historias de conexiones perdidas, vueltas a hacer y vueltas a perder eran interminables. Muchos optaron por aprovechar el inconveniente y varios de nosotros asumimos nuestro rol de guías/promotores turísticos y sugerimos a más de un extranjero que visitaran el espectacular Museo de las Tumbas Reales de Sipan, que compren King Kong y que se animen a probar un cebiche con chifles. Curiosamente mientras los hoteles en Lima, Cuzco, Madre de Dios perdían clientes, no había una sola cama disponible en Chiclayo. Mientras los taxistas de Lima se regresaban a sus casas tras el anuncio del cierre del aeropuerto por neblina, los taxistas chiclayanos daban la décima vuelta aeropuerto-hotel-aeropuerto en su Tico.
Entre tanto alboroto pensé en lo fácil que nos resulta adaptarnos a la realidad cuando no hay otra cosa más que aceptar que las cosas son como son y es todo lo que hay. Por un momento recordé a los candidatos en campaña y se me pararon los pelos de punta de lo fácil que le resulta a mucha gente aceptar que tendrá que decidir su voto entre Alan y Humala en medio de la neblina de propuestas.
Publicado en El Comercio, Mayo 18, 2006
La semana pasada la situación se repitió. Otra vez regresando de Miami el avión se acercó a pocos metros de la pista del Jorge Chávez pero debido a la densa neblina el piloto levanto la nariz del avión y con el susto en el estomago emprendimos viaje a Chiclayo. En medio del vuelo el piloto nos anunció que iríamos a Guayaquil pero en el camino otra vez cambió el destino a Chiclayo. Aterrizamos en la capital de la amistad a medianoche y pasadas las tres de la mañana pudimos dormir en alguno de los hoteles de la ciudad. El problema esta vez era que habían 5 aviones de vuelos internacionales antes que nosotros, cuyos pasajeros debían pasar por migraciones y sólo dos agentes de migraciones para ponernos el sello respectivo en el pasaporte. En una operación tipo rescate un bus nos fue llevando de a pocos y esquivando aviones estacionados en la pista de aterrizaje a la sala de espera. Obviamente la sala de espera del aeropuerto no alcanzaba ni siquiera para los 300 pasajeros de nuestro vuelo.
Por regulaciones de los sindicatos de los pilotos el vuelo sólo podría salir luego de que el capitán descansara 18 horas. Eso nos puso en lista de despegue a las 11 de la noche del día siguiente. Obviamente, por ley de Murphy, nuevamente el piloto tuvo que mandarnos de vuelta a los distintos hoteles pues la neblina hacia imposible aterrizar en Lima. La siguiente convocatoria fue para las 11 de la mañana del día siguiente. Para estas horas, los pasajeros ya nos conocíamos más que por los nombres por la ropa que llevábamos puesta encima. Esta vez llegamos a Lima a salvo luego de sólo 40 horas de retraso.
En medio de toda la confusión las historias de conexiones perdidas, vueltas a hacer y vueltas a perder eran interminables. Muchos optaron por aprovechar el inconveniente y varios de nosotros asumimos nuestro rol de guías/promotores turísticos y sugerimos a más de un extranjero que visitaran el espectacular Museo de las Tumbas Reales de Sipan, que compren King Kong y que se animen a probar un cebiche con chifles. Curiosamente mientras los hoteles en Lima, Cuzco, Madre de Dios perdían clientes, no había una sola cama disponible en Chiclayo. Mientras los taxistas de Lima se regresaban a sus casas tras el anuncio del cierre del aeropuerto por neblina, los taxistas chiclayanos daban la décima vuelta aeropuerto-hotel-aeropuerto en su Tico.
Entre tanto alboroto pensé en lo fácil que nos resulta adaptarnos a la realidad cuando no hay otra cosa más que aceptar que las cosas son como son y es todo lo que hay. Por un momento recordé a los candidatos en campaña y se me pararon los pelos de punta de lo fácil que le resulta a mucha gente aceptar que tendrá que decidir su voto entre Alan y Humala en medio de la neblina de propuestas.
Publicado en El Comercio, Mayo 18, 2006
Friday, May 12, 2006
Nacionalizar o Renegociar Unilateralmente es Confiscar
Me causa gracia que ahora que Evo Morales se decidió por nacionalizar los recursos de gas y petróleo con fuerzas militares incluidas, la gente del Partido Nacionalista sufre para decir que lo que van a hacer es igual pero distinto. Aparece un representante y dice que lo que van a hacer es nacionalizar y eso no tiene nada que ver con estatizar o confiscar. Sale otro y dice que en Bolivia no se ha conversado con las empresas y que aquí de lo que se trata es de conversar con las empresas y que solitas acepten ganar menos. En ese sentido, Alan García ha dicho que esas políticas están pasadas de moda, que así no se hace. Pero también dijo algo muy importante, señaló que las empresas tenían que entender que están ante la siguiente alternativa: o lo pierden todo o pierden algo. Claro, puesto así cualquiera prefiere perder sólo un poco. Esa renegociación de contratos cuando no es voluntaria también es confiscación. Si una de las partes altera el contrato sin que la otra esté dispuesta a hacerlo eso es una confiscación simple y llanamente.
Esta confiscación puede disfrazarse de mil maneras pero siempre seguirá siendo confiscación cuando esta no sea voluntaria. Por ejemplo, puedo directamente entrar con tanques a los yacimientos de petróleo o mandar paracaidistas a tomar Camisea. También puedo obligar a la empresa a que acepte que parte de su capital sea del Estado. Otra forma es obligar a la empresa a venderle al Estado toda su producción y será el Estado quien le pagará un precio por esto. También puedo disfrazarla de un impuesto a las sobreganancias y decir que Estados Unidos también lo hace. Todas estas formas son confiscaciones en un sentido o en otro. Nadie niega que alguno de los contratos firmados sea perjudicial para el Estado y si fuera así debería ser renegociado. Pero el Estado no puede aprovechar su posición para hacer las cosas de manera arbitraria y sin consultar a los involucrados. Ese es su reto y su responsabilidad.
Vale la pena recordar que la institución del Congreso fue creada hace más de 600 años atrás justamente para evitar que los gobernantes autoritariamente confiscaran a los ciudadanos a través de impuestos. Los gobernantes podrán decir que es un acto de soberanía y seguirá siendo una confiscación. Podrán decir que esto servirá para terminar con la pobreza y no por eso dejará de ser una confiscación.
Pero pensemos por un momento por qué razones la gente dice que este tipo de políticas son un desastre. Lo primero es el tema de violación de contratos. Los países que no les importa respetar acuerdos entre dos partes no pueden esperar que las empresas estén dispuestas a invertir grandes sumas de dinero y menos en proyectos de largo aliento. Lo segundo es que una cosa es entrar a operar directamente las empresas y otra es fijar una serie de reglas de operación sin comprometer la administración privada. Pongamos los pies en la tierra y entendamos que (1) el Estado no tiene los recursos para pretender explorar en serio, (2) el verdadero sector estratégico del país es la educación donde lo que abunda es una pésima intervención del Estado. ¿Por qué no nos dedicamos a corregir lo que realmente está mal en el país en vez de seguir la fiesta del Chávez?
Publicado en El Comercio Mayo 11, 2006
Esta confiscación puede disfrazarse de mil maneras pero siempre seguirá siendo confiscación cuando esta no sea voluntaria. Por ejemplo, puedo directamente entrar con tanques a los yacimientos de petróleo o mandar paracaidistas a tomar Camisea. También puedo obligar a la empresa a que acepte que parte de su capital sea del Estado. Otra forma es obligar a la empresa a venderle al Estado toda su producción y será el Estado quien le pagará un precio por esto. También puedo disfrazarla de un impuesto a las sobreganancias y decir que Estados Unidos también lo hace. Todas estas formas son confiscaciones en un sentido o en otro. Nadie niega que alguno de los contratos firmados sea perjudicial para el Estado y si fuera así debería ser renegociado. Pero el Estado no puede aprovechar su posición para hacer las cosas de manera arbitraria y sin consultar a los involucrados. Ese es su reto y su responsabilidad.
Vale la pena recordar que la institución del Congreso fue creada hace más de 600 años atrás justamente para evitar que los gobernantes autoritariamente confiscaran a los ciudadanos a través de impuestos. Los gobernantes podrán decir que es un acto de soberanía y seguirá siendo una confiscación. Podrán decir que esto servirá para terminar con la pobreza y no por eso dejará de ser una confiscación.
Pero pensemos por un momento por qué razones la gente dice que este tipo de políticas son un desastre. Lo primero es el tema de violación de contratos. Los países que no les importa respetar acuerdos entre dos partes no pueden esperar que las empresas estén dispuestas a invertir grandes sumas de dinero y menos en proyectos de largo aliento. Lo segundo es que una cosa es entrar a operar directamente las empresas y otra es fijar una serie de reglas de operación sin comprometer la administración privada. Pongamos los pies en la tierra y entendamos que (1) el Estado no tiene los recursos para pretender explorar en serio, (2) el verdadero sector estratégico del país es la educación donde lo que abunda es una pésima intervención del Estado. ¿Por qué no nos dedicamos a corregir lo que realmente está mal en el país en vez de seguir la fiesta del Chávez?
Publicado en El Comercio Mayo 11, 2006
Monday, May 01, 2006
Menú para otorongos
Esta historia ficticia es sobre una persona que ganó con mucho esfuerzo y entre muchos competidores la licitación para atender el comedor del Congreso. Al comienzo todo estaba muy bien y los congresistas comían felices y contentos disfrutando la buena sazón del chef. Pero, al cabo de un tiempo de estar atendiendo el dueño del restaurante se dio cuenta que cada mes de cada diez billetes de cien soles que recibía uno era falso. Frente a esta situación, ordenó que nadie pagara con billetes de cien soles. Desafortunadamente, el mes siguiente el problema seguía pero ahora la estafa se daba con los billetes de cincuenta soles.
Frustrado se puso a sacar cuentas y se percató que esos ingresos que no recibía estaban poniendo en riesgo su rentabilidad y que debía de hacer algo para contrarrestar esta enojosa situación. Esta vez no se le ocurrió mejor idea que poner un cartel que decía “los precios subieron porque hay un cliente que siempre paga con billetes falsos”. Naturalmente, la mayoría de los comensales se quejaron amargamente pero el dueño no estaba dispuesto a ceder y les explicó que pagar con billetes falsos era exactamente igual a no reconocer las deudas que uno voluntariamente asume. Es más, les insistió que el no iba a tolerar que la situación continuara porque si no subía los precios el tendría que sencillamente cerrar el negocio y dedicarse a atender a un público menos tramposo.
Frente a eso los congresistas de la mesa de atrás le insistieron que no podía ser que justos pagaran por pecadores, que era una barbaridad y un atropello y cinco minutos más de argumentos mientras terminaban de digerir un suculento lomo a lo pobre. Frente a lo cual, el concesionario no tuvo más que recordarles que si el aceptaba esos billetes falsos era exactamente igual que condonar deudas. Esas palabras fueron suficiente para que los padres de la patria se levantaran indignados y en protesta se retiraron sin pagar la cuenta.
El concesionario aún más frustrado le contó el problema a un amigo quien le dijo que lo único que el necesitaba era una de esas lámparas con luz ultravioleta que permiten detectar si los billetes son falsos. Nuestro amigo concesionario inmediatamente se fue a comprar uno de esos dispositivos y al llegar al Congreso retiró el infamante letrero. Fin del problema y de la historia.
La pregunta que queda para ustedes es qué mecanismo, similar a la luz ultravioleta, se puede utilizar para evitar las condonaciones de deuda. La respuesta es solamente a través de mostrar la frescura de algunos congresistas de aprobar leyes que los benefician a ellos directamente. ¡Si yo pudiera imprimir mis propios billetes tampoco tendría deudas con nadie! Aunque uno quisiera que el sistema financiero castigue a aquel deudor que se favorecería con una condonación en realidad no es culpa de dicho deudor que algunos congresistas quieran almorzar con mantel largo y luego quieran que alguien pague sus deudas. Esperemos que el Ejecutivo observe una ley en este sentido y que la opinión pública anote cuales son los congresistas que quieren pagar sus deudas con nuestros billetes en lugar de sacar de su propia billetera.
Publicado en El Comercio, Abril 27, 2006
Frustrado se puso a sacar cuentas y se percató que esos ingresos que no recibía estaban poniendo en riesgo su rentabilidad y que debía de hacer algo para contrarrestar esta enojosa situación. Esta vez no se le ocurrió mejor idea que poner un cartel que decía “los precios subieron porque hay un cliente que siempre paga con billetes falsos”. Naturalmente, la mayoría de los comensales se quejaron amargamente pero el dueño no estaba dispuesto a ceder y les explicó que pagar con billetes falsos era exactamente igual a no reconocer las deudas que uno voluntariamente asume. Es más, les insistió que el no iba a tolerar que la situación continuara porque si no subía los precios el tendría que sencillamente cerrar el negocio y dedicarse a atender a un público menos tramposo.
Frente a eso los congresistas de la mesa de atrás le insistieron que no podía ser que justos pagaran por pecadores, que era una barbaridad y un atropello y cinco minutos más de argumentos mientras terminaban de digerir un suculento lomo a lo pobre. Frente a lo cual, el concesionario no tuvo más que recordarles que si el aceptaba esos billetes falsos era exactamente igual que condonar deudas. Esas palabras fueron suficiente para que los padres de la patria se levantaran indignados y en protesta se retiraron sin pagar la cuenta.
El concesionario aún más frustrado le contó el problema a un amigo quien le dijo que lo único que el necesitaba era una de esas lámparas con luz ultravioleta que permiten detectar si los billetes son falsos. Nuestro amigo concesionario inmediatamente se fue a comprar uno de esos dispositivos y al llegar al Congreso retiró el infamante letrero. Fin del problema y de la historia.
La pregunta que queda para ustedes es qué mecanismo, similar a la luz ultravioleta, se puede utilizar para evitar las condonaciones de deuda. La respuesta es solamente a través de mostrar la frescura de algunos congresistas de aprobar leyes que los benefician a ellos directamente. ¡Si yo pudiera imprimir mis propios billetes tampoco tendría deudas con nadie! Aunque uno quisiera que el sistema financiero castigue a aquel deudor que se favorecería con una condonación en realidad no es culpa de dicho deudor que algunos congresistas quieran almorzar con mantel largo y luego quieran que alguien pague sus deudas. Esperemos que el Ejecutivo observe una ley en este sentido y que la opinión pública anote cuales son los congresistas que quieren pagar sus deudas con nuestros billetes en lugar de sacar de su propia billetera.
Publicado en El Comercio, Abril 27, 2006
Thursday, April 20, 2006
Falsos evangelios
Uno de los problemas que han sufrido países como el Perú es que los candidatos tienen un discurso en la campaña que les permite ganar la elección y luego de ceñirse la banda presidencial hacen exactamente lo opuesto. La explicación de este hecho está asociado a la inmadurez no de la gente sino de los propios partidos políticos. Estos partidos en lugar de ser defensores de un conjunto de ideas son más bien defensores de su presencia en el espacio político y todo lo que eso significa. Basta recordar lo rápido que Fujimori puso en práctica el shock en 1990 a pesar de jurar que el jamás lo haría. Recuerden la escopeta de dos cañones de los apristas, o los problemas de los miembros de la bancada de Perú Posible cuando un periodista los asediaba para que le explique las “bases ideológicas” del toledismo. Lo mismo pasaría si uno le toma examen sobre qué significa ser nacionalista a los parlamentarios electos por Humala.
Cuando los distintos reporteros le han preguntado al candidato sobre que significa ser nacionalista sus respuestas son más bien evasivas. Para los que temen sus aplausos a Velasco, nos ha dicho que nacionalismo no es estatismo ni expropiación. En realidad, nos ha dicho que nacionalismo es defender los intereses de todos los ciudadanos, con énfasis en todos. Señala que el error está en haber dejado que sea el mercado quien decida las cosas. Ese es el culpable que el agro de los campesinos más pobres del Perú esté en ruinas, ahí está la verdadera causa de la postración de la industria nacional. Les gusta la “globalización solidaria” no la otra perversa forma de globalización que exige a empresas y ciudadanos a competir con lo extranjero.
En ese orden de cosas, la idea es que un Estado de carácter nacionalista no entregará nuestros preciosos recursos en manos de capitalistas que no cumplan con los requisitos de un gobierno nacionalista: que den empleo, que transfieran tecnología, que paguen impuestos y regalías y que respeten el medio ambiente. En realidad, no creo que nadie estaría en desacuerdo con estos cuatro requisitos. Ahí no está el problema. Mi profesor de microeconomía decía que todo el mundo tenía un precio pero que había que saber preguntar. Ese sí es el problema. Muchas de estas empresas tienen un contrato firmado con el Estado el cual establece un conjunto de reglas que ambos se comprometieron a respetar y no cambiar.
Por más que lo diga con medias verdades, modificar unilateralmente la participación del Estado en estas actividades no es más que una forma de expropiación. Si el Estado les dice a los dueños de una empresa que se reserva el derecho de vetar una importante decisión de inversión estará atentando contra los derechos de propiedad. Si desde el Estado impido repatriar las utilidades porque eso va en contra de “los intereses de la nación” eso es expropiación no importa cual sea la justificación. Por más maquillaje que ponga eso es pisotear los derechos de propiedad. Los gobiernos que han seguido esa ruta han espantado la inversión. Nacionalismo es defender a los peruanos, incluyendo a aquellos que quieren hacer empresa sin depender del Estado para ser o no rentables. Lamentablemente, estos falsos evangelios prometen tierras prometidas cuando lo único que traerán es mayor pobreza y mayor exclusión, justo lo que querían combatir.
Publicado en El Comercio, Abril 20, 2006
Cuando los distintos reporteros le han preguntado al candidato sobre que significa ser nacionalista sus respuestas son más bien evasivas. Para los que temen sus aplausos a Velasco, nos ha dicho que nacionalismo no es estatismo ni expropiación. En realidad, nos ha dicho que nacionalismo es defender los intereses de todos los ciudadanos, con énfasis en todos. Señala que el error está en haber dejado que sea el mercado quien decida las cosas. Ese es el culpable que el agro de los campesinos más pobres del Perú esté en ruinas, ahí está la verdadera causa de la postración de la industria nacional. Les gusta la “globalización solidaria” no la otra perversa forma de globalización que exige a empresas y ciudadanos a competir con lo extranjero.
En ese orden de cosas, la idea es que un Estado de carácter nacionalista no entregará nuestros preciosos recursos en manos de capitalistas que no cumplan con los requisitos de un gobierno nacionalista: que den empleo, que transfieran tecnología, que paguen impuestos y regalías y que respeten el medio ambiente. En realidad, no creo que nadie estaría en desacuerdo con estos cuatro requisitos. Ahí no está el problema. Mi profesor de microeconomía decía que todo el mundo tenía un precio pero que había que saber preguntar. Ese sí es el problema. Muchas de estas empresas tienen un contrato firmado con el Estado el cual establece un conjunto de reglas que ambos se comprometieron a respetar y no cambiar.
Por más que lo diga con medias verdades, modificar unilateralmente la participación del Estado en estas actividades no es más que una forma de expropiación. Si el Estado les dice a los dueños de una empresa que se reserva el derecho de vetar una importante decisión de inversión estará atentando contra los derechos de propiedad. Si desde el Estado impido repatriar las utilidades porque eso va en contra de “los intereses de la nación” eso es expropiación no importa cual sea la justificación. Por más maquillaje que ponga eso es pisotear los derechos de propiedad. Los gobiernos que han seguido esa ruta han espantado la inversión. Nacionalismo es defender a los peruanos, incluyendo a aquellos que quieren hacer empresa sin depender del Estado para ser o no rentables. Lamentablemente, estos falsos evangelios prometen tierras prometidas cuando lo único que traerán es mayor pobreza y mayor exclusión, justo lo que querían combatir.
Publicado en El Comercio, Abril 20, 2006
Thursday, April 13, 2006
Mientras esperamos el conteo
Hoy resulta evidente que el resultado final de la elección de la primera vuelta no la sabremos sino hasta fines de mes. No sirvió la boca de urna, no sirven los conteos rápidos de uno u otro, ni tampoco los desesperadamente lentos avances de la ONPE. Así que dado que vamos a tener que pasar varios días creo que vale la pena dedicarse a algunas cosas que pueden ser más provechosas para el futuro cercano.
La primera es una recomendación para Alan y Lourdes. Ambos deben sentarse a conversar a partir de hoy. No tiene sentido esperar a mañana y tampoco a que el Jurado Nacional de Elecciones proclame quien será el que dispute la segunda vuelta con el comandante Humala y sus hasta ahora comandables. Ellos son los líderes de sus agrupaciones y hoy más que nunca hace falta que cumplan ese rol. ¿De qué hablar? Un solo tema: plantear un conjunto mínimo de propuestas, digamos cinco líneas maestras que se impulsarán en un eventual gobierno de alguno de los dos. O de los dos. Empezaría hablando de esas cinco líneas y nada más que eso. El resto del tiempo de la discusión debería ser sobre si efectivamente se puede gobernar juntos o separados pero no peleados. Ninguno de los dos tiene seguro el Congreso y por lo tanto tendrán que negociar cada proyecto complejo (o no) que pase desde el Ejecutivo. Esto sería una muestra inequívoca al pueblo que gobernar en democracia puede significar hacer las cosas importantes juntos. Las políticas adoptadas de manera arbitraria son fácilmente revertibles por el siguiente gobierno.
Lo segundo es una recomendación para los personeros de ambos partidos. ¡Hagan su trabajo y punto! Cada voto que consigan será bienvenido en sus agrupaciones y para eso están ahí. No sólo no hacen falta adelantos de proclamación sino que estos complican el escenario para que lo primero ocurra en un ambiente de tranquilidad y reflexión. Entre personeros no hay sino discusión permanente y está bien que eso sea así. Procuren hacerla dentro del JNE y no frente a las cámaras de televisión.
La tercera recomendación está dirigida a nosotros los ciudadanos. Este es un momento especialmente bueno para reflexionar. Vienen algunos días en los que estaremos un poco más lejos de las noticias y deberíamos pensar en que decisiones nos llevaron a estar en la situación en la que estamos. Por lo pronto varios candidatos luego del baño de humildad necesitan entender que solos no son nadie y que se requiere efectivos esfuerzos de sumar. Para ello se necesitan grandes dosis de apertura, tolerancia y saber priorizar cuáles son los temas fundamentales que permiten formar frentes comunes. Para el resto de peruanos se impone una dosis de reflexión para entender -de un lado del electorado- porqué ganó Humala (no Ulises ni Antauro, sino Ollanta). Del otro lado, hay uno de cada tres peruanos que debería pensar si en realidad vale la pena ignorar los vínculos visibles de Montesinos. Esos peruanos no sienten que hayan sido sus recursos los que fueron robados, para ellos la esperanza que ahora sí el presidente se acuerde de ellos es más que suficiente para arriesgar nuevamente por los improvisados.
Publicado en El Comercio Abril 13, 2006
La primera es una recomendación para Alan y Lourdes. Ambos deben sentarse a conversar a partir de hoy. No tiene sentido esperar a mañana y tampoco a que el Jurado Nacional de Elecciones proclame quien será el que dispute la segunda vuelta con el comandante Humala y sus hasta ahora comandables. Ellos son los líderes de sus agrupaciones y hoy más que nunca hace falta que cumplan ese rol. ¿De qué hablar? Un solo tema: plantear un conjunto mínimo de propuestas, digamos cinco líneas maestras que se impulsarán en un eventual gobierno de alguno de los dos. O de los dos. Empezaría hablando de esas cinco líneas y nada más que eso. El resto del tiempo de la discusión debería ser sobre si efectivamente se puede gobernar juntos o separados pero no peleados. Ninguno de los dos tiene seguro el Congreso y por lo tanto tendrán que negociar cada proyecto complejo (o no) que pase desde el Ejecutivo. Esto sería una muestra inequívoca al pueblo que gobernar en democracia puede significar hacer las cosas importantes juntos. Las políticas adoptadas de manera arbitraria son fácilmente revertibles por el siguiente gobierno.
Lo segundo es una recomendación para los personeros de ambos partidos. ¡Hagan su trabajo y punto! Cada voto que consigan será bienvenido en sus agrupaciones y para eso están ahí. No sólo no hacen falta adelantos de proclamación sino que estos complican el escenario para que lo primero ocurra en un ambiente de tranquilidad y reflexión. Entre personeros no hay sino discusión permanente y está bien que eso sea así. Procuren hacerla dentro del JNE y no frente a las cámaras de televisión.
La tercera recomendación está dirigida a nosotros los ciudadanos. Este es un momento especialmente bueno para reflexionar. Vienen algunos días en los que estaremos un poco más lejos de las noticias y deberíamos pensar en que decisiones nos llevaron a estar en la situación en la que estamos. Por lo pronto varios candidatos luego del baño de humildad necesitan entender que solos no son nadie y que se requiere efectivos esfuerzos de sumar. Para ello se necesitan grandes dosis de apertura, tolerancia y saber priorizar cuáles son los temas fundamentales que permiten formar frentes comunes. Para el resto de peruanos se impone una dosis de reflexión para entender -de un lado del electorado- porqué ganó Humala (no Ulises ni Antauro, sino Ollanta). Del otro lado, hay uno de cada tres peruanos que debería pensar si en realidad vale la pena ignorar los vínculos visibles de Montesinos. Esos peruanos no sienten que hayan sido sus recursos los que fueron robados, para ellos la esperanza que ahora sí el presidente se acuerde de ellos es más que suficiente para arriesgar nuevamente por los improvisados.
Publicado en El Comercio Abril 13, 2006
Thursday, April 06, 2006
Los próximos cinco años
Ayer se cumplió un aniversario más de uno de los históricos saltos al vacío que el Perú ha dado en su historia reciente. En su momento, la mayoría de la población (me incluyo) consideramos que el golpe radical de timón era absolutamente necesario. A pesar de no haber vivido esos años en Perú la sensación de angustia de buscar en la tapa de los diarios argentinos si volvía a aparecer la esquina de la casa de mis padres bajo el titular “Sendero coloca coche bomba” creo que era razón suficiente para ignorar el respeto por las instituciones.
Es curioso pero uno podría decir que gran parte de la población estuvo a favor del autogolpe del 5 de abril porque sentía que los políticos no les daban lo que más necesitaban: la sensación que alguien se estaba haciendo cargo de eliminar el terrorismo. Hoy, lo que pide la mayoría es otra cosa pero igual que ayer la mayoría de la población no titubea cuando le preguntan por los detalles de los planteamientos. Por aquello que está más allá de los slogans, de las provocaciones para la plaza. Creo que esta comparación es un tanto injusta porque la sensación de descontrol, de desgobierno no son comparables con lo que vivimos a inicios de la década pasada. Sin duda, el gobierno no ha hecho una tarea eficiente pero tampoco es que la labor del gobierno haya sido un desastre completo. La angustia de muchos peruanos es que ahora algunos viven una etapa de bonanza que no comparten y por eso la bronca contra todo lo que parezca el orden establecido.
La economía peruana no crece porque el presidente lo quiere. Por suerte no es así. Es cierto que por diseño el poder del presidente es muy fuerte y muchas veces se impone al del Congreso, pero en la práctica seguimos siendo una economía pequeña y abierta. Por ello, cuando al resto del mundo le va mal es muy difícil que a nosotros nos vaya bien. Igualmente cuando las cosas van bien afuera (como en estos años) al Perú también le va bien. Claro está para muchos estas últimas dos frases no son ciertas. Para ellos no importa como les va el mundo, a ellos sólo les importa si es que la mano generosa del Presidente y del Estado los favoreció o no. Los gobiernos no han hecho lo suficiente para que todos podamos compartir el sentimiento de que es nuestro esfuerzo como país el que hace que nos vaya mejor que al mundo, no importa si las cosas afuera son más o menos complicadas. Nuestras recetas en lugar de integrar a esta amplia porción de la población típicamente ha sido darle mayores potestades a quien elegimos presidente confiados en que estaremos en la ruta de esa mano generosa. Realmente esa visión es terrible pues ciframos nuestro destino a una volátil voluntad ajena y no a nuestro esfuerzo y trabajo.
Es hora que los peruanos dejemos de creer que la historia se debe escribir a punta de golpes de timón. Es cierto que quien maneje el barco de nuestra economía deberá tener un norte claro y entender que poco se consigue si sólo se consigue para unos pocos. Para ello se necesita del esfuerzo de todos, en especial de los que hoy dicen que harían cualquier cosa por el Perú. Después del domingo los peruanos necesitamos que nuestros políticos entiendan de una buena vez que ellos se irán en cinco años y nosotros nos seguiremos quedando.
Publicado en El Comercio, Abril 6, 2006
Es curioso pero uno podría decir que gran parte de la población estuvo a favor del autogolpe del 5 de abril porque sentía que los políticos no les daban lo que más necesitaban: la sensación que alguien se estaba haciendo cargo de eliminar el terrorismo. Hoy, lo que pide la mayoría es otra cosa pero igual que ayer la mayoría de la población no titubea cuando le preguntan por los detalles de los planteamientos. Por aquello que está más allá de los slogans, de las provocaciones para la plaza. Creo que esta comparación es un tanto injusta porque la sensación de descontrol, de desgobierno no son comparables con lo que vivimos a inicios de la década pasada. Sin duda, el gobierno no ha hecho una tarea eficiente pero tampoco es que la labor del gobierno haya sido un desastre completo. La angustia de muchos peruanos es que ahora algunos viven una etapa de bonanza que no comparten y por eso la bronca contra todo lo que parezca el orden establecido.
La economía peruana no crece porque el presidente lo quiere. Por suerte no es así. Es cierto que por diseño el poder del presidente es muy fuerte y muchas veces se impone al del Congreso, pero en la práctica seguimos siendo una economía pequeña y abierta. Por ello, cuando al resto del mundo le va mal es muy difícil que a nosotros nos vaya bien. Igualmente cuando las cosas van bien afuera (como en estos años) al Perú también le va bien. Claro está para muchos estas últimas dos frases no son ciertas. Para ellos no importa como les va el mundo, a ellos sólo les importa si es que la mano generosa del Presidente y del Estado los favoreció o no. Los gobiernos no han hecho lo suficiente para que todos podamos compartir el sentimiento de que es nuestro esfuerzo como país el que hace que nos vaya mejor que al mundo, no importa si las cosas afuera son más o menos complicadas. Nuestras recetas en lugar de integrar a esta amplia porción de la población típicamente ha sido darle mayores potestades a quien elegimos presidente confiados en que estaremos en la ruta de esa mano generosa. Realmente esa visión es terrible pues ciframos nuestro destino a una volátil voluntad ajena y no a nuestro esfuerzo y trabajo.
Es hora que los peruanos dejemos de creer que la historia se debe escribir a punta de golpes de timón. Es cierto que quien maneje el barco de nuestra economía deberá tener un norte claro y entender que poco se consigue si sólo se consigue para unos pocos. Para ello se necesita del esfuerzo de todos, en especial de los que hoy dicen que harían cualquier cosa por el Perú. Después del domingo los peruanos necesitamos que nuestros políticos entiendan de una buena vez que ellos se irán en cinco años y nosotros nos seguiremos quedando.
Publicado en El Comercio, Abril 6, 2006
Thursday, March 30, 2006
Escenarios electorales
No hay nadie que no quiera saber la última encuesta, el último dato, el último chisme sobre las elecciones. Para muchos esta elección presidencial representa un grado de incertidumbre pocas veces visto. La vez pasada cuando fue elegido Toledo para muchos no había mucho de que temer pues muchas caras conocidas acompañaban al presidente. Inclusive el presidente tenía un discurso populista pero más tradicional: ofrecía a manos llenas en medio de un país en recesión. Hoy sin embargo, el temor es mayor pues por un lado las caras que hemos conocido en la campaña preocupan y por otro el discurso populista está teñido por una postura de reivindicación por las buenas o por las malas. Del otro lado, la primera mujer que podría ser presidenta ha tenido muchos problemas en transmitirle a la población más pobre del país que su plan está enfocado en atender los problemas de ellos. De cara a una población que tiene serios problemas de comprensión básica según lo que revelan los resultados de las encuestas de calidad educativa, los mensajes han sido extremadamente complejos.
Lo que más nos preocupa son los problemas de gobernabilidad que cualquiera de los dos candidatos tendrá que enfrentar si es que recibe el favor de los votos. Por un lado, Lourdes Flores deberá sentarse desde el primer día con todos para lograr el apoyo en la implementación de un plan decididamente a favor de otorgar más oportunidades a los pobres. Ella no podrá esperar una mayoría en el Congreso, o un mandato claro para realizar un programa de reformas de difícil aprobación en el Congreso. Ella va a necesitar abundante toma y daca, conversación y concertación previa. De otro modo, nos espera un escenario de confrontación y bloqueo de iniciativas.
Por otro lado, Ollanta Humala sigue generando la duda de cómo administrará un triunfo en segunda vuelta. ¿Optará por forzar al Congreso opositor a aprobar medidas como la introducción de acciones doradas, el impuesto a las sobreganancias o cosas por el estilo? O de repente optará por aprovechar su pretendido triunfo en segunda vuelta para apurar el tránsito a una Asamblea Constituyente que sólo ellos quieren. En ese sentido, podría optar por arrinconar más a los partidos “tradicionales” contra la supuesta voluntad popular. Luego de esto el camino de reformas radicales será más simple de ejecutar. En caso contrario, nos parece que el camino está lleno de problemas. Humala va a querer mostrar logros concretos en el corto plazo y no pareciera estar muy dispuesto a respetar los plazos, las formas o procedimientos establecidos.
Lo cierto es que el trasfondo real de esta elección es los partidos una vez más fallaron en lograr ser reconocidos como instrumentos capaces de cambiar la perspectiva de un amplio sector de la población que se siente engañada y frustrada. Una mayoría que no le importa arriesgar por lo nuevo, lo incierto. Una mayoría de la población que no termina entender que gana con o sin democracia. Una mayoría de peruanos que no lee la prensa y que le importa poco o nada la libertad de opinión. Ellos no sienten el miedo a un salto al vacío.
Publicado en El Comercio, Marzo 30 2006
Lo que más nos preocupa son los problemas de gobernabilidad que cualquiera de los dos candidatos tendrá que enfrentar si es que recibe el favor de los votos. Por un lado, Lourdes Flores deberá sentarse desde el primer día con todos para lograr el apoyo en la implementación de un plan decididamente a favor de otorgar más oportunidades a los pobres. Ella no podrá esperar una mayoría en el Congreso, o un mandato claro para realizar un programa de reformas de difícil aprobación en el Congreso. Ella va a necesitar abundante toma y daca, conversación y concertación previa. De otro modo, nos espera un escenario de confrontación y bloqueo de iniciativas.
Por otro lado, Ollanta Humala sigue generando la duda de cómo administrará un triunfo en segunda vuelta. ¿Optará por forzar al Congreso opositor a aprobar medidas como la introducción de acciones doradas, el impuesto a las sobreganancias o cosas por el estilo? O de repente optará por aprovechar su pretendido triunfo en segunda vuelta para apurar el tránsito a una Asamblea Constituyente que sólo ellos quieren. En ese sentido, podría optar por arrinconar más a los partidos “tradicionales” contra la supuesta voluntad popular. Luego de esto el camino de reformas radicales será más simple de ejecutar. En caso contrario, nos parece que el camino está lleno de problemas. Humala va a querer mostrar logros concretos en el corto plazo y no pareciera estar muy dispuesto a respetar los plazos, las formas o procedimientos establecidos.
Lo cierto es que el trasfondo real de esta elección es los partidos una vez más fallaron en lograr ser reconocidos como instrumentos capaces de cambiar la perspectiva de un amplio sector de la población que se siente engañada y frustrada. Una mayoría que no le importa arriesgar por lo nuevo, lo incierto. Una mayoría de la población que no termina entender que gana con o sin democracia. Una mayoría de peruanos que no lee la prensa y que le importa poco o nada la libertad de opinión. Ellos no sienten el miedo a un salto al vacío.
Publicado en El Comercio, Marzo 30 2006
Thursday, March 23, 2006
Topes a las tasas de interés
Si yo le ofreciera a usted que en vez de pagar 12 por ciento por su crédito hipotecario va a pagar 10 por ciento inmediatamente usted me preguntará donde firmamos. Obviamente todos nosotros quisiéramos que algo así nos pase. El problema es que eso no es lo que en realidad se nos ofrece. El equipo económico del candidato que va primero en las encuestas ha ofrecido ponerle topes a las tasas de interés. Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Es decir, los topes a las tasas es la típica regulación de aquellos gobiernos que se preocupan frente a tasas de interés muy altas. Según su razonamiento, se necesita mano dura contra los “abusivos” y se debe obligar a que ninguna institución financiera pueda cobrar más de una cierta tasa fijada por el gobierno. En su lógica cualquier tasa más allá de esos límites o topes es usurera y no debe permitirse. Dicho esto en una plaza sin duda arranca aplausos rabiosos de la platea.
Lo que no se dice porque eso ya no trae aplausos es que en ese análisis no se toma en cuenta ni quien es el que está prestando ni quien es el que está tomando prestado. Para estos caballeros no importa si el que otorga el crédito es un banco, una caja municipal, una Edpyme o lo que fuera. Y tampoco importa si el que recibe el crédito es usted, yo, una empresa formal, informal, o lo que fuera. Es como si asumiéramos que todas estas entidades financieras y que todas las empresas o personas fueran iguales entre si. Pero usted y yo sabemos que eso no es así.
Mientras algunas entidades financieras obtienen sus recursos de manera más cara otras lo hacen de modo más económico. Mientras unas atienden a empresas mucho más riesgosas otras van por las más seguras. Insisto con algo que ya alguna vez dije. Nadie le está poniendo una pistola en la sien a estas empresas o personas que toman créditos aparentemente caros para nosotros. Puede ser que haya muchas personas que no entiendan que si toman un crédito a tasas de 50 por ciento anual más vale que tengan con qué pagarlo a tiempo porque la deuda crecerá exponencialmente si no se cancela. A veces pareciera que no se entiende que estas transacciones son voluntarias y por lo tanto mutuamente beneficiosas. La entidad financiera y la persona (o empresa) ambos corren el riesgo de las cosas no resulten. Al mismo tiempo, ambos apuestan por un resultado positivo.
Si se ponen topes a las tasas de interés la respuesta de todas las entidades financieras incluyendo a aquellas que hoy entregan el primer crédito de sus vidas a las microempresas será dejar de hacerlo. ¿Quién será el único que le ofrecerá crédito al dueño de esa bodega que quiere aumentar en 50 por ciento sus compras de arroz y azúcar cuando impongan los topes? Será un prestamista informal quien sin duda alguna le cobrará una tasa mayor al tope supuestamente impuesto por el gobierno que se preocupa por los pobres. En ese sentido, si los topes a las tasas de interés no terminarán limitando el costo de las deudas de los empresarios emergentes sino que estos topes serán un freno al desarrollo de una sana bancarización. A veces los gobiernos pecan de entusiastas y en el camino hacen más daño a los supuestos beneficiarios.
Publicado en El Comercio, Marzo 23, 2006
Lo que no se dice porque eso ya no trae aplausos es que en ese análisis no se toma en cuenta ni quien es el que está prestando ni quien es el que está tomando prestado. Para estos caballeros no importa si el que otorga el crédito es un banco, una caja municipal, una Edpyme o lo que fuera. Y tampoco importa si el que recibe el crédito es usted, yo, una empresa formal, informal, o lo que fuera. Es como si asumiéramos que todas estas entidades financieras y que todas las empresas o personas fueran iguales entre si. Pero usted y yo sabemos que eso no es así.
Mientras algunas entidades financieras obtienen sus recursos de manera más cara otras lo hacen de modo más económico. Mientras unas atienden a empresas mucho más riesgosas otras van por las más seguras. Insisto con algo que ya alguna vez dije. Nadie le está poniendo una pistola en la sien a estas empresas o personas que toman créditos aparentemente caros para nosotros. Puede ser que haya muchas personas que no entiendan que si toman un crédito a tasas de 50 por ciento anual más vale que tengan con qué pagarlo a tiempo porque la deuda crecerá exponencialmente si no se cancela. A veces pareciera que no se entiende que estas transacciones son voluntarias y por lo tanto mutuamente beneficiosas. La entidad financiera y la persona (o empresa) ambos corren el riesgo de las cosas no resulten. Al mismo tiempo, ambos apuestan por un resultado positivo.
Si se ponen topes a las tasas de interés la respuesta de todas las entidades financieras incluyendo a aquellas que hoy entregan el primer crédito de sus vidas a las microempresas será dejar de hacerlo. ¿Quién será el único que le ofrecerá crédito al dueño de esa bodega que quiere aumentar en 50 por ciento sus compras de arroz y azúcar cuando impongan los topes? Será un prestamista informal quien sin duda alguna le cobrará una tasa mayor al tope supuestamente impuesto por el gobierno que se preocupa por los pobres. En ese sentido, si los topes a las tasas de interés no terminarán limitando el costo de las deudas de los empresarios emergentes sino que estos topes serán un freno al desarrollo de una sana bancarización. A veces los gobiernos pecan de entusiastas y en el camino hacen más daño a los supuestos beneficiarios.
Publicado en El Comercio, Marzo 23, 2006
Wednesday, March 22, 2006
Explicando el Perú a los extranjeros
Mientras usted lee estas líneas yo estaré paseando por las calles del viejo San Juan de Puerto Rico. Además de conocer un poco la ciudad debo presentar en el congreso de latinoamericanistas un trabajo que hicimos con una colega de la Universidad del Pacífico sobre los obstáculos para elaborar políticas en el Perú. En dicho congreso un grupo de peruanistas discutirá al igual que usted y yo las últimas encuestas y los posibles escenarios. En ese trabajo nosotros tratamos de explicar las razones institucionales por las que nuestras políticas han tenido algunas características poco deseables como ser volátiles, arbitrarias y fácilmente reversibles. Es cierto que hay excepciones muy evidentes pero no podemos negar nuestro pasado.
En el trabajo discutimos primero cual es el rol de los actores involucrados en esto. Es decir, el Ejecutivo, Legislativo los partidos políticos, la sociedad civil y el poder judicial. Lo que encontramos es un Ejecutivo poderoso pero con varios sectores donde la burocracia está mal preparada. Un Poder Legislativo cuyo comportamiento depende mucho si es que hay o no una mayoría. Cuando no la hay la tensa relación con el Ejecutivo se expresa en una alta proporción de leyes observadas. Sin duda, el Legislativo muestra enormes carencias en su capacidad de formular políticas y una debilidad al no tener ningún mecanismo que evite que las propuestas de ley sean tan abundantes. Asimismo, encontramos partidos políticos débiles, incapaces de ser verdaderos interlocutores entre la ciudadanía y el gobierno.
Pero las características de los actores en realidad dependen de factores más institucionales como son las reglas electorales, la Constitución, y por supuesto de nuestra experiencia histórica y características de nuestra sociedad. Por ejemplo, la valla electoral reducirá el número de partidos en el Congreso y por lo tanto debería facilitar la negociación política en el Congreso.
Ahora que estamos próximos a elegir a un nuevo presidente resulta increíble como el Perú vuelve a estar dispuesto a apostar una vez más por un proyecto gestado por un partido inexistente hasta hace unos meses, por alguien que nunca tuvo ningún rol en la política peruana. ¿Cómo entender que los peruanos prefieren cambios bruscos en vez de cambios paulatinos? ¿Cómo comprender que preferirían que el Estado se meta más en las decisiones empresariales? ¿Cómo se puede explicar que el recuerdo de Velasco sea una imagen positiva para los electores, si a partir de dicho gobierno el Perú perdió su ruta de crecimiento? ¿Será acaso que la sensación de frustración con lo que el modelo económico les da a esta gran parte de la población domina sobre cualquiera de estos razonamientos?
Como ven frente a las preguntas de los extranjeros sobre cómo entender el Perú no tengo sino más preguntas que respuestas. Si alguien me ofrece alguna explicación convincente se las contaré la próxima semana, mientras tanto seguiré buscando respuestas en estas playas lejos del alboroto de las encuestas.
Publicado en El Comercio, Marzo 16, 2006
En el trabajo discutimos primero cual es el rol de los actores involucrados en esto. Es decir, el Ejecutivo, Legislativo los partidos políticos, la sociedad civil y el poder judicial. Lo que encontramos es un Ejecutivo poderoso pero con varios sectores donde la burocracia está mal preparada. Un Poder Legislativo cuyo comportamiento depende mucho si es que hay o no una mayoría. Cuando no la hay la tensa relación con el Ejecutivo se expresa en una alta proporción de leyes observadas. Sin duda, el Legislativo muestra enormes carencias en su capacidad de formular políticas y una debilidad al no tener ningún mecanismo que evite que las propuestas de ley sean tan abundantes. Asimismo, encontramos partidos políticos débiles, incapaces de ser verdaderos interlocutores entre la ciudadanía y el gobierno.
Pero las características de los actores en realidad dependen de factores más institucionales como son las reglas electorales, la Constitución, y por supuesto de nuestra experiencia histórica y características de nuestra sociedad. Por ejemplo, la valla electoral reducirá el número de partidos en el Congreso y por lo tanto debería facilitar la negociación política en el Congreso.
Ahora que estamos próximos a elegir a un nuevo presidente resulta increíble como el Perú vuelve a estar dispuesto a apostar una vez más por un proyecto gestado por un partido inexistente hasta hace unos meses, por alguien que nunca tuvo ningún rol en la política peruana. ¿Cómo entender que los peruanos prefieren cambios bruscos en vez de cambios paulatinos? ¿Cómo comprender que preferirían que el Estado se meta más en las decisiones empresariales? ¿Cómo se puede explicar que el recuerdo de Velasco sea una imagen positiva para los electores, si a partir de dicho gobierno el Perú perdió su ruta de crecimiento? ¿Será acaso que la sensación de frustración con lo que el modelo económico les da a esta gran parte de la población domina sobre cualquiera de estos razonamientos?
Como ven frente a las preguntas de los extranjeros sobre cómo entender el Perú no tengo sino más preguntas que respuestas. Si alguien me ofrece alguna explicación convincente se las contaré la próxima semana, mientras tanto seguiré buscando respuestas en estas playas lejos del alboroto de las encuestas.
Publicado en El Comercio, Marzo 16, 2006
Friday, March 10, 2006
Crear empleo
Aun recuerdo cuando hace 20 años me ofrecieron mi primer empleo. La sensación fue inolvidable porque alguien creía que valía la pena usar su dinero por lo que yo podía ofrecer. Ese ofrecimiento venía de una necesidad genuina de que alguien hiciera bien una lista de tareas definidas y que pudiera colaborar en otra larga lista de tareas no definidas. Lo que está detrás de cada empleo es que hay alguien dispuesto a pagar de su plata por lo que uno puede ofrecer. Típicamente nuestra remuneración estará en función de cuánto podemos aportar a la compañía en la que uno trabaja. Obviamente también hay un elemento de responsabilidad que es tomado en cuenta a la hora de fijar dicha remuneración.
Esta semana y como parte de la campaña el electoral han resucitado el PAIT. Para aquellos que no reconocen estas siglas de inmediato me refiero al Programa de Apoyo al Ingreso Temporal que funcionó entre 1985 y 1990. Este programa se planteó como una salida temporal a un problema que en algunos casos no es temporal. Es decir, mucha gente no encuentra esa empresa dispuesta a contratarlo por un monto que nosotros estemos dispuestos a aceptar. Esta situación es una de las principales motivaciones para que una gran cantidad de peruanos opten por migrar y buscar esa empresa en otro país.
A mucha gente le parece pésimo esto y a mi no tanto. En un mundo verdaderamente globalizado las empresas que buscan nuestros servicios no tienen porqué limitarse a las que operan en el país en el que uno nació. Es más, uno debería tener la libertad (que hoy no existe) de buscar ese empleo que no encuentra en su país.
El problema de soluciones como la del PAIT es que se pretende “crear” empleo utilizando recursos públicos para eso. Para que no se vea como que el Estado está regalando plata se les pide a esas personas a que hagan algo aparentemente productivo. Ustedes recordarán las imágenes de filas de personas limpiando los bordes de las carreteras o construyendo pequeños caminos. Lo curioso de esto es que por alguna razón antes de la aparición de este programa ( PAIT) nadie estaba dispuesto a pagar por eso. ¿Por qué creen que pasaba eso? Porque la gente no es solidaria o porque para nadie era negocio.
¡Cómo les cuesta a nuestros políticos entender que el empleo que supuestamente se “crea” con fondos públicos es un mal negocio para los peruanos! Esos fondos se dejan de gastar en cosas más productivas. Esos fondos se obtienen poniendo impuestos tan altos que hacen más difícil mantener en la formalidad a una pequeña empresa. Esos fondos nunca serán suficientes para resolver significativamente el problema que intentan resolver. Es muy fácil que estos programas se conviertan en herramientas politizadas de acción social. Pasó con el PAIT del APRA y pasó con Fujimori y FONCODES. Aprendamos de nuestros errores. El gobierno debe buscar que las empresas creen empleo. Ese es empleo genuino, alguien dispuesto a pagar con su propia plata a alguien por realizar una tarea. Lo otro es un ejemplo más de la falsa solidaridad de la que hablaba la semana anterior.
Publicado en El Comercio, Marzo 9, 2006
Esta semana y como parte de la campaña el electoral han resucitado el PAIT. Para aquellos que no reconocen estas siglas de inmediato me refiero al Programa de Apoyo al Ingreso Temporal que funcionó entre 1985 y 1990. Este programa se planteó como una salida temporal a un problema que en algunos casos no es temporal. Es decir, mucha gente no encuentra esa empresa dispuesta a contratarlo por un monto que nosotros estemos dispuestos a aceptar. Esta situación es una de las principales motivaciones para que una gran cantidad de peruanos opten por migrar y buscar esa empresa en otro país.
A mucha gente le parece pésimo esto y a mi no tanto. En un mundo verdaderamente globalizado las empresas que buscan nuestros servicios no tienen porqué limitarse a las que operan en el país en el que uno nació. Es más, uno debería tener la libertad (que hoy no existe) de buscar ese empleo que no encuentra en su país.
El problema de soluciones como la del PAIT es que se pretende “crear” empleo utilizando recursos públicos para eso. Para que no se vea como que el Estado está regalando plata se les pide a esas personas a que hagan algo aparentemente productivo. Ustedes recordarán las imágenes de filas de personas limpiando los bordes de las carreteras o construyendo pequeños caminos. Lo curioso de esto es que por alguna razón antes de la aparición de este programa ( PAIT) nadie estaba dispuesto a pagar por eso. ¿Por qué creen que pasaba eso? Porque la gente no es solidaria o porque para nadie era negocio.
¡Cómo les cuesta a nuestros políticos entender que el empleo que supuestamente se “crea” con fondos públicos es un mal negocio para los peruanos! Esos fondos se dejan de gastar en cosas más productivas. Esos fondos se obtienen poniendo impuestos tan altos que hacen más difícil mantener en la formalidad a una pequeña empresa. Esos fondos nunca serán suficientes para resolver significativamente el problema que intentan resolver. Es muy fácil que estos programas se conviertan en herramientas politizadas de acción social. Pasó con el PAIT del APRA y pasó con Fujimori y FONCODES. Aprendamos de nuestros errores. El gobierno debe buscar que las empresas creen empleo. Ese es empleo genuino, alguien dispuesto a pagar con su propia plata a alguien por realizar una tarea. Lo otro es un ejemplo más de la falsa solidaridad de la que hablaba la semana anterior.
Publicado en El Comercio, Marzo 9, 2006
Thursday, February 23, 2006
La falsa solidaridad
Hasta hoy la campaña electoral sigue pareciéndose más a un concurso de belleza que a un concurso de talentos. A los candidatos se les revisa por el revés y por el derecho en su vida privada, se les pregunta por sus opciones individuales y muy poco por sus ideas políticas. Como en todo concurso de baile las parejas poco a poco se van agotando y se van quedando sin nuevos pasos para mostrar y entonces la discusión puede pasar a otros temas. Uno de los temas centrales que hasta ahora no es realmente abordado en la campaña es la reforma de los programas sociales a cargo del Estado.
La visión que se tiene al respecto es una donde el Estado “tiene” que intervenir para corregir profundas diferencias en educación, nutrición, salud, y cobertura previsional. Nadie discute que estas diferencias existen o que es imperativo buscar que la acción del Estado busque corregirlas. El centro del problema es cómo hacerlo. Pero quería reflexionar en esta nota sobre uno de los principios que fundamentan la acción social del Estado: el de la solidaridad.
Muchas veces se argumenta que la necesidad de la intervención del Estado se basa en el principio básico de la solidaridad. Se alega que el Estado no puede dejar de atender las demandas sociales. En la práctica eso es exactamente lo que hace todos los días. Un ejemplo reciente es cuando se pide que el Estado pague parte de las pensiones de los trabajadores que no logran generar un aporte suficiente para tener una pensión mínima. Nos olvidamos rápidamente que esos recursos provienen de los impuestos que usted y yo pagamos. Pero también salen del bolsillo de muchos contribuyentes que no recibirán nada de ese beneficio a pesar que muchos de ellos tienen menores ingresos que los que si recibirán el beneficio. ¿Uno puede hablar de solidaridad cuando también pagan los que menos tienen?
Podríamos utilizar el ejemplo de los subsidios a la educación universitaria pública. ¿Por qué alguien que a las justas logrará que sus hijos terminen secundaria en un colegio público debe ver que sus impuestos los destinen a financiarle la educación superior de otros de mayores ingresos en lugar de que ella reciba agua potable en su casa?
Sin duda que las razones que explican esas situaciones son políticas. Es muy difícil para cualquiera que esté a cargo del Estado quitar beneficios que venía otorgando. Pero hay que saber diferenciar que muchas veces el Estado no necesita usar su mano (y sus fondos) para atender esas necesidades. Lo que si hace falta es que sus políticas busquen que esas necesidades sean atendidas por quienes mejor lo pueden hacer. Si vemos los ejemplos (i.e. Tans, PetroPerú) que tenemos a la vista en la mayoría de los casos no es el Estado quien se lleva las palmas. Aunque sea políticamente incorrecto, al futuro presidente le corresponde reformar la acción del Estado en estos temas. No hacerlo es seguir excluyendo a quienes no logran hacer sentir su voz.
Publicado en El Comercio, Febrero 23, 2006
La visión que se tiene al respecto es una donde el Estado “tiene” que intervenir para corregir profundas diferencias en educación, nutrición, salud, y cobertura previsional. Nadie discute que estas diferencias existen o que es imperativo buscar que la acción del Estado busque corregirlas. El centro del problema es cómo hacerlo. Pero quería reflexionar en esta nota sobre uno de los principios que fundamentan la acción social del Estado: el de la solidaridad.
Muchas veces se argumenta que la necesidad de la intervención del Estado se basa en el principio básico de la solidaridad. Se alega que el Estado no puede dejar de atender las demandas sociales. En la práctica eso es exactamente lo que hace todos los días. Un ejemplo reciente es cuando se pide que el Estado pague parte de las pensiones de los trabajadores que no logran generar un aporte suficiente para tener una pensión mínima. Nos olvidamos rápidamente que esos recursos provienen de los impuestos que usted y yo pagamos. Pero también salen del bolsillo de muchos contribuyentes que no recibirán nada de ese beneficio a pesar que muchos de ellos tienen menores ingresos que los que si recibirán el beneficio. ¿Uno puede hablar de solidaridad cuando también pagan los que menos tienen?
Podríamos utilizar el ejemplo de los subsidios a la educación universitaria pública. ¿Por qué alguien que a las justas logrará que sus hijos terminen secundaria en un colegio público debe ver que sus impuestos los destinen a financiarle la educación superior de otros de mayores ingresos en lugar de que ella reciba agua potable en su casa?
Sin duda que las razones que explican esas situaciones son políticas. Es muy difícil para cualquiera que esté a cargo del Estado quitar beneficios que venía otorgando. Pero hay que saber diferenciar que muchas veces el Estado no necesita usar su mano (y sus fondos) para atender esas necesidades. Lo que si hace falta es que sus políticas busquen que esas necesidades sean atendidas por quienes mejor lo pueden hacer. Si vemos los ejemplos (i.e. Tans, PetroPerú) que tenemos a la vista en la mayoría de los casos no es el Estado quien se lleva las palmas. Aunque sea políticamente incorrecto, al futuro presidente le corresponde reformar la acción del Estado en estos temas. No hacerlo es seguir excluyendo a quienes no logran hacer sentir su voz.
Publicado en El Comercio, Febrero 23, 2006
Thursday, February 16, 2006
Desafiliación: Un engaña (no tan) muchachos
El Congreso ha prometido insistir en la ley que autoriza que los trabajadores que en su momento optaron libremente por una AFP retornen en cualquier momento al sistema nacional de pensiones. El Ejecutivo mientras tanto intenta limitar el momento de esta segunda decisión al instante en que el trabajador se jubila. Cuando hablo del tema de AFP siempre pido que piensen en el afiliado. Es decir, las normas a veces parecen buenas pero muchas veces sólo lo parecen. Esta es una de esas. El MEF ha puesto el grito en el cielo y ha dicho que de aprobarse esta ley podrían desafiliarse un poco más de 200 mil afiliados con un costo más allá de los 2,700 millones de dólares. Creo que el MEF se equivoca en esto. No creo que la norma sea mala porque mucha gente se desafilie. La norma es mala porque ofrece algo que no existe: mejores pensiones en el SNP para todos los que se desafilien. Eso es más falso que un billete de dos soles.
Las mejores pensiones sólo serán para un grupo muy reducido de personas. Es más, inclusive ese grupo no ha empezado a hacer números sobre cuánto es lo que le costará desafiliarse. A todos los que están pensando en que esta es la ley que estaban esperando los invito a calcular cuanto les costará pasarse. Se darán cuenta que buena parte de su fondo está ahí porque las inversiones que las AFP hicieron han generado una buena rentabilidad. Se darán cuenta –en algunos casos- que no tienen la plata para pagar la desafiliación de una sola vez. ¿Los demás afiliados tenemos que pagar ese costo? O peor aún, seremos todos los peruanos quienes debamos pagar con nuestros impuestos ese costo. Lo lógico sería que cada uno baile con su pañuelo. Si se está aprobando esta ley en el nombre de la libertad individual, entonces que cada quien pague lo que debe. Eso de pedir plata ajena no es libertad, es abuso.
Insisto en que la solución al problema de diez o doce mil personas no puede ser dar un paso en el sentido contrario a completar la reforma previsional en el país. No tiene ningún sentido seguir manteniendo este diseño institucional donde el sistema privado y el sistema público de pensiones supuestamente compiten con reglas distintas. Es urgente replantear el debate para pensar en sistemas complementarios entre sí, donde el Estado busque (1) ampliar la cobertura previsional a una mayor proporción de la población, (2) mejorar el nivel de las pensiones de todos los trabajadores. Para ello, no se necesita dos sistemas trabajando uno peleando con el otro sino dos sistemas apoyándose entre sí, nutriéndose uno de las fortalezas del otro y viceversa.
Soluciones intermedias como la que planteará el Ejecutivo dejando libertad de elegir al momento de la jubilación sólo prolongarán un problema que no es de diez o doce mil trabajadores sino de millones que hoy no tienen pensión alguna. Lamentablemente el Congreso no la ve y el Ejecutivo parece más preocupado en poner el dedo en los huecos de un embalse ya bastante agujereado por la creatividad legislativa. Y los candidatos a la presidencia están más interesados en besar bebes o ensayar pasos de baile, que en proponer reformas que efectivamente mejoren el bienestar de los trabajadores. Tanto para los que hoy esperan tener una pensión como para los que no.
Publicado en El Comercio, Febrero 16, 2006
Las mejores pensiones sólo serán para un grupo muy reducido de personas. Es más, inclusive ese grupo no ha empezado a hacer números sobre cuánto es lo que le costará desafiliarse. A todos los que están pensando en que esta es la ley que estaban esperando los invito a calcular cuanto les costará pasarse. Se darán cuenta que buena parte de su fondo está ahí porque las inversiones que las AFP hicieron han generado una buena rentabilidad. Se darán cuenta –en algunos casos- que no tienen la plata para pagar la desafiliación de una sola vez. ¿Los demás afiliados tenemos que pagar ese costo? O peor aún, seremos todos los peruanos quienes debamos pagar con nuestros impuestos ese costo. Lo lógico sería que cada uno baile con su pañuelo. Si se está aprobando esta ley en el nombre de la libertad individual, entonces que cada quien pague lo que debe. Eso de pedir plata ajena no es libertad, es abuso.
Insisto en que la solución al problema de diez o doce mil personas no puede ser dar un paso en el sentido contrario a completar la reforma previsional en el país. No tiene ningún sentido seguir manteniendo este diseño institucional donde el sistema privado y el sistema público de pensiones supuestamente compiten con reglas distintas. Es urgente replantear el debate para pensar en sistemas complementarios entre sí, donde el Estado busque (1) ampliar la cobertura previsional a una mayor proporción de la población, (2) mejorar el nivel de las pensiones de todos los trabajadores. Para ello, no se necesita dos sistemas trabajando uno peleando con el otro sino dos sistemas apoyándose entre sí, nutriéndose uno de las fortalezas del otro y viceversa.
Soluciones intermedias como la que planteará el Ejecutivo dejando libertad de elegir al momento de la jubilación sólo prolongarán un problema que no es de diez o doce mil trabajadores sino de millones que hoy no tienen pensión alguna. Lamentablemente el Congreso no la ve y el Ejecutivo parece más preocupado en poner el dedo en los huecos de un embalse ya bastante agujereado por la creatividad legislativa. Y los candidatos a la presidencia están más interesados en besar bebes o ensayar pasos de baile, que en proponer reformas que efectivamente mejoren el bienestar de los trabajadores. Tanto para los que hoy esperan tener una pensión como para los que no.
Publicado en El Comercio, Febrero 16, 2006
Thursday, January 26, 2006
La inestabilidad nuestra de cada día
Los peruanos debemos ser una especie en extinción. Nunca habíamos llegamos a una transición política con la economía andando tan firme como ahora. Esta semana el INEI anuncia que la tasa de desempleo es la menor en los últimos 5 años, que la economía sigue un ritmo imparable de crecimiento, por encima del 6 por ciento. No obstante todo eso, la gente prefiere mirar de lado y señalar que el país lo que necesita es alguien con botas en vez de zapatos porque hay que mandar de una “patadita” a algunos cuantos. No estoy en contra de sanciones ejemplares pero me abruma lo emocional que puede ser el voto en el Perú. Me viene a la mente mi primera –y creo única- visita al hipódromo a la edad de 12 años con mi tío. El nos dio dinero y nos dijo –a mi primo y a mi- que apostáramos por el caballo que quisiéramos. En lugar de preocuparnos por enterarnos de la historia del caballo optamos por apostar por el que tenía el nombre que sonaba más a ganador. Obviamente perdimos la plata. No sé que hubiéramos hecho si en lugar de que la plata venga de la billetera de mi tío hubiese venido de mis propinas.
Así me siento ahora en que los peruanos en lugar de hacer su trabajo y revisar lo que realmente ofrecen los candidatos están listos para votar por el candidato que le mueve más el corazón.
El Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard me ha encargado dirigir la redacción de un libro que explique porqué la economía peruana ha crecido de la manera que ha crecido. Es decir, porqué el Perú se estancó en los setenta y en los ochenta. ¿Por qué despegamos en los noventa? ¿Por qué no aguantamos de pie una crisis externa a pesar de haber estado creciendo? ¿Por qué hoy otra vez tenemos un marcado progreso? Estas creo que son preguntas relativamente fáciles de contestar.
Las que me resultan más complicadas de contestar son: ¿Por qué voluntariamente optamos por añadir más incertidumbre a la que ya de por si nos viene dada? ¿Por qué seguimos discutiendo cómo crecer si la evidencia internacional y la nuestra es tan obvia? De repente detrás de esto es una insuficiente gestión en materia de redistribución. Países como Chile se han desarrollado pero han empeorado sus indicadores de desigualdad. Es decir, los ricos se han hecho mucho más ricos que lo que han mejorado los pobres. ¿Es eso lo que nos hace estructuralmente inestables? Pero ¿cuál es la verdadera razón detrás de esa percepción? De repente es que la calidad del gasto público es tan mala que no sirve para igualar oportunidades entre los peruanos. Es decir, la calidad de la educación pública es incomparablemente peor que la educación privada y eso limita fundamentalmente el desarrollo de las familias más pobres del Perú.
Igualmente me resulta difícil responder a preguntas como ¿por qué no les queremos exigir cuentas a nuestras congresistas? ¿Por qué nos resignamos solamente a no reelegirlos al cabo de cinco años de pésimo desempeño? ¿No es eso acaso lo que venimos haciendo los últimos 25 años?
Así me siento ahora en que los peruanos en lugar de hacer su trabajo y revisar lo que realmente ofrecen los candidatos están listos para votar por el candidato que le mueve más el corazón.
El Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard me ha encargado dirigir la redacción de un libro que explique porqué la economía peruana ha crecido de la manera que ha crecido. Es decir, porqué el Perú se estancó en los setenta y en los ochenta. ¿Por qué despegamos en los noventa? ¿Por qué no aguantamos de pie una crisis externa a pesar de haber estado creciendo? ¿Por qué hoy otra vez tenemos un marcado progreso? Estas creo que son preguntas relativamente fáciles de contestar.
Las que me resultan más complicadas de contestar son: ¿Por qué voluntariamente optamos por añadir más incertidumbre a la que ya de por si nos viene dada? ¿Por qué seguimos discutiendo cómo crecer si la evidencia internacional y la nuestra es tan obvia? De repente detrás de esto es una insuficiente gestión en materia de redistribución. Países como Chile se han desarrollado pero han empeorado sus indicadores de desigualdad. Es decir, los ricos se han hecho mucho más ricos que lo que han mejorado los pobres. ¿Es eso lo que nos hace estructuralmente inestables? Pero ¿cuál es la verdadera razón detrás de esa percepción? De repente es que la calidad del gasto público es tan mala que no sirve para igualar oportunidades entre los peruanos. Es decir, la calidad de la educación pública es incomparablemente peor que la educación privada y eso limita fundamentalmente el desarrollo de las familias más pobres del Perú.
Igualmente me resulta difícil responder a preguntas como ¿por qué no les queremos exigir cuentas a nuestras congresistas? ¿Por qué nos resignamos solamente a no reelegirlos al cabo de cinco años de pésimo desempeño? ¿No es eso acaso lo que venimos haciendo los últimos 25 años?
Thursday, January 19, 2006
El precio de una aventura
Se equivocan si creen que voy a hablar de cuanto cuesta sacarle la vuelta a la novia, esposa, pareja, o media naranja. Voy a hablar de aplicar las reglas del mercado al mercado de los votos electorales. Muchos se han rasgado las vestiduras por la avalancha de candidatos (o candidazos) presidenciales. Supuestamente la ley de partidos políticos y la valla electoral iban a reducir el número de partidos políticos. Una cosa es la bondad de la ley y otra la implementación a cargo del JNE.
Razones abundaban para buscar partidos menos partidos. En primer lugar, coordinar leyes en un parlamento con 120 “llaneros solitarios” es imposible, para eso los partidos deben jugar el rol de representar ciertos intereses, posiciones, o ideologías. Cuando eso no sucede lo que se provoca es que el Congreso sea una fábrica de leyes inadecuadas que el Ejecutivo debe mandar al archivo. Asimismo, cuando hay algún tema que es realmente importante y urgente los partidos escogen alguna ruta de escape: darle facultades legislativas al Ejecutivo para no tragar el sapo, decir que esos temas se deben discutir en un momento de mayor calma, o debatir y debatir para terminar aprobando una moción que sugiere que lo que hace falta es debatir más.
Me parece estupendo que 24 agrupaciones hayan hecho el esfuerzo económico, organizacional, y hasta emocional de inscribir sus candidaturas. No me parece malo que la gente se interese por conducir los destinos del país y que distintas personas se junten alrededor de una mesa para discutir cómo resolver los problemas del país. Creo que todo eso es sano. Sin embargo, me parece que la valla electoral aún no ha hecho efecto en los candidatos. Hagamos algunas cifras para ver si podemos tener menos fotos de aventureros en la cédula de votación en abril.
La valla electoral provocará que todo partido que obtenga menos de 4 por ciento se vaya el 8 de abril con las manos vacías. Así es, ese partido no obtendrá congresista alguno a pesar que tenga varios miles de votos a su favor. Si pensamos que la valla dejará pasar no más de 8 partidos, hay 16 que están sobrando, perdón, que no sacarán ninguna curul.
Mirando las cifras de la campaña pasada un candidato pequeño gastó alrededor de 70 mil dólares en publicidad en medios. Eso sin tomar en cuenta el gasto de cada uno de los candidatos al congreso. Si sumamos otros gastos no creo que sea muy errado pensar que un partido chico se gasta sus buenos 120 mil dólares en un campaña. Es decir, el boleto de lotería le cuesta a cada candidato al congreso unos mil dólares. Ojo que esta cifra es para un partido pequeño, de los que no sacaran nada. Si hablamos de los que tienen dos dígitos agréguele por lo menos un cero.
Nunca entré a un casino así que no puedo hablar por experiencia propia pero no sé si ustedes estarían dispuestos a perder esa cantidad de dinero en un solo día. Esperemos que la gente aprenda perdiendo y la próxima vez más intenten fortuna en un casino y no en aventuras electorales. Las leyes funcionan de a pocos. Tengamos paciencia, dejen que los aventureros sean ignorados por el mercado electoral, que pierdan su plata.
NOTA DEL AUTOR: Durante el término de la campaña electoral mis columnas no saldrán publicadas en El Comercio. Todos los jueves podrán leerlas en este blog.
Razones abundaban para buscar partidos menos partidos. En primer lugar, coordinar leyes en un parlamento con 120 “llaneros solitarios” es imposible, para eso los partidos deben jugar el rol de representar ciertos intereses, posiciones, o ideologías. Cuando eso no sucede lo que se provoca es que el Congreso sea una fábrica de leyes inadecuadas que el Ejecutivo debe mandar al archivo. Asimismo, cuando hay algún tema que es realmente importante y urgente los partidos escogen alguna ruta de escape: darle facultades legislativas al Ejecutivo para no tragar el sapo, decir que esos temas se deben discutir en un momento de mayor calma, o debatir y debatir para terminar aprobando una moción que sugiere que lo que hace falta es debatir más.
Me parece estupendo que 24 agrupaciones hayan hecho el esfuerzo económico, organizacional, y hasta emocional de inscribir sus candidaturas. No me parece malo que la gente se interese por conducir los destinos del país y que distintas personas se junten alrededor de una mesa para discutir cómo resolver los problemas del país. Creo que todo eso es sano. Sin embargo, me parece que la valla electoral aún no ha hecho efecto en los candidatos. Hagamos algunas cifras para ver si podemos tener menos fotos de aventureros en la cédula de votación en abril.
La valla electoral provocará que todo partido que obtenga menos de 4 por ciento se vaya el 8 de abril con las manos vacías. Así es, ese partido no obtendrá congresista alguno a pesar que tenga varios miles de votos a su favor. Si pensamos que la valla dejará pasar no más de 8 partidos, hay 16 que están sobrando, perdón, que no sacarán ninguna curul.
Mirando las cifras de la campaña pasada un candidato pequeño gastó alrededor de 70 mil dólares en publicidad en medios. Eso sin tomar en cuenta el gasto de cada uno de los candidatos al congreso. Si sumamos otros gastos no creo que sea muy errado pensar que un partido chico se gasta sus buenos 120 mil dólares en un campaña. Es decir, el boleto de lotería le cuesta a cada candidato al congreso unos mil dólares. Ojo que esta cifra es para un partido pequeño, de los que no sacaran nada. Si hablamos de los que tienen dos dígitos agréguele por lo menos un cero.
Nunca entré a un casino así que no puedo hablar por experiencia propia pero no sé si ustedes estarían dispuestos a perder esa cantidad de dinero en un solo día. Esperemos que la gente aprenda perdiendo y la próxima vez más intenten fortuna en un casino y no en aventuras electorales. Las leyes funcionan de a pocos. Tengamos paciencia, dejen que los aventureros sean ignorados por el mercado electoral, que pierdan su plata.
NOTA DEL AUTOR: Durante el término de la campaña electoral mis columnas no saldrán publicadas en El Comercio. Todos los jueves podrán leerlas en este blog.
Thursday, January 12, 2006
Salvavidas para el verano político
En medio del alboroto político de las 24 candidaturas presidenciales, unas a caballo, otra con guantes blancos y otros con menos fuegos artificiales el Banco Central ha hecho pública una carta de intención que se firmó hace 20 días con el Fondo Monetario Internacional.
La primera pregunta que me han hecho es para que otra carta de intención. La respuesta es muy simple. El Perú ya está viviendo un verano caliente por la campaña electoral y la multitud de mensajes generadores de incertidumbre económica que requieren tomar precauciones. El Banco Central ha venido haciendo eso hace meses. En primer lugar ha acumulado una notable cantidad de reservas internacionales de modo que no exista un peligro de que el miedo se vuelva pánico y que el dólar se vaya por las nubes. En segundo lugar, firma esta carta que si bien es cierto le permite tener acceso a fondos si es que una crisis de dimensiones apareciera en medio del verano, también le permite dar una señal de estar ocupado no sólo preocupándose. En tercer lugar, y aunque medio tarde el BCRP finalmente ha hecho más caro especular con soles al subir la tasa de interés de la liquidez de corto plazo.
En este sentido, creo que es muy prudente que el Banco Central opte por comprar un salvavidas antes que algunos candidatos presidenciales sigan haciendo olas en un mar ya de por sí agitado. Lo curioso es que los compromisos que el Banco Central puede firmar con el FMI sólo pueden durar hasta el primer semestre del año. La razón de esto es otra vez muy simple. A partir del mes de agosto el Banco Central renovará por completo su directorio. Esto es complicado porque en realidad mucha de la incertidumbre generada por las declaraciones de algunos candidatos tienen como raíz la incertidumbre de saber qué gente pondrían ellos en el directorio del BCRP si Sarita Colonia les da la bendición de salir elegidos.
El que tal o cual candidato salga electo mete miedo a la gente porque algunos los ven como capaces de vulnerar derechos de propiedad básicos con respecto a los ahorros que tienen en los bancos. Otros tienen el temor que se adopten medidas radicales con el fin de ser muy llamativos en las elecciones.
Creo que es saludable que el gobierno señale las cosas urgentes para hacer en estos seis meses de modo que esta transición política no implique mayor alboroto económico. Sin embargo, lo cierto es que muchas de estas cosas debieron hacerse antes. Los principales compromisos que el gobierno está planteando son dotar de sanciones a la ley de responsabilidad y transparencia fiscal, continuar los esfuerzos de reducir la evasión tributaria, llevar la tecnología de ejecución presupuestal a las municipalidades, hacer público las obligaciones que implícitamente asume el Estado cada vez que se firma uno de estos acuerdos público-privado para desarrollar proyectos de inversión pública. Todo esto está muy bien, obviamente pedirle a este directorio del BCRP que cambie su posición con respecto a los afiliados a las AFP eso es otra cosa. Paciencia, ya vendrán otros en agosto.
Publicado en El Comercio, Enero 12, 2006
La primera pregunta que me han hecho es para que otra carta de intención. La respuesta es muy simple. El Perú ya está viviendo un verano caliente por la campaña electoral y la multitud de mensajes generadores de incertidumbre económica que requieren tomar precauciones. El Banco Central ha venido haciendo eso hace meses. En primer lugar ha acumulado una notable cantidad de reservas internacionales de modo que no exista un peligro de que el miedo se vuelva pánico y que el dólar se vaya por las nubes. En segundo lugar, firma esta carta que si bien es cierto le permite tener acceso a fondos si es que una crisis de dimensiones apareciera en medio del verano, también le permite dar una señal de estar ocupado no sólo preocupándose. En tercer lugar, y aunque medio tarde el BCRP finalmente ha hecho más caro especular con soles al subir la tasa de interés de la liquidez de corto plazo.
En este sentido, creo que es muy prudente que el Banco Central opte por comprar un salvavidas antes que algunos candidatos presidenciales sigan haciendo olas en un mar ya de por sí agitado. Lo curioso es que los compromisos que el Banco Central puede firmar con el FMI sólo pueden durar hasta el primer semestre del año. La razón de esto es otra vez muy simple. A partir del mes de agosto el Banco Central renovará por completo su directorio. Esto es complicado porque en realidad mucha de la incertidumbre generada por las declaraciones de algunos candidatos tienen como raíz la incertidumbre de saber qué gente pondrían ellos en el directorio del BCRP si Sarita Colonia les da la bendición de salir elegidos.
El que tal o cual candidato salga electo mete miedo a la gente porque algunos los ven como capaces de vulnerar derechos de propiedad básicos con respecto a los ahorros que tienen en los bancos. Otros tienen el temor que se adopten medidas radicales con el fin de ser muy llamativos en las elecciones.
Creo que es saludable que el gobierno señale las cosas urgentes para hacer en estos seis meses de modo que esta transición política no implique mayor alboroto económico. Sin embargo, lo cierto es que muchas de estas cosas debieron hacerse antes. Los principales compromisos que el gobierno está planteando son dotar de sanciones a la ley de responsabilidad y transparencia fiscal, continuar los esfuerzos de reducir la evasión tributaria, llevar la tecnología de ejecución presupuestal a las municipalidades, hacer público las obligaciones que implícitamente asume el Estado cada vez que se firma uno de estos acuerdos público-privado para desarrollar proyectos de inversión pública. Todo esto está muy bien, obviamente pedirle a este directorio del BCRP que cambie su posición con respecto a los afiliados a las AFP eso es otra cosa. Paciencia, ya vendrán otros en agosto.
Publicado en El Comercio, Enero 12, 2006
Thursday, January 05, 2006
Populismo a la chilena
Estuve leyendo estos días los planes de Bachelet y Piñera, quienes se disputarán en 10 días la presidencia en la segunda vuelta electoral chilena. Déjenme listar primero algunas de las promesas para los primeros tres meses de gobierno. La lista es: (1) Crear 100 mil puestos de trabajo en los primeros 120 días, (2) crear la jubilación para la ama de casa, (3) renegociar la deuda de las PYMEs, (4) garantizar la educación preescolar gratuita a todos los niños y niñas, (5) duplicar el número de deportistas y cuadruplicar el gasto en deporte. Me detengo aquí porque la generosa lista continua.
Dos comentarios obligados. El primero es que estos ofrecimientos que pueden sonar de izquierda son los del candidato de derecha, Sebastián Piñera. El segundo comentario es que las propuestas sin duda parecen populistas. Es más yo diría que varias de ellas son erradas haciendo el análisis económico de las mismas. Discutamos algunos de esos temas. El primero es la versión del millón de empleos en cinco años en su versión 120 días. Creo que no ha habido campaña política en el Perú que no empiece ofreciendo trabajo. ¡Y cuantas veces nos venden la idea que Chile es distinto al Perú! Lo cierto es que la tarea del gobierno no es crear empleo sino facilitar la creación del mismo.
Después se quiere revalorizar el trabajo de todas las amas de casa. ¡Pero quien va a estar en contra de esto! El problema es que se propone darle una pensión de jubilación a la ama de casa. Si en verdad sólo es ama de casa se supone que no genera ingresos. ¿Si una persona no genera ingresos como puede aportar para su jubilación mes a mes? Vista así la propuesta parecería que esto va a salir de la plata de cualquier bolsillo menos el de la familia de la ama de casa. Bueno, en realidad es casi así. Lo que se propone es que se abra una cuenta de afiliado independiente al sistema privado de pensiones pero con la diferencia fundamental que si el hogar no genera más de 500 dólares de ingresos mensuales entonces el Estado ayudará a pagar los aportes para constituir un fondo de jubilación. No estoy bromeando. El aporte mínimo es de 11 dólares al mes. No queda claro en el plan presentado que parte paga el ama de casa y que parte el Estado.
Por último está el tema de la deuda de las pequeñas empresas. No sé porque a los políticos les fascina impedir que las empresas que les va mal quiebren sean estas pequeñas o grandes. El mercado funciona así para justamente descartar aquellos proyectos empresariales que no tienen futuro. Si vamos a impedir la quiebra porque nos conmueve que sean empresas familiares o no sé que razón estamos rompiendo una regla básica del crecimiento sostenido. Estamos subsidiando con los impuestos de todos a algunos privilegiados a pesar de que no tiene sentido económico poner fondos a una manguera con agua.
En realidad Chile es un poco distinto al Perú. Al menos ellos en esta favorable coyuntura internacional de altos precios de nuestras exportaciones han logrado un superávit de 4 por ciento del PBI, es decir, 4 mil millones de dólares. Nosotros en cambio un déficit de 0.6 por ciento. Siempre es más fácil ser populista cuando se tiene recursos con que serlo. Hacerlo con la billetera vacía es pura demagogia.
Publicado en El Comercio, Enero 5, 2006
Dos comentarios obligados. El primero es que estos ofrecimientos que pueden sonar de izquierda son los del candidato de derecha, Sebastián Piñera. El segundo comentario es que las propuestas sin duda parecen populistas. Es más yo diría que varias de ellas son erradas haciendo el análisis económico de las mismas. Discutamos algunos de esos temas. El primero es la versión del millón de empleos en cinco años en su versión 120 días. Creo que no ha habido campaña política en el Perú que no empiece ofreciendo trabajo. ¡Y cuantas veces nos venden la idea que Chile es distinto al Perú! Lo cierto es que la tarea del gobierno no es crear empleo sino facilitar la creación del mismo.
Después se quiere revalorizar el trabajo de todas las amas de casa. ¡Pero quien va a estar en contra de esto! El problema es que se propone darle una pensión de jubilación a la ama de casa. Si en verdad sólo es ama de casa se supone que no genera ingresos. ¿Si una persona no genera ingresos como puede aportar para su jubilación mes a mes? Vista así la propuesta parecería que esto va a salir de la plata de cualquier bolsillo menos el de la familia de la ama de casa. Bueno, en realidad es casi así. Lo que se propone es que se abra una cuenta de afiliado independiente al sistema privado de pensiones pero con la diferencia fundamental que si el hogar no genera más de 500 dólares de ingresos mensuales entonces el Estado ayudará a pagar los aportes para constituir un fondo de jubilación. No estoy bromeando. El aporte mínimo es de 11 dólares al mes. No queda claro en el plan presentado que parte paga el ama de casa y que parte el Estado.
Por último está el tema de la deuda de las pequeñas empresas. No sé porque a los políticos les fascina impedir que las empresas que les va mal quiebren sean estas pequeñas o grandes. El mercado funciona así para justamente descartar aquellos proyectos empresariales que no tienen futuro. Si vamos a impedir la quiebra porque nos conmueve que sean empresas familiares o no sé que razón estamos rompiendo una regla básica del crecimiento sostenido. Estamos subsidiando con los impuestos de todos a algunos privilegiados a pesar de que no tiene sentido económico poner fondos a una manguera con agua.
En realidad Chile es un poco distinto al Perú. Al menos ellos en esta favorable coyuntura internacional de altos precios de nuestras exportaciones han logrado un superávit de 4 por ciento del PBI, es decir, 4 mil millones de dólares. Nosotros en cambio un déficit de 0.6 por ciento. Siempre es más fácil ser populista cuando se tiene recursos con que serlo. Hacerlo con la billetera vacía es pura demagogia.
Publicado en El Comercio, Enero 5, 2006
¿Qué debe esperar el afiliado al SPP para el 2006?
El 2005 ha sido un año de muchos cambios en el Sistema Privado de Pensiones (SPP). Por primera vez en la historia de nuestro SPP ingresó una nueva AFP. Hasta entonces sólo habíamos tenido fusiones o adquisiciones de AFP existentes. En segundo lugar, se inauguraron dos modificaciones que podrían traer más novedades de las que efectivamente generaron este año. Estos son: (i) los descuentos en comisiones a través de planes de permanencia y (ii) la creación de los multifondos. Estos cambios se vieron opacados por el gran alboroto tras el ingreso de Prima al mercado.
¿Qué es lo que ha cambiado desde el punto de vista del afiliado? Para empezar todos (sobre todo aquellos de más altos ingresos) habrán recibido el bombardeo constante en estos meses del ejército de nuevos promotores que se sumaron a la guerra de traspasos. De un poco más de 200 traspasos al mes pasamos a más de 40,000 traspasos luego que la SBS limpiara la cancha a fines del 2004 facilitando los traspasos entre AFP. La respuesta de las otras AFP fue variada pero yo diría que fue muy cauta. En lugar de seguir los pasos de Prima y reducir la comisión a todos, redujeron la comisión un poco y ofrecieron planes de permanencia (los cuales implican una menor comisión) que sólo buscar retener a aquellos con saldos importantes en sus cuentas individuales. ¿Tiene sentido esta estrategia? Sí, si uno supone que existe un número limitado de afiliados que se traspasarán a Prima por una menor comisión. Esto forzaría a Prima a buscar comprar una AFP existente para hacer rentable su operación. En resumen, si bien la comisión promedio se redujo 11 por ciento, no todos los afiliados verán este descuento.
Siempre he dicho que lo que le falta a las AFP peruanas es poder distinguirse entre sí. Hasta hoy la competencia se ha dado en base a cosas superfluas. Mientras una regala libros, la otra regala tortas de cumpleaños. Mientras una hace campaña de valores, la otra hace maratones. En este sentido la puesta en marcha de los multifondos es un buen paso. No obstante, el inicio de esta reforma al SPP fue completamente opacada por los fuegos de artificio del inicio de operaciones de Prima. Las otras AFP se dedicaron a responder a la nueva empresa concentrando su artillería en el tema de comisiones.
Los directores del BCRP no han entendido el rol de ampliar el límite de inversiones al exterior y de esta manera pondrán en riesgo el sistema de multifondos. Su argumento es que nadie se ha cambiado de fondo y por lo tanto no se necesita modificación alguna a los límites. En la práctica están haciendo más riesgoso el fondo mixto. ¿Pensarán lo mismo si la Bolsa empieza a naufragar junto con el temor del regreso de políticas que condenaron el país al fracaso en los setentas?
Por otro lado, para los dueños de las AFP el 2005 habrá sido un año complicado pero no tan malo. La entrada de Prima de alguna manera ha permitido remover -aunque sólo parcialmente- la imagen de grupo de empresas coludidas que gran parte de los congresistas tienen respecto a las AFP. Esto podría limitar el próximo año la cantidad de iniciativas realmente disparatadas que se han presentado para modificar las reglas del SPP. El precio de esta mejor imagen es que sus utilidades serán menores –pero venían de tan arriba que no se sentirá el golpe.
El pronóstico para el 2006 está lleno de incertidumbres. ¿Se han puesto a pensar los gerentes de las AFP que es lo que piensa el primer vicepresidente del etnocacerismo con respecto al SPP? Este exdirector del BCRP ha sido uno de los principales opositores a ampliar el límite al exterior con argumentos técnicamente errados. En años pasados se quejaron amargamente de que los congresistas no entendían el funcionamiento del SPP y por eso proponían proyectos de ley que en la práctica desbarataban el SPP. Lo más probable que el nuevo Congreso esté conformado por dos tercios de nuevos legisladores. Gente que nadie sabe que piensa con respecto al SPP. Es curioso que el tema de las pensiones fue un tema fundamental en la campaña presidencial chilena pero aquí no ha sido mencionado hasta ahora. ¿Alguien se atreverá a proponer alternativas razonables a los principales problemas latentes del SPP? Para empezar, sería interesante escuchar propuestas sobre cobertura, o sobre el pilar de ahorro voluntario.
Lo bueno es que el fondo alcanzará –si ninguna locura ocurre- los 12,000 millones de dólares el próximo año. Esa cifra cada vez más y más grande empieza a generar el efecto de que lo que tenemos entre manos es tan grande que más vale que no lo arriesguemos. Ojalá que este argumento pese en las mentes afiebradas de algunos miembros del nuevo Congreso.
Finalmente me gustaría hacer una reflexión para aquellos que les gusta proponer reformas al SPP. Uno de los principales puntos críticos del SPP es que la cobertura es muy baja. Es decir, hay un gran segmento de los trabajadores que no tendrá una jubilación el día que apague 65 velitas. En realidad, esa enorme masa de trabajadores tampoco tendrá derecho a una jubilación a los 65 años porque no tiene un empleo formal. Muchos piden al árbol del SPP frutos que nunca podrá ofrecer. No sé qué se gana criticando al SPP pidiéndole peras al olmo. El problema no es del olmo, el problema lo tiene el que pide peras adonde no corresponde. El problema de cobertura es un problema de informalidad. El día que alguien resuelva el problema de informalidad en los contratos de trabajo todos los trabajadores del Perú soplarán 65 velitas puestas sobre una torta enviada por su AFP, mientras tanto sigan soñando.
Publicado en Semana Económica, Diciembre 27, 2005
¿Qué es lo que ha cambiado desde el punto de vista del afiliado? Para empezar todos (sobre todo aquellos de más altos ingresos) habrán recibido el bombardeo constante en estos meses del ejército de nuevos promotores que se sumaron a la guerra de traspasos. De un poco más de 200 traspasos al mes pasamos a más de 40,000 traspasos luego que la SBS limpiara la cancha a fines del 2004 facilitando los traspasos entre AFP. La respuesta de las otras AFP fue variada pero yo diría que fue muy cauta. En lugar de seguir los pasos de Prima y reducir la comisión a todos, redujeron la comisión un poco y ofrecieron planes de permanencia (los cuales implican una menor comisión) que sólo buscar retener a aquellos con saldos importantes en sus cuentas individuales. ¿Tiene sentido esta estrategia? Sí, si uno supone que existe un número limitado de afiliados que se traspasarán a Prima por una menor comisión. Esto forzaría a Prima a buscar comprar una AFP existente para hacer rentable su operación. En resumen, si bien la comisión promedio se redujo 11 por ciento, no todos los afiliados verán este descuento.
Siempre he dicho que lo que le falta a las AFP peruanas es poder distinguirse entre sí. Hasta hoy la competencia se ha dado en base a cosas superfluas. Mientras una regala libros, la otra regala tortas de cumpleaños. Mientras una hace campaña de valores, la otra hace maratones. En este sentido la puesta en marcha de los multifondos es un buen paso. No obstante, el inicio de esta reforma al SPP fue completamente opacada por los fuegos de artificio del inicio de operaciones de Prima. Las otras AFP se dedicaron a responder a la nueva empresa concentrando su artillería en el tema de comisiones.
Los directores del BCRP no han entendido el rol de ampliar el límite de inversiones al exterior y de esta manera pondrán en riesgo el sistema de multifondos. Su argumento es que nadie se ha cambiado de fondo y por lo tanto no se necesita modificación alguna a los límites. En la práctica están haciendo más riesgoso el fondo mixto. ¿Pensarán lo mismo si la Bolsa empieza a naufragar junto con el temor del regreso de políticas que condenaron el país al fracaso en los setentas?
Por otro lado, para los dueños de las AFP el 2005 habrá sido un año complicado pero no tan malo. La entrada de Prima de alguna manera ha permitido remover -aunque sólo parcialmente- la imagen de grupo de empresas coludidas que gran parte de los congresistas tienen respecto a las AFP. Esto podría limitar el próximo año la cantidad de iniciativas realmente disparatadas que se han presentado para modificar las reglas del SPP. El precio de esta mejor imagen es que sus utilidades serán menores –pero venían de tan arriba que no se sentirá el golpe.
El pronóstico para el 2006 está lleno de incertidumbres. ¿Se han puesto a pensar los gerentes de las AFP que es lo que piensa el primer vicepresidente del etnocacerismo con respecto al SPP? Este exdirector del BCRP ha sido uno de los principales opositores a ampliar el límite al exterior con argumentos técnicamente errados. En años pasados se quejaron amargamente de que los congresistas no entendían el funcionamiento del SPP y por eso proponían proyectos de ley que en la práctica desbarataban el SPP. Lo más probable que el nuevo Congreso esté conformado por dos tercios de nuevos legisladores. Gente que nadie sabe que piensa con respecto al SPP. Es curioso que el tema de las pensiones fue un tema fundamental en la campaña presidencial chilena pero aquí no ha sido mencionado hasta ahora. ¿Alguien se atreverá a proponer alternativas razonables a los principales problemas latentes del SPP? Para empezar, sería interesante escuchar propuestas sobre cobertura, o sobre el pilar de ahorro voluntario.
Lo bueno es que el fondo alcanzará –si ninguna locura ocurre- los 12,000 millones de dólares el próximo año. Esa cifra cada vez más y más grande empieza a generar el efecto de que lo que tenemos entre manos es tan grande que más vale que no lo arriesguemos. Ojalá que este argumento pese en las mentes afiebradas de algunos miembros del nuevo Congreso.
Finalmente me gustaría hacer una reflexión para aquellos que les gusta proponer reformas al SPP. Uno de los principales puntos críticos del SPP es que la cobertura es muy baja. Es decir, hay un gran segmento de los trabajadores que no tendrá una jubilación el día que apague 65 velitas. En realidad, esa enorme masa de trabajadores tampoco tendrá derecho a una jubilación a los 65 años porque no tiene un empleo formal. Muchos piden al árbol del SPP frutos que nunca podrá ofrecer. No sé qué se gana criticando al SPP pidiéndole peras al olmo. El problema no es del olmo, el problema lo tiene el que pide peras adonde no corresponde. El problema de cobertura es un problema de informalidad. El día que alguien resuelva el problema de informalidad en los contratos de trabajo todos los trabajadores del Perú soplarán 65 velitas puestas sobre una torta enviada por su AFP, mientras tanto sigan soñando.
Publicado en Semana Económica, Diciembre 27, 2005
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